Tras amenazar Daniel Ortega con que en Nicaragua “no volverá a haber elecciones”, lo cierto es que el mandatario está promoviendo en el Parlamento una reforma constitucional para articular cómo serán de ahora en adelante los comicios.
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Eso sí, como anunció el 3 de agosto en un acto en Managua, no permitirá que concurran a ella “terroristas y golpistas”; una categoría en la que, a su juicio, se incluyen todas las fuerzas de la oposición.
Los mandatos presidenciales se ampliarán de cinco a siete años
Además, de su proyecto de ley que está tramitándose en la Asamblea Nacional se conoce que los mandatos presidenciales se ampliarán de cinco a siete años, siendo renovables y sin límite alguno.
“Se pasa de una dictadura hegemónica a otra dinástica y vitalicia”. Así lo denuncia a Vida Nueva Gabriel Putoy, opositor nicaragüense exiliado en Costa Rica, donde participa en actividades de concienciación en el Centro de Derechos Humanos.
Siempre activo, este laico muy cercano a los salesianos acaba de volver de una gira por Europa junto al misionero español Rafael Aragón, también exiliado en la capital costarricense, donde consiguieron hacer llegar una carta a León XIV. En su paso por Madrid, semanas atrás, ya compartieron su testimonio con Vida Nueva.
La deriva del régimen hacia el totalitarismo
Como deplora, la deriva del régimen hacia el totalitarismo es total: “Primero, Ortega y Murillo dicen que no volverá a haber elecciones. Y, a continuación, aseguran que las habrá, pero sin la oposición. No, evidentemente, no dan ‘marcha atrás’, pues eso solo sucedería con sufragios competitivos, pluralistas, transparentes y supervisados por la comunidad internacional”.
Con esta reforma constitucional, “el régimen pretende ganar tiempo para que los que vayan a asumir cargos en su dictadura dinástica se preparen para adquirir ese rol que le han asignado. Eso ya lo hizo Anastasio Somoza en 1939 para preparar a sus hijos para que luego llevaran las riendas de su dictadura”.
En el fondo, Putoy advierte de una intención de “abandonar los valores occidentales y abrazar el modelo político y religioso chino, donde hay un Partido único y las elecciones son de modo asambleísta”.
La soberanía ya no reside en las instituciones
Así, “lo preocupante es que Ortega no nos está diciendo ‘el Estado soy yo’, sino ‘el pueblo soy yo’. En Nicaragua, la soberanía ya no reside en las instituciones, sino en él”.
Como concluye este laico, “Ortega ya no es solo un problema de los nicaragüenses, sino que lo es de toda la región en América Latina. Por eso le reclamamos a la comunidad internacional una posición seria y contundente, para que, juntos, le digamos a Ortega: ‘Basta ya’”.
Y es que “un modelo político en el que un presidente deja se ser un representante temporal elegido por la ciudadanía y pasa a presentarse como la encarnación de la voluntad popular es muy peligroso. Hay que acabar con esta dictadura dinástica y vitalicia, pues el pueblo no es él, sino que lo somos todos los nicaragüenses”.
