Tras sus primeros tres meses como nuncio apostólico en Alemania, el arzobispo holandés Hubertus van Megen ha compartido sus impresiones sobre la realidad de la Iglesia en el país, tras haber pasado casi 18 años como diplomático en África en una entrevista con el portal katholisch.de. El nuncio observa un claro proceso de secularización y advierte contra la creencia de que la adaptación salvará a la institución, asegurando que pensar que “si la Iglesia simplemente se adapta lo suficiente a la sociedad, se salvará” es un error, ya que “eso no sucederá”.
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Según el arzobispo, la sociedad actual apenas muestra interés en el mensaje de Dios y subraya que la motivación detrás de las reformas no debería ser la ilusión de salvar a la Iglesia mediante dichos cambios.
El Camino Sinodal
En relación con el polémico Camino Sinodal alemán, van Megen valora de forma positiva que la Iglesia local presente siempre sus deseos de reforma a Roma, lo que demuestra que “la Iglesia de este país no quiere ir por libre”. Sin embargo, el nuncio reveló que, al conocerse su destino, sacerdotes y laicos en África le advirtieron sobre la situación alemana diciéndole: “¡Cuidado! Quieren una Iglesia que no puede existir en absoluto”.
Al analizar la urgencia de estas demandas, el representante diplomático afirma con contundencia que “los alemanes, en mi opinión, quieren a menudo demasiado y demasiado rápido”. Respecto a los estatutos de la Comisión Sinodal que actualmente están siendo revisados en el Vaticano, recomienda mantener la calma, recordando que “Roma no es Berlín, algunas cosas simplemente tardan un poco más en el Vaticano”.
El representante del Papa también se mostró especialmente crítico con la terminología utilizada en los documentos de reforma alemanes, en concreto con la fijación en la palabra “poder”. Para van Megen, este término “tiene algo negativo, algo opresivo” y sugiere que se deberían utilizar conceptos como “autoridad” o “servicio”.
El nuncio cuestiona la obsesión de los textos sinodales por definir quién ostenta el mando y llega a calificar el uso constante de la palabra poder como “casi peligroso”. Además, destaca el desafío de mantener unida a la Iglesia universal, recordando que “los problemas que tenemos aquí en Alemania no existen en muchos países de África”, donde las realidades son completamente diferentes.
Nuevos obispos
Finalmente, al abordar su tarea de proponer candidatos para las sedes episcopales vacantes en Alemania, el arzobispo defendió el secretismo del proceso para proteger “la privacidad de los candidatos”, aunque lo considera “muy democrático” debido a las múltiples entrevistas que se realizan en el entorno del sacerdote evaluado.
Van Megen reconoció las dificultades para encontrar obispos adecuados debido a que el cargo está “sobrecargado de expectativas”, exigiéndoles que sean perfectos y que “lo sepan todo”. Frente a quienes priorizan las habilidades financieras o de gestión, el nuncio enfatizó que “para mí lo más importante en un obispo es el carisma”, concluyendo de forma tajante que “un obispo no debe ser un ratón gris”.
