La relación entre diócesis y congregaciones religiosas podría dejar de depender de acuerdos informales o de la buena voluntad de sus responsables. El Sínodo propone que obispos e institutos religiosos firmen “acuerdos obligatorios” que regulen por escrito cuestiones tan sensibles como la misión pastoral, la formación, las remuneraciones, la igualdad entre hombres y mujeres o la gestión de los bienes.
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La propuesta forma parte del informe final del Grupo de Estudio n. 6, publicado este martes por la Secretaría General del Sínodo tras recibir el visto bueno de León XIV para hacerlo público.
El texto parte de que la relación entre obispos, vida consagrada y nuevas realidades eclesiales necesita una “conversión relacional” que permita superar dinámicas exclusivamente jerárquicas o funcionales. El objetivo, señala el informe, es avanzar hacia vínculos basados en la confianza, la escucha y el “generoso intercambio de dones”.
Contratos, plazos y rendición de cuentas
Una de las propuestas más concretas es establecer “acuerdos obligatorios” entre diócesis e institutos. Según el texto, estos convenios deberían regular “la misión, la formación, la paridad de género, las remuneraciones y la gestión patrimonial”.
El informe propone acompañarlos, además, de “comités de conciliación, fechas límite e indicadores de rendición de cuentas”, de manera que existan mecanismos concretos para resolver los conflictos que puedan surgir.
Una forma de evitar que cuestiones especialmente delicadas —desde quién asume determinadas responsabilidades pastorales hasta qué ocurre con los bienes cuando desaparece una comunidad— queden abiertas a interpretaciones o dependan únicamente de relaciones personales.
Criterios comunes para las nuevas congregaciones
El documento entra también en campos más sensibles, como la aprobación de nuevos institutos, sociedades de vida apostólica y otras formas emergentes de vida consagrada.
Ante ello, el Grupo de Estudio propone elaborar “criterios teológico-jurídicos de discernimiento” que permitan discernir estas nuevas realidades con parámetros comunes. Con esto se pretende ofrecer herramientas más claras a los obispos cuando tengan que valorar la autenticidad, viabilidad y encaje eclesial de una nueva fundación.
Además, el informe plantea el nombramiento, “en cada diócesis, de un delegado o vicario para la vida consagrada”, así como encuentros anuales entre obispos, personas consagradas y conferencias de superiores mayores.
Por otro lado, el Sínodo presta atención a la realidad de las congregaciones envejecidas, con pocas vocaciones y obligadas a cerrar comunidades. El documento reclama un “acompañamiento sinodal durante las transiciones más delicadas” por las que atraviesan muchos institutos.
Ese acompañamiento debería incluir visitas personalizadas, espacios de diálogo y apoyo espiritual, pero también afrontar cuestiones muy concretas como la supresión de comunidades o el destino de sus bienes.
La intención es que estos procesos no se gestionen exclusivamente como un problema administrativo o patrimonial, sino como una cuestión que afecta a la vida de las personas y a la misión de la Iglesia.
Religiosos en las estructuras de decisión
El informe plantea también una mayor presencia de la vida religiosa dentro de las propias estructuras eclesiales. Para ello propone, entre otras medidas, “la presencia de delegados religiosos en las conferencias episcopales” y la “representación plena de las personas consagradas y de los laicos en los organismos decisionales”.
También reclama formación conjunta en ámbitos como la sinodalidad, la eclesiología y el liderazgo, con módulos que puedan realizarse “conjuntamente en los seminarios, noviciados y centros de formación”.
En cuanto a las asociaciones de fieles, movimientos eclesiales y nuevas comunidades, el Sínodo propone que estas realidades “se integren sistemáticamente en los planes pastorales diocesanos y organismos de participación”, entre ellos consultas, consejos pastorales y asambleas sinodales.
Además, plantea crear redes entre ellas para “elaborar proyectos en común, compartir recursos y promover la complementariedad carismática”.
