Vida Consagrada colombiana llama a seguir abrazando la esperanza en la 30.ª Jornada Mundial

Pidieron que aprendan “a leer la historia con fe” en una época atravesada por cambios, búsquedas y transformaciones

Religiosos en Colombia

Este 2 de febrero la Iglesia universal celebra la edición 30 de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada. Desde Colombia, la Conferencia de Religiosos ha suscrito un mensaje llamando a los religiosos a seguir impulsando la esperanza.



“Estamos llamados a abrazar de nuevo al Señor y su proyecto; a vivir con esperanza los retos y desafíos del mundo”, señalaron.

Invitaron a valorar la fraternidad y, en esta, descubrir la riqueza carismática que Dios deposita en cada comunidad, y desde ese lugar “ser testigos místicos y profetas de esperanza”.

Superar las adversidades

Tomando como referencia el horizonte inspirador de la Confederación Latinoamericana de Religiosos (CLAR) para el trienio 2024-207, eligieron la figura de Nicodemo para superar las adversidades que vive el mundo.

“En una época atravesada por cambios, búsquedas y transformaciones, este texto nos devuelve al centro: a la verdad de una vida consagrada que sale al encuentro del Señor, incluso en medio de la noche, y que aprende a leer la historia con fe”, han señalado.

Por eso, “nos sostiene esta convicción: una vida consagrada marcada por la prueba, puede ser vivida siempre como signo de esperanza”.

Vida Religiosa

La Vida religiosa en Colombia se agrepa en la CRC. Foto: El Catolicismo

Abrirse a la escucha

La vida religiosa colombiana invita a cada uno de sus hermanos a presentar a Dios los clamores y las alegrías, porque “es necesario nacer de nuevo” para “abrirnos a la acción del Espíritu y abandonarnos en el Señor para que Él nos transforme”.

También, movidos por el Espíritu, “nos abrimos a la escucha de las hermanas y hermanos con quienes discernimos la realidad de la comunidad y de nuestras acciones pastorales” como garantía de seguir “caminando en sinodalidad con la Iglesia”.

En esta 30.ª Jornada Mundial recordaron a quienes “nos han precedido en la fe y la fidelidad y ya gozan de la morada eterna”, reconociendo en cada uno de ellos “el legado que nos han dejado”.

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