La Santa Sede ha activado el plan de reparación integral para las víctimas del Sodalicio de Vida Cristiana, el movimiento eclesial creado por el peruano Luis Fernando Figari en 1971 con presencia en 25 países a través de sus diferentes ramas consagradas y laicales, masculinas y femeninas. Fue el 14 de abril de 2025, cuando ponía oficialmente fin a su existencia por decisión de Francisco, después de constatar que se trataba de una estructura generalizada de abuso de poder, de conciencia y sexual impuesta a sus miembros con métodos sectarios, junto a un entramado de corruptelas económicas. Pero, sobre todo, al ratificar que no había un carisma de origen divino en esta plataforma.
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A través de un comunicado firmado por el sacerdote español Jordi Bertomeu, comisario apostólico nombrado por el Papa fallecido y ratificado por León XIV, se hace un llamamiento a los supervivientes de este grupo para que se pongan en contacto con un “canal de primera escucha” entre el 4 y el 22 de mayo de este año en la Nunciatura del Perú. En el escrito se aclara que no se aceptarán denuncias anónimas, en nombre de terceros o de fallecidos.
Amplio abanico de denuncias
El objetivo sería analizar caso a caso de todas las personas que “se consideren víctimas no debidamente resarcidas”, no solo por haber sufrido agresiones físicas y sexuales. Esta ‘ventanilla’ también recibirá quienes han sido vejadas “mediante la instrumentalización, en el fuero externo, de la información obtenida en el ámbito de la dirección espiritual” o para quienes hayan padecido “prácticas de carácter sectario orientadas a quebrantar la voluntad de los subordinados”. De la misma manera, se atenderá a quienes han padecido “conductas de acoso en el entorno laboral, encubrimiento de ilícitos institucionales y acceso indebido a comunicaciones”. También se buscará resarcir a los que también se han visto perjudicados por “malos manejos de naturaleza económica”.
Pero, ¿cómo hará frente la Iglesia para “resarcir equitativamente” a las víctimas, tal y como subraya el escrito? El documento firmado por el oficial del Dicasterio para la Doctrina de la Fe explica que las indemnizaciones saldrán de los bienes inmuebles y los ingresos que tenía el Sodalicio. Tras la recepción de las denuncias y el análisis del caso, el comisario advierte que el periodo de respuesta “podía no ser inferir a tres meses”.
Caso por caso
En el escrito también se invita a los sacerdotes incardinados en el Sodalicio y a los obispos que quieran acogerlos en su diócesis que se pongan en contacto con el comisario para “estudiar caso por caso las posibles diligencias a seguir”. “Si en algún caso se ha procedido a dicha incardinación sin contar con la previa autorización de la Santa Sede, el Obispo interesado se servirá contactar al Comisario Apostólico, por los medios antes señalados, para determinar el modo de proceder”, se apostilla justo después.
Además de entonar un nuevo ‘mea culpa’ eclesial por las atrocidades cometidas en el Sodalicio y mostrar su “plena solidaridad” con las víctimas, Bertomeu alerta sobre quienes “pretendan interferir” en este proceso de reparación, como ya ha sucedido en toda la fase anterior de investigación y disolución del grupo.
Bermúdez al ataque
Su advertencia no era baladí, puesto que, poco después de darse a conocer este comunicado el 1 de abril de 2026, a través de sus redes sociales se manifestó Alejandro Bermúdez, el periodista expulsado del Sodalicio que llegó a ser director de ACIPrensa, dentro del emporio EWTN.
“Las vas a pagar”, expresaba en comunicador en tono amenazante al presbítero Jordi Bertomeu: “Enjuíciame aquí, en los Estados Unidos, donde resido, y donde tú afirmabas tener tantas influencias ante el poder judicial que ibas a conseguir los míticos mil millones de dólares”. Es más, incluso tacha al sacerdote de “corrupto e inmoral” y le acusa de actuar con una “mafia”: “Cualquier intento -como los que ya has protagonizado- de meterte dinero en el bolsillo, lo voy a denunciar”.
Además profetiza que el objetivo de Bertomeu es que “ningún sacerdote sodálite pueda ser recibido en una diócesis”. “Conozco de primera mano cómo este cobarde catalán ha estado personalmente presionando a obispos para que nieguen la incardinación a sacerdotes sodálites excelentes”, llega a asegurar. Desde ahí, invita a los pastores a que “se suenen las narices con el documento antes de tirarlo a la basura”.
