El expresidente del episcopado alemán considera “inadecuada y, por sus posibles consecuencias, sumamente problemática” la afirmación de León XIV de que el abuso sexual es “ante todo, un problema humano”
Georg Bätzing, presidente de la Conferencia Episcopal Alemana
El obispo de Limburg, Georg Bätzing, ha pedido a León XIV que aclare su posición sobre las causas sistémicas de los abusos sexuales en la Iglesia después de que el Papa afirmara que el abuso sexual es “ante todo, un problema humano” y mostrara sus reservas a utilizar el término “sistémico”.
Tal como recoge Katholisch, el expresidente del episcopado alemán discrepa abiertamente de este planteamiento y ha advertido de las consecuencias que podría tener una minimización de los factores estructurales que han facilitado los abusos y su encubrimiento dentro de la Iglesia.
“El reconocimiento de las causas sistémicas no es exclusivo del debate eclesiástico en Alemania”, ha afirmado el obispo. “Es consecuencia de los hallazgos científicos y de las experiencias de personas que han sufrido enormemente dentro de nuestra Iglesia”, subraya.
“Si la Iglesia minimiza o niega las causas sistémicas de la violencia sexual, eso sería un grave retroceso”, apunta el prelado, señalando que esto “perjudicaría aún más a las víctimas y pondría en peligro la credibilidad de la investigación”.
La reacción de Bätzing llega después de las declaraciones realizadas por León XIV durante el vuelo de regreso de su viaje a Francia, a finales de septiembre. El Papa había sido preguntado por su encuentro en Lourdes con siete víctimas de abusos y, en concreto, por si consideraba que los abusos sexuales en la Iglesia tenían una dimensión sistémica.
León XIV reconoció entonces que algunos de sus interlocutores habían hablado de “abusos sistémicos”, pero marcó distancias con esa formulación. “Personalmente, prefiero expresarlo de otra manera, aunque es verdad que mencioné algunas organizaciones dentro de la Iglesia que, en ocasiones, por así decirlo, han actuado abusivamente de manera sistemática”, explicó.
“Creo que es importante hacer una distinción. El abuso sexual es, ante todo, un problema humano”, añadió el Papa. Bätzing considera esta clasificación “inadecuada y, por sus posibles consecuencias, sumamente problemática”, especialmente a la luz de las investigaciones realizadas en Alemania durante los últimos años. “Precisamente por esta razón, quisiera que reconociera con igual claridad las causas sistémicas de la violencia sexualizada”, sostiene.
“¿Reconoce que no solo individuos y organizaciones, sino también estructuras específicas dentro de la Iglesia Católica han facilitado los abusos y su encubrimiento?”, continúa Bätzing. “La Iglesia tiene la obligación con las víctimas de no encubrir nada, relativizar nada ni ignorar ninguna verdad incómoda”, señala.
Una Iglesia que quiera proclamar el Evangelio con credibilidad, continúa Bätzing, debe estar dispuesta a someter sus propias estructuras a examen. “No debe anteponer sus intereses institucionales a la dignidad humana. Y debe aceptar que la autoridad espiritual nunca exime de responsabilidad y supervisión”.
“Quien quiera prevenir los abusos debe cambiar algo más que el comportamiento de los individuos. También debe cambiar las estructuras que facilitan el abuso”, concluye. “Nuestra Iglesia debe ser juzgada por esto, en Alemania, en Roma y en todo el mundo”.
Bätzing apoya su crítica en las conclusiones del estudio MHG, encargado por la Conferencia Episcopal Alemana y publicado en 2018, que analizó los abusos sexuales cometidos en la Iglesia católica alemana. La investigación concluyó entonces que el fenómeno no podía explicarse únicamente por las actuaciones de agresores individuales, sino que existían factores específicos dentro de la Iglesia que habían podido facilitar los abusos y dificultar su detección.
El obispo enumera entre ellos “el clericalismo y las relaciones de poder asimétricas, la elevación sacral de la autoridad sacerdotal, formas problemáticas de desarrollo de la personalidad y maduración psicosexual, así como un tabú en torno a la sexualidad y la orientación sexual”.
A esto añade una cultura institucional en la que durante décadas, denuncia, se antepuso la protección de la reputación de la Iglesia a la protección de niños, jóvenes y otras personas que habían sufrido abusos. Asimismo, Bätzing reconoce que el abuso sexual no es un fenómeno exclusivo del catolicismo.
“Precisamente por ello, debemos analizar detenidamente las condiciones específicas que lo posibilitan o facilitan en cada contexto”, argumenta. De ahí que insista en que hablar de causas sistémicas no es una “sofisticación lingüística”, sino una cuestión que determina qué conclusiones extrae la Iglesia de los delitos cometidos.
“Debemos cambiar las estructuras en las que se ejerce el poder, se asume la responsabilidad y se toman las decisiones”, reclama Bätzing. “El liderazgo de la Iglesia necesita una rendición de cuentas vinculante, procesos de toma de decisiones transparentes y mecanismos de control eficaces, idealmente independientes”, insiste.