“Como franciscanos tenemos el reto de proponer la actualidad de san Francisco”

El conventual Juan Luis Cormenzana ha formado parte en Asís del equipo de acogida de los casi 400.000 peregrinos que han acudido a la ostensión de las reliquias del santo

“Como franciscanos tenemos el reto de proponer la actualidad de san Francisco”

Desde el 22 de febrero hasta el 22 de marzo, los peregrinos de todo el mundo que han acudida a Asís han podido venerar las reliquias de san Francisco en la cripta de la basílica que lleva el nombre del santo. Esta ostensión extraordinaria ha querido conmemorar los 800 años del santo de los pobres. La ostensión ha estado acompañada de diversas iniciativas pastorales y culturales, y se ha reforzado la presencia digital a través del portal sanfrancescovive.org. El franciscano conventual español Juan Luis Cormenzana Carpio ha reforzado en este tiempo las labores de acogida en el Sagrado Convento y comparte con ‘Vida Nueva’ lo experiementado en este tiempo.



800 años

PREGUNTA- ¿Qué ha supuesto esta ostensión de los restos de San Francisco de Asís?

RESPUESTA- La ostensión del cuerpo de san Francisco ha sido el broche a los centenarios franciscanos que hemos vivido los últimos años: el recuerdo de la Encarnación en Greccio en 1223, la impresión de los estigmas en el monte Alverna el 1224, la composición del Cántico de las Criaturas en san Damián en 1225 y, por último, su muerte en 1226 en Asís. La ostensión de su cuerpo y la veneración de sus reliquias nos habla de la experiencia pascual de san Francisco, de su tránsito de este mundo al Padre y de la fecundidad de un hombre que, enamorado perdidamente del Señor, se identificó totalmente con Él en su vida y en su muerte. Ochocientos años después no peregrinamos a Asís para hacer arqueología ni para venerar los huesos de un muerto sino para encontrarnos con san Francisco que vive. Así nos lo recuerda el imponente fresco de Giotto que los peregrinos contemplan después de venerar sus reliquias: san Francisco glorioso en el cielo. Al contemplar este fresco, elegida como imagen de la ostensión, el peregrino comprende de manera visual que su meta es el cielo y que no hay otro camino que, como nos ha enseñado san Francisco, perder la vida por el Evangelio.

P.- ¿Qué peregrinos han pasado por la Basílica en estas semanas?

R.- Durante este mes han pasado por la Basílica Inferior casi 400.000 peregrinos, italianos en su inmensa mayoría. No podemos olvidar que, además de ser el hermano universal, San Francisco es patrón de Italia y la ostensión de su cuerpo ha sido noticia de portada en los principales medios de comunicación italianos. Esto explicaría el gran número de peregrinos venidos de toda Italia para venerar su cuerpo.

Mi pena es que son muy pocos los peregrinos de lengua española que han pasado estos días por Asís. De hecho, en las visitas en lengua española me encontraba con que la mayoría eran peregrinos italianos que se habían quedado sin plaza en su lengua nativa. Es verdad que Asís está lejos de España pero me llama la atención la escasa repercusión que está teniendo en España el Año Jubilar Franciscano así como la ostensión de su cuerpo. Y no sólo en medios de información general sino también en medios de comunicación religiosa. Como franciscanos tenemos el reto de proponer la actualidad y el mensaje de san Francisco como icono de seguimiento radical de Jesús.

Nuevos frutos

P.- ¿Cuál ha sido la misión de los frailes en esta ostensión?

R.- La misión fundamental de los frailes ha sido hacer visible el carisma: ochocientos años después, san Francisco vive en sus hermanos. Esta misión se ha hecho concreta en la acogida a los peregrinos, en la catequesis previa a la veneración a las reliquias y en la atención espiritual mediante las confesiones y la escucha personal. Durante la peregrinación por la Basílica, los hermanos han presentado la vida de san Francisco como el grano de trigo que cae en tierra y que, ochocientos años después, sigue dando fruto. Por este motivo, al acabar la veneración, y como recuerdo de la visita, se entregaba a los peregrinos una maceta son semillas para que pudieran sembrarlas al volver a casa y recordar, de esta manera, que también nosotros estamos llamados a entregar la vida.

P.- Para un franciscano, ¿qué ha supuesto esta experiencia?

R.- Personalmente, orar ante la tumba de san Francisco es siempre el mejor momento de toda peregrinación a Asís. Estos días, tener la posibilidad de orar delante de su cuerpo ha sido un regalo que nunca podré olvidar.

Hablamos mucho de la pobreza de san Francisco pero contemplar su cuerpo desgastado por el paso de los años ha sido la mejor catequesis sobre la pobreza franciscana. San Francisco, ¡pobre hasta en sus huesos pero tan rico de Dios! Orando ante su cuerpo se me han grabado a fuego sus palabras: ‘el hombre es lo que es ante Dios y nada más’. Como san Francisco, dejemos de perder el tiempo en lo que no alimenta y centrémonos en lo que de verdad da vida.

En segundo lugar, he vivido una experiencia profunda de fraternidad: emociona sentir la fuerza de cien frailes de todo el mundo rezando juntos ante nuestro Padre Francisco. En un mundo enfermo de fraternidad tenemos un precioso legado que conservar y que proponer. La fraternidad no vive de rentas ni podemos darla por descontada. Demasiadas veces se nos olvida que la fraternidad, junto con la oración es ya misión. Sólo si superamos inercias, cálculos y eficacias podremos ser un testimonio luminoso de fraternidad.

Por último, la devoción con que los fieles han venerado el cuerpo de san Francisco me reclama la fidelidad al carisma que exige la conversión personal y comunitaria. El carisma de san Francisco solo podrá vivir en sus hermanos si abandonamos la mediocridad, la comodidad y volvemos a la radicalidad del Evangelio. Radicalidad que no es hacer cosas raras sino volver al amor primero: sólo si volvemos a enamorarnos de Jesucristo podremos transmitir el carisma que hace ochocientos años nos regaló nuestro Padre Francisco.

 

Basilica De Asis

Terapia eficaz

P.- ¿Qué supone la vuelta para el peregrino tras haber estado en Asís en este año tan especial?

R.- Sin ninguna duda supone un aliento de esperanza. Vivimos en un mundo complejo y los peregrinos vienen cansados, desanimados y, muchas veces, heridos. Venerar el cuerpo de san Francisco, lejos de toda magia y superstición, significa confiarle nuestras luchas, fracasos y desánimos. Pero no sólo. San Francisco nos revela la esperanza de que los que se encuentran con Jesús son liberados de la tristeza, del vacío interior y del aislamiento. Su testimonio de vida nos revela que es posible vivir el Evangelio. Y como dijo el cardenal Parolin en su última visita a Asís, san Francisco es “terapia eficaz” para un mundo dominado por la ansiedad y el consumismo.

P.- 800 años después, ¿cuál sigue siendo el mensaje tan actual del ‘Poverello’?

R.- En mi opinión, la actualidad del mensaje de Francisco es que Dios existe, y que lejos de abandonarnos tiene una palabra de gracia para cada uno de nosotros: ¡Dios tiene misericordia de nosotros! En un mundo sin Dios, san Francisco nos enseña a recuperar la paternidad de Dios como categoría central de nuestra fe. Por eso al desnudarse ante sus conciudadanos exclamó: ‘ya no diré padre mío, Pedro Bernardone, sino Padre Nuestro que estás en los cielos’. No es poco que Dios exista, pero que sea padre es algo inesperado y sorprendente a lo que, desgraciadamente, nos hemos acostumbrado. Y es en este Padre amoroso en el que san Francisco pone toda su confianza.

De la paternidad amorosa de Dios, y no de un acuerdo civil, surge la fraternidad humana como espacio de aprecio, respeto y valoración del hermano. En un mundo donde prima el individualismo y egoísmo, qué bueno recuperar la mirada benévola sobre los demás, no como extensión personal o satisfacción de mis necesidades sino como regalo del Señor. Esta es la experiencia de san Francisco: ‘el Señor me dio hermanos’.

Y sólo desde esta fraternidad es posible ser constructores de paz. Sin un fundamento trascendente, la satisfacción de los propios intereses hará que nuestro corazón y nuestro mundo siempre esté en guerra. Dicho de otra manera, sólo desde Dios es posible predicar al mundo la paz y el bien.

Inspección de los restos mortales de san Francisco de Asís por el profesor Nicolò Miani

Inspección de los restos mortales de san Francisco de Asís por el profesor Nicolò Miani

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