José Luis Pinilla
Migraciones. Fundación San Juan del Castillo. Grupos Loyola

Pactos


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En estas horas que a mí me parecen sin luz, en estos días donde ya no cabe ni el asombro ni la memoria, en los días cotidianos de una paz anodina y triste, en este tiempo que me parece que muchos, y yo mismo, sentimos impávido… Cuando las únicas noticias son siempre las mismas, cansadas y rotas, seguimos olvidando a los migrantes entre otros muchos olvidos lacerantes. Por ellos se nos ha olvidado llorar, acoger, denunciar y … ¡pactar!



No es buen ejemplo de pactos precisamente los que parecen imposibles dentro de la cosa pública en nuestro país. Me refiero más bien a los recientes pactos europeos sobre migraciones presentados por la Comisión Europea el 20 de septiembre de 2020. Y de los que el SJM ya ha hecho su primera valoración. Sin un detallado análisis por mi parte, parece que estamos ante una cesión ante los países de la UE que no quieren acoger refugiados cambiando la pauta anterior del reparto obligatorio de refugiados en favor del “patrocinio de retorno” y diseñar lo que algunos hablan como solidaridad flexible (¿es flexible la solidaridad?). Y no precisamente en la línea original de los principios de Carta Europea de los Derechos Fundamentales que cumple 10 años, sino de un nuevo “servicio a la carta” en la que algunos paguen y otros acojan. (España responde: “Lo estudiaremos con atención”).

Cinco años atrás, la llamada “crisis de los refugiados” supuso la llegada de casi dos millones de migrantes, en su gran mayoría refugiados, que llegaron a la UE , no de turismo, sino huyendo del conflicto de Siria, donde ni Europa ni Occidente fueron precisamente generadores de justicia y democracia. Si la memoria colectiva no se la lleva el Covid-19 sería bueno recordar las dolorosas situaciones generadas por las tensiones en la UE ante la negativa tantas veces primadas por el egoísmo de muchos y su corta generosidad en comparación con la acogida prestada por países muchos más pobres que los “nuestros”. Especialmente de los países de Visegrado (Polonia, Hungría, la República Checa y Eslovaquia). Y veremos a ver como quedan las devoluciones en caliente o la apertura de los CIES … Impávidos tiempos.

¿Solo es cuestión de dineros?

Pactemos es la propuesta que todos ponen encima de la mesa en la nueva oferta europea. Y parece que la mayoría solo piensa en pactar los dineros a aportar, especialmente para las medidas de retorno obligado o para una mayor seguridad en las fronteras (¡se estarán alegrando mucho las empresas dedicadas a este tema!). La situación de los migrantes y refugiados –que parece que es solo cuestión económica y de dineros– provocará seguir colocando nuestras fronteras más al sur (como ya se viene haciendo) compensando con las sobras de la cooperación, a los países que aguanten la contención migratoria (véase el ejemplo de Turquía).

Todo ello me recuerda aquel pasaje de los Hechos de los Apóstoles donde Pedro pasa de largo ante la limosna que pedía un paralítico a la puerta de la sinagoga, respondiéndole que no llevaba dinero encima. Ni plata ni oro.

Menos mal que después de rascarse los bolsillos no tenía monedas. Porque si las hubiera tenido habría resuelto inmediatamente el problema: volver sobre sus pasos y dejar unas monedas en la mano extendida del pobre. Menos mal, insisto, que no tenía. Porque al ver la situación de indigencia del paralítico decidió pactar con su conciencia llena de su amistad con Jesús (discernió, diría el papa Francisco). E hizo lo mejor que podía hacer: ayudar a levantarlo. Ponte en pie.

refugiados, madre e hijo

Pactos como este son los necesarios. Como el del Samaritano. Montar a los empobrecidos en nuestra cabalgadura, acogerlos hospitalariamente en nuestra posada… y, después, favorecer su desarrollo una vez recuperados. Acomodar nuestro paso al de los más débiles. Esos son los pactos auténticamente necesarios.

Me ayuda a romper el sentimiento de impavidez referido inicialmente la reciente noticia que solo está en la letra pequeña: Cinco masacres en una semana. Al menos 200 muertos a lo largo de la ruta de Libia a Europa. Y ningún barco de salvamento en el mar, bloqueado por medidas que entorpecen las intervenciones de la flota civil, y por una Europa que promete solidaridad, pero que sigue cooperando con las autoridades de Trípoli, para nada ajenas a la continua matanza.

Son otros, los pactos que Europa necesita.