Pliego
Portadilla del Pliego, nº 3.451
Nº 3.451

Hospitalidad en tiempos de hostilidad

Para adentrarse en el camino que aquí proponemos, os invito a un recorrido que nace en vuestra plaza más cercana, y busca construir juntos un hogar compartido. Lo iniciaremos transitando por un tiempo atravesado por el temor y la herida. Una herida que habla de datos, mitos, pactos y desaparecidos, y con la que reimaginamos una Europa desde la fortaleza a la comunidad.



Desde esa herida, nos dejaremos interpelar por el rostro del otro como lugar teológico, redescubriendo en la Biblia la historia de un Dios que se pone en camino y que nos llama a construir un “nosotros” cada vez más amplio.

Esta travesía nos conducirá a soñar una hospitalidad que trascienda el gesto puntual para convertirse en cultura. Para que la esperanza cobre vida y deje de ser una idea abstracta, nos asomaremos a “relatos que transforman”.

Abrazo en la frontera de Ceuta y Marruecos

Una trabajadora de la Cruz Roja y un migrante que ha logrado cruzar uno de los espigones fronterizos de Ceuta se abrazan. EFE/Reduan

Finalmente, trazaremos pasos concretos –ver, discernir, actuar, incidir y orar– que nos mueven hacia una espiritualidad de la puerta abierta, culminando el viaje con el aroma de esperanza del Café ‘Bolboreta Azul’ y una bendición final que nos envía a ser el abrazo de acogida que nuestro mundo tanto anhela.

Transformaciones profundas y globales

Vivimos una época de transformaciones profundas en la que el cambio climático, los conflictos geopolíticos, la desigualdad económica y la transición tecnológica generan nuevos flujos migratorios. Europa se enfrenta a una tensión fundamental: necesita población migrante para sostener su demografía envejecida y su demanda laboral, pero implementa políticas cada vez más restrictivas basadas en percepciones distorsionadas sobre la migración.

Cinco grandes tendencias globales reconfiguran la movilidad humana: la transformación digital acelera cambios laborales y vulnerabilidades; el cambio climático genera desplazamientos ambientales; el envejecimiento demográfico europeo demanda mano de obra joven; el contexto geopolítico multipolar debilita respuestas coordinadas; y la desigualdad creciente actúa como motor migratorio permanente.

A la defensiva

En los últimos años, Europa se ha ido acostumbrando a mirar el mundo desde la defensiva. Las palabras que más se repiten son crisis, inseguridad, pérdida, invasión. A menudo, las personas migrantes y refugiadas se convierten en una pantalla donde proyectamos nuestros temores más profundos: al futuro incierto, al cambio cultural, a la fragilidad de nuestro modelo de bienestar. No es extraño que, cuando encendemos la televisión o abrimos una red social, aparezcan imágenes de barcos sobrecargados, vallas coronadas de concertinas o titulares que hablan de “oleadas” y “amenazas”.

ILP Migrantes

Pero la frontera más peligrosa no es la que aparece en los mapas, sino la que se dibuja en nuestra mirada. Sin casi darnos cuenta, pasamos de hablar de “personas” a hablar de “flujos”; de hermanos con nombre y una historia, a números que hay que gestionar. Es ahí donde el miedo se vuelve estructura, discurso, incluso programa político. Y, si no estamos atentos, también puede infiltrarse en nuestras comunidades cristianas: en la forma de recibir a quien llega a la parroquia, en los comentarios al terminar la misa, en las decisiones sobre a quién dedicamos tiempo y recursos.

Heridas visibles y silenciosas

Las decisiones que tomamos frente a la movilidad humana dejan huellas muy concretas. Hay heridas visibles: naufragios en el Mediterráneo, familias separadas, jóvenes atrapados en centros de internamiento o en barrios donde casi no se ve otra salida que la economía informal. Son historias que, a veces, aparecen fugazmente en las noticias, pero que rara vez se dejan escuchar en toda su densidad.

Junto a esas heridas visibles, hay otras más silenciosas que afectan a nuestras propias sociedades. Cada vez que levantamos un muro para protegernos, algo se empobrece dentro de nosotros. La indiferencia se puede convertir en hábito, la desconfianza en modo de vida, el cinismo en forma de mirar el mundo. Cuando aceptamos que es normal que unas vidas valgan menos que otras, también nuestra fe se resiente. Corremos el riesgo de acostumbrarnos a convivir con el sufrimiento ajeno sin que nos duela, sin que toque nuestra oración, sin que aparezca en nuestros exámenes de conciencia.

Poner nombre a los miedos

La espiritualidad ignaciana nos invita a no negar ni maquillar los miedos, sino a ponerles nombre y presentarlos ante el Señor. Como comunidades, necesitamos espacios serenos para preguntarnos: ¿qué es lo que de verdad tememos cuando hablamos de migraciones? ¿Perder identidad, trabajo, seguridad, comodidad? ¿Seremos capaces de sostener un proyecto de vida más abierto y más fraterno?

Migrantes Plaza De San Pedro

Nombrar los miedos no es justificarlos, pero sí es una condición para más tarde discernir. Si no los reconocemos, acaban gobernando nuestras decisiones desde la sombra. Cuando nos atrevemos a hablar de ellos con sinceridad, se abre la posibilidad de escuchar también otras voces: la del Evangelio, la de las personas migrantes concretas que viven cerca de nosotros, la de tantos creyentes y comunidades que ya están ensayando y viviendo modos nuevos de hospitalidad. Ahí comienza a cambiar el “clima interior” y, con él, pueden empezar a transformarse nuestras vidas. (…)

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Índice del Pliego

1. Contexto de transformación global

2. Un tiempo atravesado por el miedo

  • Europa a la defensiva
  • Heridas visibles e invisibles
  • Nombrar los miedos, abrir espacio al discernimiento

3. Los datos nos hablan

  • Desmontando mitos
  • Aportaciones positivas

4. La Europa fortaleza y sus consecuencias

  • El Mediterráneo: de frontera a cementerio
  • El Pacto Europeo de Migración y Asilo: análisis crítico
  • Previsiones a corto plazo

5. Reimaginar Europa: de fortaleza a comunidad

6. El rostro del otro como lugar teológico

  • La Biblia, un libro en camino
  • Un “nosotros” más amplio
  • Buscar y hallar a Dios en quienes llegan

7. Hospitalidad: de la asistencia a la cultura

  • Más allá del gesto puntual
  • Rasgos de una cultura de la hospitalidad
  • La hospitalidad como opción pastoral

8. Relatos que transforman

  • Una familia que aprende a compartir la mesa
  • Una comunidad religiosa que abre su casa
  • Una parroquia que se deja interpelar
  • Un proyecto que teje vínculos

9. Pasos para comunidades de hospitalidad

  • Ver: dejarse afectar
  • Discernir: ¿qué nos pide el Señor?
  • Actuar: pequeños pasos que hacen la diferencia
  • Incidir: del gesto personal a la voz pública
  • Orar: una espiritualidad de la puerta abierta

10. Café ‘Bolboreta Azul’

11. Una bendición final

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