“Quien no es capaz de desprenderse de un tesoro en un momento de necesidad es como un esclavo encadenado” (Tolkien, J. R. R., 2017, pág. 215)
- WHATSAPP: Sigue nuestro canal para recibir gratis la mejor información
- Regístrate en el boletín gratuito y recibe un avance de los contenidos
1. En la vida cotidiana
Nuestra vida está casi, se podría decir, predestinada a decidir. ¡Paradojal! Exceptuando la decisión de nacer, casi todo en la vida, especialmente desde que comenzamos a convivir tiene como esa configuración: decidir. Desde aquello que nos hacen probar desde bebés y que aceptamos o rechazamos con nuestros gestos, hasta lo más reciente que hemos realizado, tiene como principio la libertad. ¡Somos libres!, tanto que hasta podemos negar la decisión tomada y hasta elaborarnos argumentaciones para decir lo contrario.
Lamentablemente, hay quienes deciden hacer cosas que atañen a nuestra vida o a la de los demás, y que nos dejarían sin opciones. Como ejemplo de eso son los fascistas actuales del mundo que deciden bombardear territorios, ciudades, países, etc., con la excusa de prevenir un mal. Y lo hacen en nombre de una supuesta instauración de libertad. O de aquellos genocidas que aniquilan personas como está haciendo el gobierno elegido del estado creado en 1948. Pero incluso en esas situaciones, los que no las sufrimos tenemos la posibilidad de decir, hacer algo en contra de esos delitos de lesa humanidad… o quedarnos en silencio cómplice o pietista pidiendo a Dios que intervenga pero nosotros no decimos ni una sola vocal contra los atentados (vengan de donde vengan).
Hacer o no hacer, decir o no decir, ser o no ser, etc., son decisiones existenciales que superan el mero “cumplir”.
2. En la fe cristiana
En el IV domingo hacia la Pascua podemos encontrar esa experiencia que hemos hecho referencia. En la primera lectura (Eclo. 15, 15 – 20) hay una frase que resuena: “extiende tu mano a lo que quieras”. En el salmo se valoriza a aquella persona que discierne la propuesta de Dios y la busca realizar. Y en la perícopa del Evangelio según Mateo (5, 17 – 37) podríamos contemplar la propuesta de la libertad vivida desde el Reino de Dios.
Por lo general, entendemos libertad como aquella capacidad de decidir. En el texto mateano, la decisión no estaría entre algo bueno y algo malo, sino en la capacidad de realizar algo superador. La ley puede ser buena, pero la caridad la supera en plenitud. El cumplimiento puede ser loable, pero el amor amplía los horizontes existenciales. Todos los ejemplos que se mencionan son buenos, pero hay algo que los supera: la capacidad de ser libres amando. Por tal motivo, recordamos que:
“La libertad es, fundamentalmente, la capacidad de hacerse a sí mismo y de construir su propio camino, la vocación de decidir su propio destino y vivir su vida desde dentro de sí mismo (…) Toda nuestra vida es una vocación a la libertad. Dios nos llama a ser libres (…) Si las grandes obligaciones de la vida cristiana son impuestas de una manera opresora y no son suscitadas en un clima de amor y libertad, no son auténticas y no cuadran en el marco del Evangelio” (De Vos, Frans, 2019, pág. 87)
La fe cristiana se caracteriza por ser libre, porque sin ella la adhesión se transforma en un adoctrinamiento y ritualismo vacío, en un proceso de esterilidad pastoral (CELAM – DA, 2007)(#278), en una religión, en una ideología, en una opción política partidaria cuasi fascista que solo obedece a quien ostenta un cierto poder, etc.
- a. Recomenzar desde Jesús, prototipo de libertad
La libertad del Mesías nacido en Palestina, es escandalosa y conflictiva (1ª Cor. 1, 18 – 25). Frente a él y la propuesta que realiza, no se puede quedar indiferente, porque optar por Él, es vivir según las Bienaventuranzas (Mt. 5, 3 – 12). En su vida pública el Nazareno es libre ante todo y no tiene miedo, con una parresia sin parangón. No se siente encadenado a nada ni a nadie, no permite que ese entorno que esclaviza le impida realizar su misión, no teme al qué dirán (borracho, glotón, se junta con pecadores, es un exaltado, Mt. 11,19; Mc. 3, 21). Por su apellido toponímico es considerado como alguien de quien no se puede esperar nada bueno y hasta se burlan de él al crucificarlo (Jn. 19, 19).
Es libre ante los supuestos jerarcas de las instituciones que ostentan el poder, no como servicio, sino como dominación y para tener alrededor de ellos a los “bufones” que los elogian y no cuestionan nada de sus acciones.
Es libre con la Palabra de Dios, porque no la encierra a un ghetto que la interpreta, sino que la hace palpable ante todos y para que cada uno, desde su propia vida, pueda brindar alguna respuesta a la iniciativa divina.
Es libre porque elige, convoca y envía a los que Él quiso (Mc. 3, 13), y que tampoco son bien vistos: pescadores (Mt. 4, 18 – 22), publicano (Mt. 10, 3), y el mismo que lo entregó (Mc. 3, 19). Lo más asombroso, es que esas acciones: elegir – convocar – enviar, son realizadas sólo por Dios.
Es libre que escandaliza, a aquellos que quieren que la Trinidad obre según sus normas o cánones, pero él hace algo más que supera y plenifica toda ley: elige a Doce, que “se sentarán en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel” (Lc. 22, 30), pero a ese grupo de elegidos lo amplía hasta llegar a setenta y dos (Lc. 10, 1 – 12) e incluye como protagonistas en el ministerio a mujeres. Él instituye libremente un Reino que no cuadra con su entorno, ni con la religión de la época, ni con los ideales políticos o sociales, etc.
- b. Proceso de liberación
La libertad es una facultad propia de la naturaleza humana, que requiere algunas notas distintivas: Aceptación de uno mismo – Encarnación de un valor, proyecto de vida, Ideales – Búsqueda de la verdad. Escrutando nuestra propia identidad, la libertad nos lleva a la alegría, a la felicidad, porque es la opción fundamental de la existencia humana (Ruiz de la Peña, José Luis, 1996, pág. 187). La concepción cristiana de la libertad es la búsqueda de la realización personal y comunitaria, que llega a su plenitud con Cristo. Esta mirada, supone la co – responsabilidad: “El hombre es libre cuando tiende al fin con la libre elección del bien” (Concilio Vaticano II – GS, 1965) (#17).
La libertad nos ayuda a ser más nosotros mismos, a estar de pie ante lo divino, a caminar con nuestros propios pies (De Vos, Frans, 1981).
Vivir este espíritu es una misión permanente, sobre todo porque “la lucha se hace especialmente necesaria cuando es preciso proteger nuestras convicciones de un ambiente subyugador” (Guardini, Romano, 1996, pág. 102). En muchas ocasiones, sobre todo en el compartir comunitariamente, los creyentes estamos exhortados a liberarnos de la masificación y de lo ya institucionalizado, de lo políticamente correcto, del sometimiento a un dirigente, de un “si, monseñor”, etc.:
“El que está solo tiene que responder de sí; su conciencia está en guardia. Pero al juntarse muchos, cada uno depone su libertad en el vecino. Cada uno se deja llevar. ¿Y el resultado? Que la multitud es irresponsable… En consecuencia, quien quiera ser libre es necesario que rompa la opresión de la masa” (Guardini, Romano, 1996, pág. 104).
- c. Libertad eclesial
Los creyentes somos peritos de la fe en libertad, porque “El camino del cristiano es una senda de crecimiento en la libertad. Cuanto más nos acercamos a Cristo, más libres nos hacemos. Hemos sido rescatados de la esclavitud para vivir a la manera de hijos. Nuestra relación con Dios es garantía y expansión de libertad” (De Vos, Frans, 2002, pág. 66). Una persona libre es el deleite de Dios. La libertad en la iglesia esa aquella que deja a Dios ser Dios y a los seres humanos que sean auténticamente humanos, porque no reina la uniformidad, ni todos hacemos lo mismo, ni tenemos los mismos gustos, estilos, etc., sino que la diversidad es expresión pública de la comunión.
“Tal es el misterio de la libertad del Hombre, dice Dios, y de mi compartimiento con él y con su libertad. Si lo sostengo demasiado, ya no es libre, si no lo sostengo bastante, cae. Si lo sostengo demasiado, expongo su libertad, si no lo sostengo bastante, expongo su salvación: dos bienes en cierto sentido casi igualmente preciosos. Porque esta salvación tiene un precio infinito. Pero ¿qué sería una salvación que no fuese libre? Una salvación que no fuese libre, que no viniese de un hombre libre, ya no nos diría nada (…)
¿Le gusta a alguien ser amado por esclavos? Cuando se ha conocido una vez lo que es ser amado libremente, las sumisiones carecen totalmente de gusto. Cuando se ha conocido lo que es ser amado, por hombres libres, los servilismos de los esclavos ya no nos dicen nada” (Torres Queiruga, Andrés, 1995, pág. 218).
Por eso, una expresión religiosa libre, no debate roles o ministerios, se debate a sí misma y se pregunta si la manera de expresar los ministerios hace honor a la iniciativa de Dios y a sus principios de revelación, porque:
- Todas las personas poseemos libertad de conciencia (GS 16).
- Los cristianos tenemos derecho a investigar en el fascinante mundo de la teología sin autores prohibidos ni con esquemas teológicos impuestos.
- Los bautizados tenemos derechos a leer, analizar, debatir y, de ser necesario, disentir con alguna opinión de los Obispos, incluyendo al de Roma.
- Los cristianos tenemos derecho y la urgencia de participar en la elaboración del magisterio que atañe a todas las dimensiones eclesiales. Sobre todo, con aquellas enseñanzas que incumben a nuestros ministerios que se sostienen en el bautismo.
- Los cristianos somos libres para autocriticarnos sabiendo que eso no daña la comunión ni la fraternidad.
- La libertad en Cristo nos exige vivir, celebrar y anunciar con los matices propios de cada cultura.
- Por la identidad con el Resucitado, todos los cristianos somos responsables y partícipes de la elección de las autoridades, tanto civiles como eclesiásticas, porque la libertad nos exige que lo que “atañe a todos debe ser resuelto por todos” dice Justino, Padre de la Iglesia (González Faus, José Ignacio, 1992).
- Todos los cristianos, en la diversidad de funciones, tenemos derecho y deber de respetar las diferentes elecciones de vida que las personas y sociedades eligen, proponiendo los lineamientos vitales de nuestra opción religiosa, democrática y republicana, manifestando la oposición a todo movimiento totalitario, genocida, etc.
#catequistas #catequesisrenovada #catequesis #pensarlacatequesis #fransdevos #christiancuria #VidaNueva #ElGustoDeVivir #tecreo #unpocodeairefresco #entornoalamesa #lavidanosdaseñales #unaaventuramaravillosa
Trabajos citados
CELAM – DA. (2007). ‘Documento de Aparecida’. CABA: Oficina del Libro.
Concilio Vaticano II – ‘Gaudium et spes’ (1965).
De Vos, Frans. (1981). Veinticinco años de sacerdote. ‘La Semilla – Boletín Catequístico Diocesano’ (80), 1-3.
De Vos, Frans. (2002). ‘Pensar la Catequesis’. CABA: Claretiana.
De Vos, Frans. (2019). ‘Metodología Catequística’. CABA: Claretiana.
González Faus, José Ignacio. (1992). ‘Ningún obispo impuesto (San Celestino, papa). Las elecciones episcopales en la historia de la Iglesia’. Madrid: Sal Terrae.
Guardini, Romano. (1996). ‘Cartas de autoformación’. CABA: Lumen.
Ruiz de la Peña, José Luis. (1996). ‘Imagen de Dios. Antropología Teológica fundamental’. Madrid: Sal Terrae.
Tolkien, J. R. R. (2017). ‘El Señor de los anillos. II Las dos torres’. CABA: Minotauro.
Torres Queiruga, Andrés. (1995). ‘Recuperar la Salvación. Para una interpretación liberadora de la experiencia cristiana’. Madrid: Sal Terrae.

