El Tribunal de la Rota Romana está llamado a servir a la universalidad de la verdad y a hacerlo “con la misma mansedumbre de Cristo, en la caridad y para el bien de todos”. Así lo ha afirmado este lunes el arzobispo Edgar Peña Parra, sustituto de la Secretaría de Estado, en la homilía de la misa con la que se ha inaugurado el Año Judicial del alto tribunal de la Iglesia, celebrada en la Capilla Paulina del Palacio Apostólico.
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Tal como recoge Vatican News, antes de la audiencia con el papa León XIV, el prelado venezolano ha exhortado a los auditores, oficiales y colaboradores de la Rota a no hacer faltar nunca “la caridad y la prudencia” en un servicio que les lleva con frecuencia a pronunciarse “sobre situaciones personales, matrimoniales y canónicas incluso muy dolorosas”.
“Que experimenten la maternidad de la Iglesia”
Peña Parra ha insistido en que el modo de ejercer la justicia eclesial es decisivo para quienes acuden al tribunal. De ahí su llamada a una caridad “que nos haga atentos a la vida concreta de las personas” y a una cercanía “que acompañe a quienes atraviesan momentos de dificultad”. Solo así —ha señalado— quienes se encuentran con la Rota podrán “experimentar la maternidad de la Iglesia, que no juzga los fracasos humanos, sino que, a la luz de la verdad y promoviendo la justicia, desea renovar la vida de sus hijos y conducirlos a un bien superior”.
Al releer el pasaje del Evangelio de Lucas proclamado en la liturgia del día, el sustituto de la Secretaría de Estado ha destacado dos claves directamente relacionadas con la misión del tribunal: la universalidad y la mansedumbre. El envío de “otros setenta y dos”, símbolo de todas las naciones, que Jesús manda “de dos en dos delante de sí en cada ciudad”, es para Peña Parra una imagen que interpela de lleno a los colaboradores de la Curia romana y, de modo particular, a quienes sirven en la Rota: “Proceden de todas las naciones, porque su servicio está destinado al mundo entero”.
Al servicio de la universalidad de la vida de la Iglesia
El arzobispo ha recordado que los auditores del tribunal proceden de contextos muy diversos y que las causas que examinan “abrazan múltiples situaciones de vida, cada una inserta en un contexto humano, familiar, cultural y espiritual distinto”. Por ello, ha subrayado que su trabajo no puede reducirse a “un frío ejercicio legislativo”, sino que es una tarea que “se pone al servicio de la universalidad de la vida de la Iglesia”.
En este sentido, ha remarcado que también “la verdad es universal”. Una verdad que se encarna en la historia concreta de cada persona, donde pueden darse “el error y el fracaso”, pero que permanece como “un fundamento estable y un punto firme para recordar el proyecto de amor que Dios tiene sobre la criatura humana y sobre la creación”.
“Como corderos en medio de lobos”
La segunda llamada de la homilía de Peña Parra ha sido a la mansedumbre, a partir de la imagen evangélica de los discípulos enviados “como corderos en medio de lobos”. Colaborar con la novedad del Evangelio, ha explicado, implica entrar en “la lógica del amor, de la justicia, de la verdad y de la misericordia”, lo que supone una auténtica “lucha espiritual”.
Una lucha que no se libra con la fuerza, sino con la mansedumbre del cordero, especialmente en una cultura que “a menudo privilegia lo provisional, la velocidad, el cálculo y la vía fácil de pensar solo en uno mismo”. También en el servicio del Tribunal de la Rota Romana, ha añadido, concluido, “si el ejercicio de la justicia pone de relieve el valor profundo de la verdad, al mismo tiempo exige la actitud del cordero”.