La prefecta para la Vida Consagrada contrapone la “cultura de la potencia” a la “civilización del amor” en la apertura del Congreso de la Confederación Mundial de Institutos Seculares
Apertura del Congreso de la Confederación Mundial de Institutos Seculares (CMIS) en Madrid. Foto: CMIS
Con la participación de delegados de todo el mundo, dio comienzo en Madrid el congreso y la asamblea de la Confederación Mundial de Institutos Seculares (CMIS), encuentro que se celebra del 18 al 22 de agosto de 2026 –con visita a Ávila incluida– bajo el lema “¿En el corazón del mundo como profecía de esperanza?”. En la apertura participó la misionera de la Consolata Simona Brambilla, prefecta del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, con una alocución titulada “Vivir dentro”.
Tomando como hilo conductor la Encíclica ‘Magnifica humanitas’ del papa León XIV, Brambilla destacó que el diálogo con las realidades temporales no constituye para la Iglesia una mera táctica circunstancial, sino la esencia misma de su misión. Como el fermento en la masa, el evangelio está llamado a transformar desde el interior las estructuras de la convivencia y abrir horizontes hacia una humanidad más plena.
Durante su intervención, la prefecta profundizó en el carisma específico de los institutos seculares valiéndose de las parábolas del grano de mostaza, la semilla y la levadura. Citando la enseñanza de León XIV, advirtió contra la tentación recurrente de concebir a Dios como una figura poderosa que se impone con fuerza, busca dominar espacios o actúa de forma estruendosa.
Al abordar la relación entre evangelio y cultura, Brambilla hizo referencia a la exhortación apostólica ‘Evangelii Nuntiandi’ de Pablo VI. Utilizando la analogía antropológica del iceberg, explicó que los aspectos materiales y visibles de una cultura representan apenas un 10% de su conjunto, mientras que el 90% restante permanece sumergido en forma de valores centrales, presupuestos inconscientes y modelos de pensamiento.
Ante este panorama, la religiosa propuso unas claves:
Brambilla también incorporó a su reflexión sore la crisis en Tierra Santa y los diversos escenarios de guerra, polarización y tensión interpersonal e institucional del mundo actual. La prefecta subrayó que la pregunta decisiva para los creyentes no es cómo huir del desorden o resolverlo de manera mágica, sino cómo habitarlo como cristianos sin dejarse contagiar por la lógica de la división, el odio o la venganza.
Inspirándose en las visiones de la Jerusalén celestial del Apocalipsis, invitó a mirar la realidad con la “luz del Cordero” –luz pascual de entrega y servicio– y actuar como hojas del “árbol de la vida” para curar la memoria tóxica de la humanidad mediante la fuerza del perdón.
Finalmente, Simona Brambilla relacionó las dos grandes lógicas analizadas por los recientes pontífices con la meditación de las Dos Banderas de los Ejercicios Espirituales de san Ignacio de Loyola:
“Vivir dentro exige descender al campo de la historia concreta, renunciando a dejarnos enrolar por la violencia y manteniéndonos firmes en la fuerza mansa del amor. Estamos llamados a ser personas-remedio, frágiles hojas que, transformadas en bálsamo, curan a las naciones desde las raíces de la vida herida”, concluyó la prefecta, encomendando los trabajos de la Asamblea a la protección de la Madre de Dios.