León XIV advirtió sobre el peligro de convertir la fe en una simple costumbre y llamó a los fieles a dejarse transformar por la amistad con Dios
León XIV en el ángelus. Foto: EFE
Este domingo 23 de agosto, el papa León XIV, como de costumbre se asomó a la ventana del Palacio Apostólico Vaticano para rezar el ángelus ante los fieles y peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro. Durante su alocución, el pontífice centró su reflexión en el pasaje del Evangelio en el que Jesús interpela directamente a sus apóstoles con la pregunta: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”.
En los saludos posteriores, el pontífice recordó la epidemia de ébola que se vive en la República Democrática del Congo y reclamó una respuesta de la comunidad internacional junto con la local para reforzar la prevención que puede salvar vidas humanas. También mostró su cercanía a las víctimas de una mina que se ha derrumbado en la República Centroafricana y reclamó la legalidad de estas estructuras. Además, en el aniversario del terremoto del centro de Italia animó a la reconstrucción.
El Papa subrayó que este interrogante es fundamental para los discípulos de todos los tiempos y explicó que la fe no es algo que se recibe de forma estática. Por el contrario, señaló que los creyentes tienen la necesidad constante de profundizar en el mensaje de Cristo para lograr vencer la tentación “de creer que ya lo sabemos todo y de convertir la fe en una mera costumbre”.
En su mensaje, el pontífice invitó a los cristianos a examinar si en su vida diaria ven a Jesús únicamente como un gran personaje histórico que hizo cosas importantes, o si lo reconocen como “el Cristo de Dios, Aquel que fue enviado para hacernos partícipes del amor del Padre y transformar nuestra vida y el mundo en el que vivimos”.
Asimismo, pidió a la Iglesia y a los fieles no quedarse atrapados en las propias certezas religiosas ni conformarse simplemente con “lo que se dice” o con las tradiciones heredadas. Destacó que “Jesús nos llama a una respuesta personal, a conocerlo de cerca, a dejarnos transformar por la amistad con Él, en un encuentro siempre nuevo”.
Para finalizar, advirtió que esta apertura espiritual es necesaria tanto en el camino personal como en las decisiones pastorales, evitando el pensamiento de que basta con seguir haciendo las cosas como siempre se han hecho. Como guía de reflexión diaria, el Papa dejó a los presentes varias preguntas esenciales: “¿Quién es el Señor para mí? ¿Lo conozco realmente? ¿Qué me pide hoy su Evangelio?”. Concluyó su mensaje pidiendo la intercesión de la Virgen María para que guíe a todos en el camino de la fe.