El párroco de Santa Inés reivindica en la jornada Salud Mental 360º by Open Mind, celebrada este martes en la Universidad Complutense, el acompañamiento cotidiano como aportación de la fe ante el sufrimiento psicológico
El sacerdote Jose Delgado en la jornada Salud Mental 360 by Open Mind. Foto: OM
“Para mí la palabra fundamental desde la fe, desde mi vida, es el acompañamiento”. José Delgado Arguibay, sacerdote y párroco de Santa Inés, ha situado así la aportación que una comunidad cristiana puede hacer ante el sufrimiento psicológico: estar cerca cuando la consulta termina y la persona vuelve a enfrentarse a su vida cotidiana.
Lo ha hecho durante la jornada ‘Salud Mental 360º by Open Mind’, celebrada este martes en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, un encuentro que ha abordado la salud mental desde la educación, el trabajo, el deporte, la tecnología, la diversidad, la espiritualidad y la atención profesional con motivo de la celebración, el próximo 10 de octubre, de la Jornada Mundial de la Salud Mental.
“Cuando no está la familia o cuando no hay una comunidad que te acoge, ¿qué haces?”, ha preguntado Delgado, subrayando que existe un límite claro en el que la espiritualidad no sustituye a la psicología ni a la psiquiatría cuando una persona necesita atención profesional. La aportación de la comunidad creyente se juega en “los vínculos, la presencia y el acompañamiento del día a día”.
Delgado ha recordado, además, los trece años en los que convivió, junto a otros sacerdotes, con personas que atravesaban situaciones especialmente complejas. Por aquella casa pasaron jóvenes expulsados de sus hogares, personas que intentaban dejar las drogas y otras con trastornos mentales graves.
Su tarea, ha explicado, consistía muchas veces en acompañarlas para que pudieran continuar aquello que los profesionales les habían indicado y evitar que la enfermedad terminara ocupándolo todo. “Para mí la palabra fundamental desde la fe, desde mi vida, es el acompañamiento”, ha insistido.
Y es que entre una consulta y la siguiente siguen estando las comidas, el trabajo, las noches, las relaciones y, en ocasiones, la soledad. Es en ese espacio cotidiano donde una familia, una amistad o una comunidad creyente pueden marcar una diferencia sin asumir funciones que corresponden al ámbito clínico.
Delgado ha recurrido también a una experiencia anterior a su propia conversión, cuando tenía 25 años y conoció a una persona que atravesaba una depresión profunda y que había intentado suicidarse en dos ocasiones. Sin embargo, “fue él quien me enseñó todo sobre la esperanza”.
La experiencia le ha servido para recordar que una persona que sufre no queda reducida al papel de quien necesita ser ayudado, sino que también puede sostener a otros, crear vínculos y transformar la vida de quienes tiene cerca. “No todos podemos ser terapeutas, pero todos podemos ser terapéuticos para otras personas”, ha incidido el psiquiatra Eduardo Vera.
Vera ha defendido la necesidad de “acudir a profesionales cuando el malestar se mantiene, la persona queda atrapada en el sufrimiento o comienza a aislarse”. Al mismo tiempo, ha reivindicado “la escucha y la capacidad de acompañar” como recursos que no pertenecen únicamente a la consulta.
En el ámbito religioso, esa distinción cobra una importancia especial. Delgado ha defendido que una persona con un problema de salud mental necesita, ante todo, buenos profesionales capaces de atender aquello que le ocurre. También ha considerado positivo que el terapeuta pueda comprender las distintas dimensiones que forman parte de la identidad del paciente, incluida la espiritualidad cuando ocupa un lugar relevante en su vida.
Preguntado por la conveniencia de contar con profesionales sensibles ante la experiencia religiosa, Delgado ha señalado que el terapeuta debe ser capaz de “acoger cualquier realidad”. Asimismo, ha subrayado que, para una comunidad cristiana, esto implica conocer también sus propios límites: escuchar, estar presente y detectar cuándo una situación requiere ayuda especializada.
La misma lógica ha aparecido durante la jornada al hablar de los adolescentes. Jesús Chico, jefe de estudios de ESO en el colegio concertado Santa María de los Apóstoles de Madrid, ha reivindicado el papel preventivo de los centros educativos. “Creo que quizás la solución esté en la educación”, ha afirmado.
La experiencia cotidiana del colegio muestra, además, que muchas veces no es el propio joven quien da el primer paso. “En nuestro cole muchas veces lo que ocurre es que son sus amigos los que vienen a decirnos que está mal”, ha explicado Chico.
Que un adolescente sea capaz de detectar que un compañero está sufriendo y acudir a un adulto puede convertirse así en el comienzo de una intervención. En este sentido, el amigo no necesita saber qué diagnóstico existe ni cómo tratarlo, sino darse cuenta de que algo ocurre y pedir ayuda.
Sonia García Gómez, representante de ANPE Nacional, ha trasladado esta preocupación a quienes trabajan diariamente con los alumnos. “Cuidar a nuestros docentes es cuidar de nuestro alumnado”, ha señalado. Por su parte, Joaquina Soltero, psicóloga clínica y deportiva y coach ejecutiva, ha señalado que “la sobrecarga, la falta de recursos, la hiperconexión o la dificultad para desconectar como algunos de los problemas que llegan a consulta desde el mundo profesional” y destacó la necesidad de actuar antes de llegar a situaciones de “desgaste extremo”.
Por otro lado, la jornada ha abordado, asimismo, la importancia de que la atención psicológica comprenda el contexto y la identidad de cada persona. Joaquina Soltero explicó la necesidad de contar con profesionales formados y con experiencia específica en la atención a personas LGTBI “para facilitar un espacio seguro y una mayor alianza terapéutica”.
El deporte ha protagonizado otro de los momentos centrales del encuentro. Vicente del Bosque recurrió a su experiencia como jugador y entrenador para recordar la importancia de gestionar grupos sometidos a presión y mantener el equilibrio incluso en situaciones de máxima exigencia. El exseleccionador ha recordado incluso su reacción contenida tras el gol de Andrés Iniesta en la final del Mundial de Sudáfrica de 2010 como ejemplo de la necesidad de gestionar las emociones en momentos límite.
“Creo mucho en ese equilibrio emocional”, ha afirmado Del Bosque. “Sin eso es difícil que podamos progresar”, añadió, antes de reivindicar también el papel de los profesionales para conseguir “un equipo sano” y “un clima laboral sano”.
Finalmente, uno de los ejes de la jornada ha sido precisamente cómo facilitar ese primer paso. Iván Pernía ha presentado EmpatÍA, una nueva herramienta de acompañamiento emocional desarrollada por Open Mind y validada por un equipo de psicólogos y psiquiatras para ofrecer un espacio de conversación, orientación y acceso a recursos a través de la tecnología. “Lo que estamos haciendo es poner el foco en la prevención”, explicó Pernía, quien resumió el planteamiento de la herramienta con una idea: “No tienes que llegar al límite para ir a terapia; puedes actuar antes para prevenir”.
En este sentido, EmpatÍA está concebida como una puerta de entrada y no como sustitución del profesional: puede orientar, ofrecer recursos o ayudar a identificar cuándo es necesario acudir a una persona o servicio especializado.