El expresidente de la Conferencia Episcopal reivindica también el papel de los laicos, pide una Iglesia menos enfrentada
El cardenal Juan José Omella. Foto: Efe
“Hay que afrontarlo y sobre todo mirar a las víctimas”. El cardenal Juan José Omella ha vuelto sobre la crisis de los abusos sexuales en la Iglesia y ha defendido que la respuesta debe pasar por la escucha, la reparación y el acompañamiento de quienes los han sufrido.
El arzobispo de Barcelona y presidente de la Conferencia Episcopal Española entre 2020 y 2024 aborda esta cuestión en el tercer videopodcast publicado con motivo del 60 aniversario de la CEE, después de las entrevistas a Antonio María Rouco Varela y Ricardo Blázquez.
Durante la conversación, Omella reconoce el impacto que los abusos han tenido dentro y fuera de la Iglesia. “El tema de los abusos nos ha hecho sufrir, nos hace sufrir a todos. Y eso es un escándalo”, afirma. “Cuando la dignidad de cada persona humana está herida, y más de los frágiles y débiles, como son los pequeños o los discapacitados, te duele mucho”, señala.
“Hay que afrontarlo y sobre todo mirar a las víctimas”, insiste. Durante su presidencia, la Conferencia Episcopal encargó en 2022 una auditoría independiente sobre la gestión de los casos de abusos. Omella sostiene ahora que la prevención debe ir acompañada de reparación y acompañamiento.
“Tenemos que mirar a la víctima para que su herida vaya sanando. Y eso exige esa reparación, ese acompañamiento, esa mirada de cariño y de ternura que no han encontrado”, explica el purpurado. “Yo creo que eso lo hemos aprendido. Queríamos responder y hemos respondido”, afirma.
Otro de los asuntos sobre los que Omella se muestra especialmente explícito es el papel de los laicos. Al recordar el Congreso de Laicos Pueblo de Dios en salida, celebrado en febrero de 2020, rechaza una concepción de la Iglesia centrada exclusivamente en el clero.
“Los laicos son el alma, son la base de la Iglesia”, sostiene. “Al servicio de ese Pueblo de Dios, que son los laicos, están el ministerio sacerdotal, están los religiosos, están todos. Y todos formamos esa comunidad, esa familia. Pero la base es el bautismo, el de todos”.
El cardenal vincula la sinodalidad con una forma concreta de relacionarse dentro de la Iglesia. “Nunca enfrentarnos, porque tú no piensas como yo”, reclama al hablar de la necesidad de escuchar las distintas posiciones y buscar soluciones compartidas.
Omella considera que esa cultura del diálogo debe trasladarse también a la sociedad y recuerda que la Iglesia no puede vivir encerrada en sí misma. Al mirar al futuro, insiste en la necesidad de “vivir más la sinodalidad entre nosotros, como pueblo de Dios, no sólo como obispo. Vivir más la fraternidad entre unos y otros”.
La etapa de Omella al frente de la Conferencia Episcopal comenzó en marzo de 2020, apenas unos días antes del confinamiento provocado por la pandemia de la Covid-19. El cardenal recuerda aquellas primeras semanas como una experiencia especialmente dura. “Nos sentíamos muy extraños, no podíamos salir a la calle, difícilmente podíamos ir a comprar cosas… menos mal que teníamos la televisión y el teléfono”, relata.
La soledad, añade, provocó también “problemas psicológicos” y dejó al descubierto preguntas profundas sobre la propia existencia. Omella vivió el confinamiento en el obispado de Barcelona, donde podía compartir la vida con otras personas. “Celebrábamos la eucaristía juntos, rezábamos juntos”, recuerda. “Fue una experiencia dura, pero nos llevó a descubrir que nos necesitamos, que estamos hechos para la relación, para amar y ser amados”, afirma.
La pandemia obligó también a los obispos a afrontar cuestiones inéditas: cómo celebrar la Eucaristía y los sacramentos, qué hacer con los funerales o cómo acompañar a las familias que no podían despedirse de sus seres queridos en los hospitales. Para Omella, aquella experiencia dejó una lección que continúa vigente hoy: “Nos necesitamos todos. Estamos todos en la misma barca, tenemos que ayudarnos y no olvidarnos del otro”.
Omella sostiene que la Iglesia debe aprender a mirar la realidad “desde los ojos de los pobres” y que la fraternidad no puede quedar limitada al entorno inmediato. “Tenemos que mirar a los pobres, acogerlos cuando vengan, integrarlos en nuestra sociedad, pero también hay que ayudarles a que no tengan que salir”, explica.
“Yo creo que aprendemos en la medida en que somos humildes. La virtud más importante es la humildad”, asegura. “Tenemos que ir siempre hacia una cultura del encuentro”.
Además, Omella recuerda las reuniones mantenidas con el Ejecutivo sobre distintas cuestiones que afectaban a la Iglesia y defiende la presencia pública de los creyentes. “Como creemos que nuestro pensamiento es válido, queremos ofrecerlo a la sociedad. Por eso yo creo que los cristianos tienen que estar en todos los ámbitos sociales”, afirma.
Y, al mirar hacia los próximos años, Omella sitúa entre las prioridades de la Iglesia a los jóvenes, los laicos, la familia y la atención a quienes más sufren. “Se necesita gente valiente y con ánimo para ser testigos de algo tan importante. Necesitamos ser más misioneros”, sostiene.