“Trabajemos no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece“. Juan 6, 27.
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Se desperdicia tanta comida en el mundo, que duele ver cómo terminan en la basura alimentos que podrían ser de vital importancia para muchas personas. Basta con mirar en un centro comercial cómo termina tanto alimento en las charolas, ya sea porque han quedado satisfechos o porque ya no apetecen. El caso es que se queda una cantidad considerable que va a parar a los botes de basura. Esta acción se realiza sin mayor remordimiento; así sin más, como si el hambre y la necesidad de algunas personas no interesara o simplemente no existiera.
Las cifras actuales nos presentan estadísticas donde la falta de alimento, la desnutrición y muchos otros factores impiden que lleguen los alimentos más básicos a millones de personas. El contraste entre los que tienen y lo desperdician contra aquéllos que no pueden llevar lo más elemental a sus mesas es sin duda algo doloroso. Mi madre me decía que: “desperdiciar comida era pecado”. Hoy lo comprendo desde una realidad concreta y estoy seguro que ella quería dejarme claro un mensaje: evita desperdiciar los alimentos porque muchas personas desearían tener lo que ahora dejas en el plato.
Evitar que el alimento termine en la basura
Es parte de mi formación y quienes me conocen, saben que el plato quedará limpio, sin dejar ‘poquito‘, sin desperdicios, me termino lo que se me ha servido. Es conciencia lo que en ocasiones hace falta en la humanidad, vemos platos llenos que ni siquiera han sido tocados y son desechados por su aspecto, seguramente porque no agradó su sabor y terminan en la basura. Entiendo que muchas veces el sentido del gusto determina que el platillo tenga una oportunidad, pero la sensatez ¿dónde queda?
Si nunca has probado esos sabores, lo más probable es que no sea de tu agrado y definitivamente terminarás desperdiciando. Muchas personas deciden llevarlo en charolas desechables y lo entregan a personas en situación de calle y creo que esa es una excelente manera de evitar que el alimento termine en algún bote de basura. Son los menos, por lo general, el plato queda servido en la mesa sin siquiera haber sido probado.
“Los pobres comerán y quedarán satisfechos; alabarán al Señor los que lo buscan”. Salmo 22,26.
Un consumo responsable
Actualmente el esfuerzo porque lleguen los diferentes alimentos a nuestros hogares no es nada sencillo. Debemos valorar muchas cosas, entre ellas: cada vez es más complicado la siembra y cosecha en el campo, la logística para que esos alimentos lleguen a las poblaciones y la cadena de suministros cada vez se vuelve más compleja e interminable, todo lo anterior implica un gran esfuerzo que en algunas ocasiones termina en el plato y después en la basura.
Hay mucha hambre en el mundo y poca conciencia de querer combatirla. Comencemos con acciones que impacten nuestro día a día, dejemos de comprar alimentos que terminarán caducándose en la alacena, pensemos en un consumo responsable, nada nos cuesta; por cierto, el bufete es otra modalidad en la que el desperdicio de comida también es abundante, algunas personas ‘pican’ los alimentos para dejarlos intactos y nuevamente ese plato terminará en la basura.
Y aunque no sea un pecado desperdiciar la comida, tal vez deberíamos considerar el daño que hacemos a otro ser humano al tirar alimentos en buen estado.
