El Papa reclama ante la Jornada Mundial de la Alimentación un “nuevo orden alimentario global”, pide desviar recursos de la industria de la guerra hacia la agricultura sostenible y advierte de que “el pan nunca debe utilizarse como arma de guerra”
El papa León XIV reza el ángelus en Castel Gandolfo. Foto: Vatican Media
“El hambre no puede considerarse una anomalía estadística”. León XIV ha señalado directamente a la falta de voluntad política y de “caridad colectiva” como una de las principales causas de que millones de personas sigan sin tener garantizado el acceso a los alimentos, pese a vivir en una época de avances tecnológicos sin precedentes.
El Papa lo afirma en su mensaje con motivo de la Jornada Mundial de la Alimentación 2026, dirigido al director general de la FAO, Qu Dongyu. Bajo el lema “Innovar hoy para nutrir mañana”, el Pontífice cuestiona un modelo de progreso que mejora dispositivos, algoritmos y sistemas de producción mientras persisten el hambre y la pobreza. “Este no es un problema técnico ni económico, sino una profunda crisis antropológica y ética”, sostiene.
En el texto, León XIV reclama cambiar la forma de entender la innovación y someterla al bien común, la dignidad humana y el cuidado de la tierra. También pide a la FAO y a los Estados abandonar los “diagnósticos abstractos” y actuar con “audacia moral”.
“Cuando la tecnología moderna aplicada a la agricultura despoja al suelo de su fertilidad natural o expulsa al campesino de su tierra para sustituirlo por el frío cálculo financiero, no se trata de progreso, sino de una sofisticada forma de devastación“, advierte el pontífice.
León XIV critica también el uso de la tecnología guiado exclusivamente por intereses económicos y sostiene que la innovación no puede medirse solo por la cantidad de alimentos que consigue producir. Debe valorarse, añade, por su capacidad para proteger la dignidad de las personas y la integridad de los ecosistemas.
En este sentido, contrapone la velocidad con la que avanza la producción a los problemas que siguen existiendo en la distribución. “Se perfeccionan los mercados del grano en las bolsas de valores, mientras la semilla real, la que germina en el surco, cae en manos de monopolios que asfixian a la agricultura de pequeña escala”.
El Pontífice considera “intolerable” que el acceso a bienes básicos continúe dependiendo del lugar o de las posibilidades económicas de cada persona. “Es intolerable que, en una época caracterizada por un progreso técnico sin precedentes, el pan siga siendo un privilegio y el agua una mercancía disputada”, afirma.
El acceso regular a una alimentación “inocua, adecuada, suficiente y acorde con la dignidad de cada persona” es, recuerda, “un derecho humano fundamental”. Garantizarlo constituye una “obligación de justicia” que compromete tanto a los Estados como al conjunto de la comunidad internacional.
El Papa dedica una parte de su mensaje a denunciar la utilización de los alimentos como instrumento económico o político. Para garantizar la alimentación de las próximas generaciones, señala, será necesario “liberar los alimentos de las lógicas puramente especulativas”.
“El pan no es un instrumento de presión geopolítica ni un activo financiero volátil. Nunca debe utilizarse como arma de guerra“, afirma. Impedir que los alimentos lleguen a la población o destruir los medios necesarios para producirlos constituye, a su juicio, “una terrible ofensa a la dignidad humana”.
“El mito del crecimiento ilimitado a pesar de que los recursos son limitados ha llegado a un punto de ruptura”, advierte. Frente a ello, León XIV propone combinar los avances tecnológicos con los conocimientos adquiridos durante generaciones por los agricultores y proteger el agua como un “bien común indivisible”.
El mensaje culmina con una petición concreta a la FAO y a los gobiernos. “Es hora de la audacia moral”, afirma el Papa, antes de reclamar “un nuevo orden alimentario global” en el que la innovación tecnológica quede subordinada a la dignidad humana y al bien común.
“Los recursos invertidos en la industria de la guerra deberían desviarse, por un imperativo ético impostergable, hacia la investigación agrícola sostenible y la regeneración de los suelos degradados”, asevera. Y es que, para el Pontífice, las decisiones actuales determinarán también las condiciones de vida de las próximas generaciones. “El mañana no es un espacio de tiempo abstracto que nos aguarda pasivamente, sino la cosecha de lo que sembramos hoy con nuestras decisiones”, subraya.
“Si sembramos una innovación sin ética, basada en el dominio despótico sobre la tierra y en la exclusión del débil, cosecharemos la aridez y la contienda”, concluye. “Si, por el contrario, la innovación nace del respeto al orden natural y de la justicia hacia los hambrientos, el mañana traerá consigo una mesa colmada que sacie a la humanidad”.