Procesión en Matagalpa. Foto: Diócesis de Matagalpa
Días atrás, el 24 de septiembre, el régimen nicaragüense permitió una procesión en la Diócesis de Matagalpa. Un hecho significativo, pues su obispo, Rolando Álvarez, lleva exiliado en Roma desde enero de 2024, tras pasar varios meses en la cárcel por oponerse a los mandatarios, Daniel Ortega y Rosario Murillo.
Así, siete años después de la última vez, la Virgen de la Merced volvió a salir a las calles de Matagalpa. Algo que compartió en sus redes sociales la propia Iglesia local, que mostró cómo cientos de personas (incluidos sacerdotes y religiosas) acompañaban a la imagen mariana en un ambiente de honda emoción y alegría.
Ni las autoridades políticas ni las religiosas han explicado qué ha podido cambiar para que, tras varios años de hostigamiento a la Diócesis de Matagalpa, una de las más perseguidas por el régimen sandinista, ahora se haya permitido esta procesión.
Ese mismo día, por cierto, la Virgen de la Merced también procesionó en las calles de León, cuyo obispo, René Sándigo, según el diario ‘La Prensa’, “es considerado cercano a la dictadura”.
En declaraciones a ese mismo medio local, Martha Patricia Molina, quien lleva varios años documentando en informes la persecución de Ortega y Murillo contra la Iglesia, insiste en que “el asedio no ha desaparecido o disminuido”.
A su juicio, “la dictadura, con esta actitud de permitir la salida de esas dos procesiones, lo ha hecho porque son las más visibles y desean, como siempre, proyectar una paz inexistente”.