Ana y Teresa, pareja bendecida por la Iglesia y “en alianza con Dios”

La pareja recibió la bendición ‘Fiducia supplicans

Ana y Teresa fueron bendecidas, ‘Fiducia supplicans’ mediante, el 23 de marzo de 2024. Sin embargo, su bendición llegó mucho antes. En 2015, ambas comenzaban una relación. Pero no al uso, ya que tuvieron que mantenerla en secreto. En Semana Santa de 2017, invitadas por una amiga, deciden ir a un retiro de Pascua que lo cambió todo. A sus 36 años, una confesión de esas que tienen más que ver con el amor de Dios que con el juzgar fue un bálsamo que sirvió para sacar su relación de la clandestinidad, tanto en lo eclesial como en lo social.



Casi con miedo, Ana le comentó a su amiga –que había sido catecúmena suya en la parroquia donde era catequista–que Teresa era su pareja desde hacía dos años. “No sabía cómo eso podía encajar con la vida de comunidad. Incluso pensábamos en que, si alguien se sentía incómodo, nos dábamos media vuelta. Pero para mi sorpresa, ella me dijo que a la Pascua, que congregaba a más de 100 personas, iba cada año una pareja de chicos con sus hijos. Y, de hecho, la acogida fue maravillosa”, explica al otro lado del teléfono. Teresa recuerda que temía sentirse rechazada. “Aunque yo vivía mi vida con tranquilidad, no sabía cómo compaginar mi relación con mi vivencia de la fe”, señala.

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El Sábado Santo fue el sacramento de la reconciliación –y nunca mejor dicho–. “Le conté al sacerdote que estaba saliendo con una mujer y que eso, de alguna manera, sabía que chocaba con la Iglesia. Él, solo me hizo una pregunta: ‘¿Cómo es ese amor?’. Todavía recuerdo mi respuesta: ‘Teresa me hace acercarme a Dios’. El cura me dijo que agradeciera y compartiera ese amor con el mundo porque es un regalo de Dios. Eso fue como un despertar, una resurrección total”, rememora Ana emocionada. Teresa, por su parte, llegó al confesionario con dudas: “Tenía un poco de pesar. Yo me había alejado de Dios y, aunque para mí, mi vida era pura, bella y de Dios, quizá tenía que pedir perdón”. La respuesta del sacerdote, ‘in persona Christi’, calmó su pesar: “Perdónanos tú a nosotros”.

“Nos han dejado”

Ella recuerda que lo repitió varias veces. “Me hizo saber que yo no me alejé de Dios, me alejé de otras cosas que no son Dios. Y me hizo saber que si yo había entendido que un amor puro era malo es que no me habían explicado bien quién es Jesús”, agrega. Por eso, para ambas, la Pascua es un momento fundante. “Al salir de la confesión nos abrazamos como diciendo: ‘Nos han dejado’. Y eso fue un revulsivo para gritar al mundo nuestro amor y no conformarnos con vivir en lo oculto”

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