Europa

León XIV a la Iglesia francesa: “La comunidad cristiana no es un refugio en el que replegarse”

| 25/09/2026 - 18:17

Durante las vísperas en Notre-Dame, el Papa ha pedido una Iglesia “viva, multiforme y cercana”, ha reivindicado a los laicos como su “avanzada viva” y ha recordado que “la pobreza de medios no impide la misión”





“La comunidad cristiana no constituye un refugio en el que replegarse para protegerse de su época”. León XIV ha pedido este viernes a la Iglesia francesa que no responda a los cambios sociales encerrándose sobre sí misma, sino saliendo al encuentro de quienes están lejos, de las periferias y de los extranjeros.



Lo ha hecho durante las vísperas celebradas en Notre-Dame de París, adonde ha llegado a las 17:00 horas en coche descubierto. Tras recorrer a pie un tramo entre los fieles, el Papa ha sido recibido por el arzobispo de París, Laurent Ulrich, y ha entrado en la catedral, donde ha rezado ante el Santísimo y ha venerado la Corona de espinas antes de encontrarse con obispos, sacerdotes, diáconos, consagrados y seminaristas de toda Francia.

Siete años después del incendio que devastó Notre-Dame, León XIV ha utilizado precisamente su reconstrucción como imagen de la tarea que tiene por delante la Iglesia en el país. “Notre-Dame es mucho más que un monumento”, ha afirmado. La participación colectiva en su restauración demuestra, a su juicio, que allí “late el corazón de un pueblo” y que “el pasado y el futuro se abrazan”.

Una Iglesia que salga al encuentro

El Papa ha pedido a la Iglesia francesa que se deje interpelar por lo sucedido alrededor de la catedral, cuya reconstrucción ha permitido “ensanchar los espacios de acogida y participación más allá de las fronteras de la pertenencia eclesial”.

“Queridos obispos, sacerdotes, diáconos, consagrados y seminaristas de Francia: ¡déjense inspirar por lo que ha sucedido aquí!”, ha reclamado, antes de pedir que den prioridad a la conversión misionera propuesta por Francisco en ‘Evangelii gaudium’.

Asimismo, León XIV ha recordado que los cristianos están llamados a vivir precisamente en un mundo “ya habitado, ya en movimiento, ya marcado por las miserias y la bondad de los seres humanos”. Por eso, ha insistido, “los cristianos no huyen de la complejidad”.

La Iglesia debe ser, por el contrario, “un espacio de acogida, respeto, revelación y sentido para todos”. “Ahí reside la fuerza de una Iglesia viva: acoger la periferia que ya se encuentra en su corazón, acoger a quien está lejos, pero en realidad ya está cerca, acoger al extranjero en quien Cristo llama ya a la puerta”.

“La pobreza de medios no impide la misión”

La llamada no se dirige únicamente a las grandes ciudades. León XIV ha mencionado expresamente las zonas rurales, las regiones periféricas y los territorios de ultramar para reclamar una presencia misionera capaz de llegar a todo el país. “Desde las costas del Norte hasta el Mediterráneo, desde las regiones del interior hasta los Departamentos de Ultramar, sean una Iglesia viva, multiforme y cercana”, ha pedido.

Del mismo modo, ha lanzado un mensaje especialmente dirigido a las comunidades con menos recursos: “La pobreza de medios no impide la misión”. En este camino, el Papa ha colocado también en primer plano a los laicos. Ha pedido que se valore “con confianza” su presencia misionera y los ha definido como “la avanzada viva de la Iglesia en las encrucijadas de la vida cotidiana”.

Notre-Dame no es solo “una envoltura de piedra”

“La catedral no es una envoltura de piedra destinada a ser admirada”, ha continuado el pontífice. Notre-Dame vive, ha explicado, de la oración y de la liturgia que se celebra en su interior. “Privada de la acción litúrgica, perdería su alma”.

Asimismo, el Papa ha relacionado precisamente esa experiencia con una sociedad que ha descrito como “híper-conectada y ruidosa”. En una época “que parece privada de plenitud, profundidad y promesas”, la sencillez del canto, la palabra y el gesto litúrgico puede convertirse para muchos en “un destello de esperanza” y “un oasis de paz”.

Pero la oración, ha advertido, no aleja de la realidad. Permite mirar la historia con mayor conciencia de las propias responsabilidades, “desenmascarar relaciones injustas de poder” y preservar las semillas de justicia y paz. “Es, pues, la esperanza la que nos anima, no la resignación”, ha resumido.

Por encima de las sensibilidades personales

Por otro lado, el Papa ha reclamado que la liturgia se celebre “con dignidad y decoro” incluso en las comunidades más pequeñas, ha recordado la centralidad que le otorgó el Concilio Vaticano II. “Antepongan la comunión con el Sucesor de Pedro y con la Iglesia a sus sensibilidades personales”, ha pedido a los presentes.

La alegría eucarística, ha señalado, se hace visible “allí donde se recupera la armonía, donde renace la dignidad, donde la autoridad se convierte en servicio, donde la libertad vuelve a abrirse camino”. “Juntos seremos la profecía de que un mundo reconciliado es posible”, ha aseverado.

El Papa en Notre Dame. Foto: Vatican Media

Una Iglesia que “no teme el futuro”

En la última parte de la homilía, el Papa se ha dirigido especialmente a obispos, sacerdotes, seminaristas y consagrados para pedirles que no descuiden la oración personal, a la que ha definido como “fundamento esencial de toda vocación”.

“Pastores y consagrados de Francia, están llamados a ser los primeros custodios de esta casa abierta, piedras vivas de una Iglesia que espera y no teme el futuro”, ha subrayado el Papa. “Esta catedral ha renacido para que ustedes puedan renacer con ella”, ha concluido, antes de encomendar a la Virgen de Notre-Dame la misión de la Iglesia y al pueblo francés.

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