Lo había perdido todo, levantó su mirada al cielo y pidió con dolor, con amor y esperanza a Dios, para que tuviera un poco de fuerzas y así enfrentar su dolorosa realidad. Luis perdió lo que más había cuidado en su vida, su corazón, durante muchos años se negó a experimentar el amor en pareja, no se sentía preparado para amar y especialmente, confiar en las mujeres. Los recuerdos de su infancia fueron la causa y tal vez, por la que le costaba tanto trabajo amar a alguien y es que su madre vivió el abandono de su pareja, motivo por el que la relación con su mamá era tan cercana.
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Hijo único, fruto de un amor mal correspondido, así se percibía Luis. Su mamá fue la única figura que estuvo presente en su vida y le acompañó en los momentos más importantes de su infancia. Un día las preguntas relacionadas acerca de su padre dejaron de hacerse cuando comprendió que él los había abandonado para siempre. Durante su adolescencia y juventud, evitó involucrarse en alguna relación, su historia le parecía lo suficientemente fuerte como para no tomar el riesgo de amar a alguien.
Su primer trabajo en la oficina trajo nuevas esperanzas, por fin la economía iba a cambiar, “porque dos sueldos son mejor que uno”, así lo comentaban entre risas cuando cenaba con su madre. Uno de esos días conoció a Martha, quien trabajaba en el piso de arriba, joven de sonrisa sencilla y al parecer extrovertida, el impacto en Luis fue tal que desde ese momento solo pensaba en volver a verla. Así surgió una amistad y enseguida el noviazgo, el amor eclipsó la voluntad de Luis con respecto a su madre a quien dejó en la soledad absoluta, ahora su vida era Martha y su hijo que estaba por nacer.
“Con un corazón roto”
La mamá de Luis comprendió el cambio de su hijo, más bien lo justificó, porque sus prioridades eran otras. Ella comenzó a buscar su propio sustento, dejó la casa para que Luis y Martha la acondicionaran para su nieto, ella decía que había vivido muchos años ahí y que ya era tiempo de buscar algo más sencillo, un pequeño cuarto, no necesitaba más. La historia de Luis y Martha terminó en una separación violenta, ella se fue con su hijo a otro país, dejó su hogar confirmando el miedo que siempre tuvo Luis por no querer experimentar el abandono.
La mamá de Luis falleció al poco tiempo… así se sentía Luis con un corazón roto, sin esposa, sin hijo, sin su madre. Fue así que, por primera vez pidió a Dios en una oración sencilla, sincera, que nació como fruto del dolor más intenso, la desesperanza y la soledad.
Así encontré a Luis en el grupo parroquial al que asisto y un día me preguntó si me gustaría escribir su historia para que los hermanos de las diferentes comunidades católicas comprendieran que a veces el dolor más grande es el que nos acerca a Dios. Me pidió cambiar los nombres reales, pero la historia es esta. Tal vez estés pasando por un gran dolor emocional y la historia de Luis te motive a reflexionar y acercarte al amor de Dios en medio del dolor de las pérdidas.
“Él nos consuela en todas nuestras dificultades para que nosotros podamos consolar a otros. Cuando otros pasen por dificultades, podremos ofrecerles el mismo consuelo que Dios nos ha dado a nosotros”. 2 Corintios 1, 4.
