Tribuna

Iglesia llamada a Beber, a Ver y a Vivir… a re-nacer en Pascua

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Mientras avanzamos hacia la Pascua, fiesta de plenitud de la liberación nos hemos encontrado en este ciclo A, con los tres evangelios del re-nacer, los evangelios de los catecúmenos que aprendemos a ser cristianos (y a renovar nuestra fe) con estos tres iconos que me han ayudado, no solo en Cuaresma, sino en todo este Triduo. 



Aprendemos a beber de un agua que es manantial de vida; a pesar de los “nudos” de nuestra existencia, porque Jesús -que sale a nuestro encuentro- nos ofrece el agua viva.

Aprendemos a abrir los ojos (aunque sea sábado) porque Jesús nos toca con el barro (nueva creación) hecho con su propia saliva.

Y aprendemos a quitar las losas que certifican nuestras muertes en vida y a salir de ellas, porque a Jesús no le importa el mal olor de la corrupción de un cuerpo muerto hace cuatro días.

Son unos evangelios que pasados por el corazón dejan una huella de belleza y libertad tan grandes que nos fundan como cristianos.

Como todos somos destinatarios de la gracia de esta Palabra de vida, cada uno (cada persona, cada comunidad, cada diócesis, cada parroquia-unidad-arciprestazgo, cada congregación, cada cofradía, cada movimiento, cada delegación o servicio eclesial … deberá (deberemos) preguntarnos: “y a ti esto, ¿qué?”

La actualidad trastoca

Y cómo las cosas de la Palabra, aunque nos lleven a una trascendencia magnífica suelen tocar tierra de una manera muy concreta y encarnada, justo cuando estábamos en este proceso de gestación de nuevas criaturas que toda cuaresma significa, viene como un torpedo y nos cae una guerra (otra más), y pone todo “patas abajo”. Y viene de nuevo otra crisis mundial con el tema de los carburantes y de nuevo, más pobreza para los pobres y más riqueza para los enriquecidos. Y más refugiados. Y más muerte, más miedo, más “mierda”.

Escena de la Pasión Viviente de Castro Urdiales

Escena de la Pasión Viviente de Castro Urdiales

Y para colmo, como en un “más difícil todavía”, un equipo de periodistas de cinco prestigiosos medios de varios países (Alemania, Colombia, Portugal, Estados Unidos y España) publican un aterrador informe en el que ponen al descubierto que la madre iglesia (la misma que custodia y nos engendra a la fe en esta gestación que es la Pascua, la esposa de Jesucristo) ha guardado en sus archivos informes que evidencian acciones pederastas de muchos sacerdotes de diversas latitudes y de diferentes épocas. ¿No es de película de terror? Cuánta más sublime es la enseñanza de la Palabra que la Iglesia custodia y transmite, más zafias y duras se presentan este tipo de noticias, que sencillamente son desgarradoras.

Autocrítica eclesial

Vayamos por partes.

1.- ¿No habíamos quedado que desde que Benedicto y Francisco asumieron este asunto, comenzaba un nuevo tiempo de trasparencia, de cero encubrimiento y de ninguna tolerancia con lo que signifique seguir guardando este tipo de crímenes en nuestros archivos? Así lo hemos leído (y nos lo hemos creído) en la abundante fuente de documentos que que la iglesia ha ofrecido para frenar en seco esta lacra. Entonces, ¿qué sentido tiene seguir tapando y seguir encubriendo? Para eso, lo digo en serio, mejor no haber dicho nada.

Yo me creí de verdad que comenzaba un tiempo de trasparencia, de poner la verdad ante los ojos de la vergüenza para que la ventile la misericordia. ¡Qué ingenuo soy!

2.- Luis Alfonso Zamorano, sacerdote misionero actualmente trabajando en parroquias rurales de su Palencia natal, en su comentario dominical a las lecturas en clave “safeguarding” (en clave de cuidar y salvaguardar a las víctimas de abusos), comentaba el texto de la resurrección de Lázaro poniendo el acento en el dolor de Jesús. Una lectura facilona nos puede hacer pensar que las lágrimas de Jesús fueron derramadas por el dolor que le supuso la muerte del amigo. Pero una lectura más sutil y más exegética, analizando los verbos utilizados por el evangelista, nos avisa de que las lágrimas de Jesús, que le llevan a conmoverse y a estremecerse tienen más que ver con la falta de fe y la dureza del corazón de aquellos que no creen, los mismos que desprecian a la samaritana y que “escrutan” con tanto rigor al ciego de nacimiento. Esos, los fariseos, duros de corazón y severos con el vulnerable, esos que no se abren a la nueva vida que Dios viene a ofrecernos a todos, empezando por los más débiles: esos son los que estremecen a Jesús y le hacen llorar.

Escena de la Pasión Viviente de Castro Urdiales

Escena de la Pasión Viviente de Castro Urdiales

¿Será estrangular mucho el texto, pensar que Jesús también llora por la corrupción de su Iglesia?… ¿será oportunista pensar que quien avisa a Jesús de qué su amigo está enfermo, se está refiriendo a la enfermedad de su Iglesia? ¿Resistiría a una hermenéutica correcta pensar que cuando Jesús pide “quitar la losa”, aunque huela a corrupción, está sugiriendo que abramos de una puta (maldita) vez todos los archivos secretos que esconden horror, blasfemias, infamias…?

3.- Por favor, papá León XIV, manda con tu poder entendido como servicio, abrir todos los archivos de la vergüenza. Que no quede ni uno bajo la llave del encubrimiento, en ninguna diócesis o congregación del mundo, y esos si, empezando por los del Vaticano, que deben ser los primeros en dar ejemplo y testimonio de que son “luz para el mundo”, no “oscuridad para Satanás”.

Escena de la Pasión Viviente de Castro Urdiales

Escena de la Pasión Viviente de Castro Urdiales

Y para terminar, creo que muchos esperamos alguna declaración pública de la jerarquía… Yo espero una palabra de la Conferencia Episcopal Española. Para otras cosas, y a estas alturas, ya hubieran salido en tromba en todas las emisoras y en todos los medios. Pero a estas alturas aún no les debe haber “llegado la hora”. Perdóneseme la ironía.

*Policarpo Díaz Díaz es sacerdote diocesano de Salamanca en León