El cardenal arzobispo de Guayaquil y presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, Luis Gerardo Cabrera Herrera, OFM, responde a las preguntas de Vida Nueva tras asistir en Roma al primer consistorio del pontificado de León XIV, celebrado los días 7 y 8 de enero.
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PREGUNTA.- León XIV compartió en su reflexión improvisada dos interrogantes: “¿Hay vida en nuestra Iglesia? ¿Hay espacio para aquello que nace?”. Con este punto de partida, ¿cuáles son esas realidades que están naciendo en la Iglesia y que hay que acoger con la “novedad” que pide el Papa?
RESPUESTA.- Pequeñas comunidades; jóvenes que buscan sentido; laicos que asumen responsabilidades; iniciativas de escucha, de caridad y de anuncio en zonas marginales. Igualmente, nace una espiritualidad más sencilla, más relacional y más bíblica. Estas realidades piden una Iglesia que no controle ni imponga, sino que acompañe y confíe.
P.- El cardenal Timothy Radcliffe dijo en su meditación inicial: “El Señor nos llama a navegar en las tormentas y a afrontarlas con verdad y valentía, sin quedarnos tímidamente esperando en la orilla”. ¿Cuál es la tormenta que cree urge afrontar?
R.- La gran tormenta es la irrelevancia del Evangelio en la vida cotidiana. Esto hace que la fe esté desconectada de la realidad, con lo cual se corre el riesgo de que la Iglesia hable sola. A esto se suman la desconfianza, la división interna y el cansancio. Estas situaciones se superan saliendo al encuentro con verdad y valentía.
P.- En la tarde del 7 de enero, abordaron la cuestión de la liturgia. ¿Cómo se pueden reavivar las celebraciones?
R.- Volviendo al centro: a Cristo vivo y su pueblo. Con celebraciones más participativas, mejor preparadas, con homilías que toquen la vida, signos comprensibles, silencio orante y música que ayude a rezar. La liturgia se reaviva cuando la comunidad se siente parte y no espectadora.
P.- ¿Recuperar propuestas nostálgicas es la solución?
R.- No. La nostalgia no da vida. Puede ofrecer refugio, pero no genera futuro. La tradición es una raíz viva, no un museo. Lo que la Iglesia necesita no es volver atrás, sino dejar que el Espíritu haga nuevas todas las cosas, también en la liturgia y en la misión.
