Jorge Oesterheld: a 50 años de aquella ordenación sacerdotal

Ejerció distintas funciones que la Iglesia le pidió; allí donde estuvo dejó huella por su calidez, buen humor y cercanía

Jorge Oesterheld: a 50 años de aquella ordenación sacerdotal

Jorge Oesterheld. Sacerdote, predicador y comunicador. Rumiador de la fe y del misterio. Cercano, amigo, compinche y conciliador. Escritor y narrador de historias de humanismo y espiritualidad. Convencido del valor del diálogo, del intercambio, de las nuevas oportunidades. Amante de la lectura, de las nuevas tecnologías y los recursos para llegar a todos, sin distinción.



Trabaja pastoralmente en la diócesis de Morón, y es uno de los sacerdotes de la Argentina que más ha hecho por la Iglesia y la comunicación. Fue testigo y protagonista de muchos eventos eclesiales al lado del papa Francisco y de los obispos argentinos. Hoy continúa asesorando y siendo requerido en el mundo de los medios.

Con la finalidad de reconocer y celebrar este camino, Vida Nueva le propuso analizar estas consignas, a la luz de su historia sacerdotal. En primera persona, como si estuviera mirándose en un espejo, el padre Jorge compartió su mirada después de 50 años de recorrido.

Despertar vocacional

La vocación no apareció repentinamente, no fue como esa voz que escuchó Pablo camino a Damasco, fue más bien como esa semilla de la que habla el evangelio cuando Jesús dice que el Reino “es como un hombre que echa la semilla en la tierra: sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo” (Mc 4,26). La vocación fue creciendo de noche y de día (sin que yo sepa cómo).

Decisiones importantes sobre el ministerio

Todos los días hay decisiones importantes, no hay manera de ser cristiano y a la vez tener una vida superficial o intrascendente. Esa es una de las maravillas que se nos regala con la fe: todo lo que hacemos está lleno de vida y significado. Solo conviven la fe y la superficialidad cuando la fe es algo intelectual o un conjunto de ritos separados de la vida concreta. Para mí ser cristiano y sacerdote es abrazar una manera de vivir en la que todo lo que uno hace, o vive, importa y sorprende.

Fortalezas / Apoyos / Logros

Ahora que soy viejo lo puedo decir, en otro tiempo no me hubiera atrevido, pero ahora lo digo sinceramente y sin vueltas: creo que mi única fortaleza ha sido la aceptación de mi debilidad. Si la experiencia espiritual, y en especial  la experiencia de un sacerdote, no brota de la debilidad, la semilla del Reino no puede crecer.

Y lo más sorprendente es que a medida que crece la semilla aumenta la debilidad, porque aceptar nuestra fragilidad no es una estrategia para superarla, sino una manera de convivir con ella y descubrir toda su fuerza y hasta su belleza.

Mejores momentos

Los mejores momentos son los que se relacionan con esas oportunidades en las que uno, gracias a alguna palabra o algún gesto, se siente un instrumento que le permitió a alguien descubrir que Dios lo ama. Sin duda alguna esa es la mayor alegría que puedo experimentar como sacerdote y como persona.

50 Anos De Ordenacion Sacerdotal

También son importantes los momentos que se encuentran relacionados con la Eucaristía, que suele ser un  tiempo privilegiado para compartir alegrías o tristezas con las personas más cercanas. Además, la eucaristía es también un momento para sentirse cerca de quienes están muy lejos, lejos físicamente o en la manera de pensar o ver la vida. Cada celebración eucarística nos recuerda el amor que Dios nos tiene y de esa manera nos acerca a quienes a veces nos empeñamos en estar lejos unos de otros.

Debilidades / Fracasos / Miedos

No siempre es lo mismo la vida religiosa que la vida espiritual. Un dicho muy conocido dice que «la religión es vivida por personas que tienen miedo al infierno y la espiritualidad es vivida por personas que han pasado por el infierno». En esa frase se relaciona “la religión” con el mero cumplimiento de normas o mandatos para alcanzar el premio de “la vida eterna”, lamentablemente para muchas personas bienintencionadas a eso se ha reducido la experiencia religiosa.

Cuando después se habla de “la espiritualidad” se la relaciona con la experiencia de vivir la fe sin miedos,  buscando la voluntad de Dios, no la propia; con la confianza puesta en nuestro Padre y no en nosotros mismos. La experiencia espiritual me ha permitido atravesar los miedos y fracasos. Claro que he sentido y siento miedos, pero sé que son lo contrario de la fe y procuro mantenerlos siempre lejos. Aunque a veces veo a colegas bastante temerosos, yo, sinceramente, no puedo imaginar el sacerdocio y el miedo caminando juntos como si fuera normal creer y temer al mismo tiempo.

Peores momentos

Hay malos momentos que vienen “de afuera”, guerras, enfermedades, injusticias de todo tipo, pero en lo personal los peores momentos son aquellos en los que los temores o, peor aún, las culpas, parecen ir ganando la batalla. Son esos momentos en los que quedamos atrapados por aquello que Thomas Merton llama “el falso yo”, ese “yo” atrapado por los mandatos o las ideologías pero incapaz de amar y compartir. Ese “yo” de los fariseos y los sumos sacerdotes con los que se enfrenta Jesús en los Evangelios. En la vida de un sacerdote ese es el mayor peligro, y siempre está cerca.

Agradecimientos

Quizás el haber estado cerca de la muerte me permite vivir con tanta gratitud todo lo que vivo, también lo que es difícil y doloroso. Esta vida que ahora vivimos es ya el comienzo de la vida que no termina. Dios nos la ha regalado para siempre. Aunque suene a frase hecha: la vida es vivir agradeciendo la vida.

El Jorge de hoy al de hoy

Hoy por hoy lo que más me sorprende es que la semilla de mi vocación haya crecido tanto ¡y siga siendo una semilla! (sin que yo sepa cómo).

Futuro

Amén.

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