El Papa ha pedido a las Hermanas de la Caridad de Santa Juana Antida Thouret una atención integral a la persona y reivindica esta forma de caridad para defender la dignidad, especialmente de los pobres y necesitados
León XIV en su audiencia con las Hermanas de la Caridad de Santa Juana Antida Thouret. Foto: Vatican Media
León XIV ha alertado este lunes de una sociedad que “tiende a fragmentar al hombre”, dividiendo a las personas “no solo entre ellas, sino también, y más gravemente, dentro de sí mismas”. Ante esta realidad, el Papa ha reivindicado una atención integral a la persona que tenga en cuenta tanto sus necesidades espirituales como materiales.
El Pontífice se ha expresado así durante la audiencia en el Palacio Apostólico Vaticano con las delegadas del Capítulo General electivo de las Hermanas de la Caridad de Santa Juana Antida Thouret, a quienes ha pedido mantener vivo el carisma recibido de su fundadora.
Asimismo, durante su discurso León XIV ha destacado como una de las claves de esa herencia la “atención al bien integral, espiritual y temporal, del prójimo”, una dimensión que considera especialmente necesaria en el contexto social actual.
El Papa ha situado precisamente en esa fragmentación uno de los desafíos de la caridad cristiana. La sociedad contemporánea, ha advertido, tiende a dividir a las personas tanto en su relación con los demás como interiormente.
Por ello, ha asegurado que esta dimensión integral de la caridad es “fundamental para la recuperación, la promoción y el auténtico respeto de la dignidad de cada uno”, con una atención particular a “los más pobres y necesitados”. “Atesoradla, cultivadla y difundidla”, ha pedido a las religiosas.
León XIV en su audiencia con las Hermanas de la Caridad de Santa Juana Antida Thouret. Foto: Vatican Media
Citando el lema elegido para el Capítulo General, ‘En Cristo las raíces, en el mundo la misión’, el Papa ha señalado que el tener las raíces en Cristo significa ponerlo “solo a Él en el centro de la propia existencia y de los propios pensamientos” y aprender a reconocer y celebrar su presencia en cada momento.
Esa relación con Cristo, ha aseverado, permite también estrechar los vínculos entre las propias religiosas y estar “más cerca también entre nosotras y ser más capaces de ayudar a los demás”.