El antiguo prefecto de Doctrina de la Fe acusa al episcopado de “abuso de autoridad espiritual” por sus advertencias electorales sobre la AfD y sostiene que no puede presumirse que millones de votantes alberguen ideas racistas o nacionalistas
El cardenal Gerhard Müller
El debate sobre la extrema derecha ha terminado abriendo una grieta pública dentro de la Iglesia alemana. El cardenal Gerhard Ludwig Müller, antiguo prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha cargado contra los obispos que en las últimas campañas electorales han advertido a los católicos frente a la AfD y les ha recordado que decidir qué partido debe gobernar corresponde a los votantes, no a los pastores.
“Algunas declaraciones peculiares realizadas por obispos alemanes con motivo de las elecciones federales, estatales y locales requieren aclaración desde un punto de vista teológico”, ha escrito Müller en un artículo.
“Bajo ninguna circunstancia deben utilizar su autoridad espiritual en la legítima lucha por la mayoría de los votos […] a favor o en contra de ningún partido político en particular”, insiste. Y es que, para el cardenal, hacerlo supondría “un abuso de autoridad espiritual con fines políticos”.
Las palabras de Müller llegan después de que distintos responsables de la Iglesia alemana hayan elevado el tono frente a Alternativa para Alemania (AfD).
La propia Conferencia Episcopal aprobó en 2024 una declaración contra el nacionalismo étnico en la que consideraba incompatible esa ideología con la concepción cristiana de la persona. Más recientemente, su presidente, Heiner Wilmer, ha advertido de que la AfD “ataca” valores fundamentales y propone “una sociedad en la que la libertad, la dignidad humana y la democracia se ven restringidas”.
Müller cuestiona ahora que esa valoración pueda trasladarse a millones de ciudadanos que votan al partido. “Presumir que un solo partido y sus votantes albergan inherentemente ideas racistas o nacionalistas es una afirmación sin fundamento”, sostiene. A su juicio, resulta “difícil, o incluso imposible, comprender que millones de nuestros conciudadanos alemanes hayan podido adoptar una ideología tan descabellada”.
Müller reconoce en su escrito que tiene “el derecho y el deber” de advertir a los fieles cuando se vulneran principios esenciales de la fe o los mandamientos de Dios. Y pone incluso un ejemplo relacionado con la inmigración: también tendría que intervenir “si los extranjeros, incluso aquellos que residen aquí ilegalmente, fueran tratados de manera ilegal e inhumana”.
Sin embargo, niega es que esa autoridad se extienda al voto. “Todo católico tiene derecho a votar por el partido que considere”, insiste. “En unas elecciones democráticas, todo católico tiene derecho a votar por el partido que considere más capacitado para resolver los problemas del país que otros partidos”, sostiene.
“Debe dejar con confianza en manos de los votantes la decisión sobre qué partido obtiene la mayoría y en manos de las autoridades estatales responsables la protección de la democracia”, subraya el cardenal.
Por otro lado, el antiguo responsable doctrinal del Vaticano defiende que obispos, sacerdotes y fieles tienen la obligación de enfrentarse a “las ideologías ateas y antihumanas” y defender principios que trascienden los intereses de cualquier Estado, como “la paz, la justicia social y la dignidad humana”. También rechaza “cualquier clasificación de las personas en estamentos, clases, castas o razas, ya sea superior o inferior”.
“La necesaria aplicación de los principios morales a la política debe distinguirse de la injerencia ilegítima en la campaña electoral”, advierte.
Por todo ello, Müller asegura que le resulta “sumamente molesto” ver a obispos, sacerdotes, asociaciones o instituciones católicas aparecer junto a determinados movimientos políticos o ideológicos.
Porque, sostiene, cuando eso sucede “la Iglesia se presenta como un actor político y, por lo tanto, traiciona su misión”.
Para fundamentar su posición recurre al Concilio Vaticano II y a Lumen gentium, recordando que la Iglesia “no se funda para buscar la gloria terrenal” sino para anunciar el Evangelio y servir especialmente a quienes sufren.