En su mensaje de apertura del curso académico, aseveró que la universidad católica tampoco puede estar quieta “ante la pobreza y la desigualdad… ni puede observar pasivamente el desarrollo de la inteligencia artificial”
Foto: Obispo Ramón Castro Castro
El obispo de Cuernavaca y presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, Ramón Castro Castro, en su cargo de vice gran canciller de la Universidad Pontificia de México, afirmó que esa institución no debe permanecer indiferente ante la violencia en el país.
En su mensaje de apertura del curso académico, el 21 de agosto, aseveró que la universidad católica tampoco puede quedar pasiva “ante la crisis de confianza en las instituciones, ante la pobreza, la desigualdad, la migración, la fragilidad de las familias o la crisis ecológica”.
De igual modo, dijo, “tampoco puede observar pasivamente el desarrollo de la inteligencia artificial. Necesitamos investigaciones que no se limiten a preguntar qué puede hacer la tecnología, sino también qué debería hacer con ella una sociedad que busca hacer presente el Reino de Dios”.
Manifestó que la Universidad Pontificia de México (UPM) “debe entrar allí donde la humanidad está formulando sus preguntas más difíciles. Allí tiene algo que aportar… ante transformaciones profundas: nuevas generaciones con otros lenguajes, disminución de las vocaciones… inteligencia artificial”.
Aseveró que el nuevo curso que inicia “puede ser, una oportunidad providencial para preguntarnos qué quiere suscitar el Espíritu Santo en nuestra universidad… ante la violencia, polarización social y una cultura en la que la verdad compite permanentemente con la velocidad de la información”.
“Una Universidad Pontificia está invitada a mirar la realidad con los ojos de la fe y con la seriedad de la inteligencia”, añadió.
Ante alumnos, profesores, trabajadores y autoridades de la universidad, el obispo aseguró que el pensamiento puede convertirse en acto de amor: “estudiar, investigar, enseñar, cuestionar, argumentar, leer críticamente, contrastar fuentes”.
Asimismo, reconocer los límites de una hipótesis, “dejarse corregir por la realidad: todo ello puede formar parte de una vida intelectual cristiana“.
Respecto a la inteligencia artificial, aseveró que esta “puede procesar información; no puede sustituir la conciencia, la libertad, la experiencia del amor, el sufrimiento, la responsabilidad ni la búsqueda del sentido”.
Precisamente por eso, dijo, “cuanto más poderosa sea la tecnología, más necesaria será una universidad que enseñe a pensar humanamente. No sean esclavos de la tecnología“.
Refirió que el papa León XIV “ha llevado esta intuición todavía más lejos al hablar de las universidades católicas como lugares de una verdadera ‘diaconía de la cultura’: menos espacios cerrados sobre sí mismos y más mesas donde sea posible sentarse juntos, tocar las heridas de la historia y buscar sabiduría”.
“El papa León XIV ha señalado recientemente que la Universidad Católica tiene la responsabilidad de formar personas capaces de poner sus conocimientos al servicio de sus comunidades y de buscar la verdad en todas sus dimensiones, desde la convicción de que fe y razón se sostienen mutuamente”.
El obispo Castro deseó que los alumnos encuentren en la UPM “algo más que un título: una comunidad que les enseñe a pensar y a vivir. Que nuestros profesores encuentren aquí no solamente un espacio laboral, sino una verdadera vocación intelectual”.
“Que quienes colaboran en esta casa sepan que su trabajo cotidiano participa de una misión mayor. Y que esta universidad pueda ofrecer a la Iglesia aquello que solamente una institución universitaria puede ofrecerle: una inteligencia creyente capaz de entrar en diálogo con su tiempo sin dejar de buscar la verdad”.
Consideró necesario “abrir más decididamente la universidad a los laicos. La Iglesia mexicana demanda hombres y mujeres capaces de pensar cristianamente en la escuela, la empresa, los hospitales, los medios de comunicación, la política, la cultura, la investigación científica y las nuevas tecnologías”.
“Que la Universidad Pontificia de México haga honor a aquello que lleva inscrito en su propia identidad: Alma veritatis parens. Alma que busca la verdad. Alma que la contempla. Alma que la enseña. Alma que la discierne. Alma que la pone al servicio de la humanidad…”.