La relación entre psicología, ciencia y fe puede parecer simple pero encierra una profunda complejidad. Para ayudar a establecer un mapa en el que orientarse, el psicólogo y psicoterapeuta italiano Salvatore Grammatico, profesor invitado de la Universidad Pontificia Salesiana de Roma ha lanzado su propuesta en ‘La teoría del todo interior: Un viaje simbólico entre universo, psique y Evangelio’ (2025), un libro que ha visto la luz también en español. “Una guía de contemplación activa” que presenta a los lectores de ‘Vida Nueva’.
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PREGUNTA- ¿Sigue siendo un campo de interés la relación entre la psicología y la fe?
RESPUESTA- Sí, y quizá hoy más que nunca. Durante mucho tiempo se consideraron ámbitos opuestos, pero ambos buscan comprender al ser humano en su totalidad. La psicología explora el sentido y la salud interior; la fe ofrece una apertura al misterio y a la trascendencia. Cuando dialogan, la persona puede integrar su razón, su afectividad y su dimensión espiritual en un mismo proceso de crecimiento.
P.- Cuando en el “baile” entra la física –o la ciencia en general–, ¿qué combinación, o qué puentes, se establecen?
R.- La física describe las fuerzas que mantienen unido el universo. En el libro las uso como símbolos de las fuerzas que actúan dentro de nosotros: la gravedad como amor que atrae, el electromagnetismo como relación empática, la fuerza fuerte como cohesión interior, la fuerza débil como transformación y renacimiento. La ciencia, más que contradecir la fe, puede ayudarnos a admirar la armonía que sostiene toda la creación.
Una pedagogía espiritual
P.- ¿Cuál sería entonces esa “teoría del todo interior”?
R.- Es una invitación a descubrir que el universo exterior refleja un universo interior. Cada uno de nosotros participa de esas mismas fuerzas fundamentales: amor, relación, coherencia y transformación. La “teoría del todo interior” es, en el fondo, una pedagogía espiritual para volver a unir lo que en nosotros se ha fragmentado: cuerpo, mente y espíritu, razón y fe, ciencia y misterio.
P.- Para los creyentes que desconfíen de ese acercamiento del evangelio a lo psicológico o a lo científico, ¿qué les diría?
R.- Que no se trata de reducir el Evangelio, sino de dejar que su luz ilumine también las ciencias humanas. Jesús mismo usaba parábolas tomadas de la vida cotidiana: el grano, la vid, la semilla. Hoy la ciencia es parte de nuestra vida cotidiana, y hablar su lenguaje puede ayudarnos a redescubrir el mensaje cristiano en un modo comprensible, sin perder profundidad ni misterio.
P.- En un mundo quizá demasiado polarizado y fragmentado, ¿qué posibilidad hay de trascendencia?
R.- La trascendencia no está fuera del mundo, sino en la capacidad de ir más allá de nosotros mismos. Trascender es amar, perdonar, mirar con compasión. Cada acto de apertura rompe la polarización y nos recuerda que somos parte de un mismo tejido de vida. La espiritualidad, entendida como autotrascendencia, puede devolvernos la experiencia de unidad perdida.
P.- ¿Qué herramientas se ofrecen en el libro para lograr esa armonía interior?
R.- Cada capítulo termina con una propuesta práctica llamada “Para continuar el viaje”. Son ejercicios de reflexión, gratitud y escucha interior que invitan al lector a convertirse en protagonista de su propio camino espiritual. No es un tratado académico, sino una guía de contemplación activa, donde el conocimiento científico se transforma en sabiduría vivida.