El obispo de Tarbes y Lourdes, Jean-Marc Micas, comunicó el pasado 13 de agosto que la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) tiene prohibido celebrar y orar de forma pública en el interior del santuario mariano. Esta drástica medida representa una de las primeras consecuencias a nivel local tras la reciente excomunión dictada contra este grupo tradicionalista.
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En un comunicado, recogido por La Croix, Micas justificó su decisión señalando que, “a raíz del decreto de cisma y excomunión publicado por la Santa Sede”, se ve en la obligación de no “autorizar la celebración de la misa ni la de los demás sacramentos, ni siquiera las oraciones públicas de la Fraternidad San Pío X en el interior del santuario”.
Fin a la peregrinaje internacional
Con esta prohibición, el importante lugar de peregrinación católico ha buscado anticiparse a los acontecimientos futuros, ya que la FSSPX organiza anualmente una multitudinaria peregrinación internacional al complejo mariano coincidiendo con el domingo de Cristo Rey. Dicho evento estaba programado para este 2026 a partir del 24 de octubre, con una duración de tres días.
Históricamente, este encuentro incluía misas en la basílica de San Pío X, confesiones, viacrucis, procesiones y el rezo del rosario en la Gruta. Aunque no se ha pronunciado formalmente una cancelación, la directriz del obispo impide que dicha peregrinación se celebre bajo su formato habitual.
El origen
La situación canónica de la Fraternidad, que ya era irregular, se precipitó el 1 de julio en Écône (Suiza), cuando consagraron a cuatro nuevos obispos sin el mandato pontificio y en contra de la voluntad del Papa. Al día siguiente, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe declaró la excomunión de los cuatro nuevos obispos, de los dos consagrantes, de todos los sacerdotes de la FSSPX y de los fieles que se adhieran pública y formalmente al movimiento.
Esta “situación nueva en las relaciones entre la FSSPX y la Iglesia católica” fue lo que impulsó a Micas a replantear la presencia de la Fraternidad en el santuario. El prelado explicó que tomó consejo “de mis colaboradores por una parte, y de otras personas competentes por otra”, afirmando que “las indicaciones que resultan de estas consultas son claras” para respaldar su veto a los sacramentos y oraciones públicas del grupo.
Pese a la firmeza de la resolución para actuar conforme al derecho de la Iglesia, el obispo reconoció tener “bien presente el dolor y quizá la incomprensión” que esta orden causará. En su escrito, Micas expresó el sufrimiento que supone el desgarro de la “túnica de Cristo” y advirtió sobre las divisiones internas que “escandalizan a los pequeños y obstaculizan nuestro testimonio evangélico de la Iglesia”.
No obstante, el obispado quiso matizar que los fieles de la Fraternidad no tienen prohibida la entrada a la ciudad mariana a título individual. “Es evidentemente posible a cualquiera que lo desee, acudir libremente a la Gruta o a todos los lugares del Santuario para rezar allí de manera privada”, aclaró el prelado. Esto significa que cualquier devoto de la comunidad podrá circular por el recinto siempre que no se manifieste públicamente como miembro de la FSSPX, siendo las manifestaciones públicas las que quedan vetadas.
