Rixio Portillo
Profesor e investigador de la Universidad de Monterrey

¿A quién le podemos creer?


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Uno de los elementos que sostiene las relaciones humanas y sociales es la credibilidad de las partes, es decir, la mutua confianza que se establece cuando hay veracidad en forma y fondo de las acciones.



Sin embargo, la credibilidad no se impone, sino que se va ganando y construyendo poco a poco en la relación de la realidad con lo dicho y lo hecho. En síntesis, la credibilidad necesita de la consistencia de la palabra empeñada.

En un mundo en el que la mentira se ha generalizado podría resultar atrevido hablar de credibilidad, pero los hombres y mujeres de todos los tiempos, y más en estos, necesitan creer.

La credibilidad se gana, no se impone

La credibilidad entonces se vuelve una tarea impostergable, que va mucho más allá de la simple apariencia y el acomodaticio ideológico.

La credibilidad en la vida social es garantía de progreso, quien ayer fue verdugo no puede pretender que la víctima le acepte sin mayores señales de cambio.

Y no es un asunto de venganza, sino de auténtico cambio, de constricción por el mal cometido, de arrepentimiento por el sufrimiento causado.

Sin estos elementos, ninguna iniciativa de reconciliación social será posible, pues no parte del propósito de enmienda, sino de intereses mezquinos y económicos.

El camino puede ser complejo pero los pasos son bastante simples: encuentro, reconocimiento al que es diferente, justicia, reconciliación y convivencia armónica, en ese orden pues no es imposible imponer la justicia sin reconocer a quién se le hace justicia.

Signo

El perdón se recibe no se auto impone

En este sentido, la figura de una amnistía es siempre loable, sin embargo el verdugo no se auto perdona, no se auto absuelve, no se auto amnistía, sería por lo menos decir contradictorio, acomodaticio, petulante y soberbio.

La amnistía, así como el perdón se recibe, como don gratuito, por tanto con estos se abren caminos de reconciliación, luego de que cada uno vio el mal que hizo y de alguna manera recibió su recompensa.

Por eso, el tema de la credibilidad es tan importante, pues nadie cree en el verdugo si este no se arrepiente y nadie quiere reconciliación para quedarse atrapado en el justicialismo. Es a cada uno según sus obras, no según su medida – desmedida.

Jesús en el Evangelio tenía esa chispa de credibilidad, y no solo porque no hacía discursos vacíos y etéreos sino porque entregando su vida se hizo definitivamente creíble para aquellos que hicieron el camino del encuentro, del reconocimiento en aquel que tiene Palabras de vida eterna.

Jesús es creíble porque sus palabras siempre permanecen porque nada ni nadie podrá borrar su huella redentora liberadora que salva y que salvará a aquellos que siguen clamando por justicia.


Por Rixio G Portillo. Profesor e investigador de la Universidad de Monterrey