Más de 100 delegaciones de ambos países se reunieron en Tacna, Perú, durante 3 días
Entre el 22 y el 25 de octubre se realizó en Tacna (Perú) el XXIX Congreso Binacional de bailes religiosos Perú-Chile, con participación de unos 120 representantes de varias ciudades de Chile y 20 del sur de Perú.
Inspirados en el lema “Unidos en Cristo, nuestra danza es tradición viva, oración y misión”, abordaron temas teológicos y compartieron intensas actividades formativas, además de una rica experiencia religiosa durante su peregrinación al Santuario del Señor de Locumba, donde tuvieron también instancias de formación espiritual.
El Congreso culminó con la celebración eucarística de clausura en la Catedral de Tacna, ceremonia en la que también se realizó la entrega del estandarte a la siguiente sede y una procesión de despedida.
El obispo de San Bernardo (Chile), Juan Ignacio González Errázuriz, envió un mensaje de saludo y bendición a los participantes del Congreso en el que les dijo que “constituyen una hermosa expresión de la fe de nuestros pueblos”. Agregó que a través de la música, la danza, los sacrificios y las peregrinaciones, manifiestan públicamente el amor a la Madre de Dios.
Les subrayó, luego, que la devoción mariana tiene siempre a Jesucristo como fin. Citó las palabras de la Virgen en las bodas de Caná, “Hagan todo lo que Él les diga” (Jn 2,5), y recordó que María “no busca nuestra gloria ni quiere detener nuestra mirada en su persona”.
El verdadero devoto de la Virgen, explicó, no solo la honra con cantos y danzas. También procura imitar sus virtudes, vivir los mandamientos de Dios, participar en la Eucaristía, acercarse a los sacramentos y practicar la caridad con los hermanos. “No basta bailar para la Virgen; hay que procurar vivir como verdaderos hijos suyos y discípulos de Jesucristo”, afirmó.
González destacó el significado del Congreso para Chile y Perú, naciones que “comparten profundas raíces cristianas y una historia marcada por la presencia maternal de María”. Señaló que “por encima de las fronteras que distinguen a nuestros países, somos hermanos en Cristo y miembros de una misma Iglesia”. Pidió también que los bailes religiosos sean siempre instrumentos de encuentro, fraternidad y paz entre nuestros pueblos.
Les pidió que estas tradiciones no pierdan su sentido religioso y que las nuevas generaciones reciban, junto con la belleza de las expresiones populares, “el tesoro de una fe viva, fiel a Jesucristo y a su Iglesia”.
El obispo recordó también el Magníficat, «Mi alma canta la grandeza del Señor» (Lc 1,46). Con esas palabras, dijo, la Virgen enseña el sentido más profundo de toda alabanza: «cantar, danzar y celebrar para dar gloria a Dios».