El arzobispo porteño llamó a curar los vínculos entre los argentinos

En el marco de la 52º peregrinación juvenil a Luján sostuvo que la Patria tiene muchos abrazos pendientes y pidió dejar atrás la descalificación y el odio

El arzobispo porteño llamó a curar los vínculos entre los argentinos
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Este fin de semana se realizó la tradicional Peregrinación Juvenil a la Basílica de Luján para visitar a la Patrona de la Argentina. Los fieles enfrentaron los casi 60 kilómetros de caminata, y una persistente lluvia durante la primera parte del trayecto. Sin embargo, la constancia, el empuje, y el amor a María permitieron ese encuentro con la Madre.



Durante esta 52º edición, las fotografías se repetían: oración, cantos, rosarios y mucha alegría de los peregrinos que en familia o grupos y comunidades o grupos parroquiales se fueron acercando  a los pies de la Virgen con deseos, pedidos, agradecimientos y esperanzas.

Peregrinos Bajo La Lluvia

Los peregrinos caminaron, bajo la lluvia, cerca de 60 km para visitar a la Virgen de Luján – Foto: Eclesia

Un abrazo que sostiene

El arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, después de hacer su propia peregrinación,  presidió la misa central de este acontecimiento de fe que este año se convocó bajo la siguiente consigna: “Madre, en tu abrazo nos reconocemos hermanos”.

Frente a los fieles, el titular porteño expresó que con tantos kilómetros caminados, con cansancio, ampollas y dolor en todo el cuerpo, los peregrinos llegaron a Luján a buscar el abrazo de María, “un abrazo de esos que nos reinician y que nos sostienen”, porque son los brazos que sostienen a todo un pueblo y a toda una Nación.

Recordó que nadie vino solo: cada uno trajo en cada paso a su familia, sus amigos, al vecino que la está pasando mal, al conocido que perdió el trabajo y a los enfermos.

García Cuerva indicó que el camino “nos niveló a todos”: todos gastaron las zapatillas, todos se cansaron y todos querían llegar a la casa de María. Y esa es una gran lección: cuando los argentinos se descubren caminantes de un mismo pueblo, no le dan lugar al individualismo ni a los discursos de odio.

Destacó que la Virgen no pide “carnet de prolijidad espiritual” ni pregunta de dónde viene cada uno o cuántos kilómetros caminó: abre sus brazos y recibe a cada uno tal como llega. “Querido peregrino, dejate abrazar, dejate contener, nadie puede solo“, exhortó.

Los abrazos pendientes

Afirmó que el país tiene “muchos abrazos pendientes”: de perdón ante la descalificación y el insulto, solidarios ante tanta indiferencia, de encuentro ante tanto extravío. Pidió que sean “abrazos profundos, no protocolares; abrazos del alma”.

Advirtió, además, que las heridas de la descalificación, la intolerancia y la violencia física y verbal “ya supuran” y que parece estar infectándose el corazón del pueblo argentino. “Así como nos curamos las ampollas, queremos, Madre, curar los vínculos entre nosotros”, expresó.

Llamó a los peregrinos a comprometerse a ser “artesanos de la fraternidad”, llevando el abrazo de María a los abuelos, a quienes piensan distinto, a las personas con discapacidad y sus familias, a quienes no tienen trabajo o duermen en la calle, a los adolescentes y jóvenes atravesados por la droga y a los más pobres.

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Misa central de la 52º Peregrinación Juvenil a Luján – 4 de octubre de 2026 – Foto: En Camino (arzobispado de Buenos Aires)

Escuela de fraternidad

El arzobispo citó al papa León XIV quien, en su viaje a África, resaltó que una madre ama a todos sus hijos, aunque sean diferentes, del mismo modo y con todo el corazón. Sobre esa base, propuso prometer ante la Madre esforzarse “sin medida” para que a nadie le falte el amor ni lo necesario para vivir dignamente: que quien pasa hambre tenga qué comer, que los enfermos reciban los cuidados necesarios, que a los niños se les garantice una educación adecuada y que los ancianos vivan serenamente los años de su madurez.

Asimismo, recordó los 800 años del tránsito de San Francisco de Asís, “el santo de la concordia y la fraternidad”, a quien algunos llaman el “santo del abrazo”: abrazó a Cristo, al leproso, al lobo, al sultán, a toda la creación y a sus hermanos. Pidió su intercesión para aprender a abrazar a quienes piensan distinto, a los más necesitados y a los excluidos, porque “más allá de nuestras legítimas diferencias, somos hermanos”.

Para cerrar, pidió que la peregrinación sea “una escuela de fraternidad para nuestro país que se está preparando para la visita del Papa León”. Rogó que María enseñe a respetarse, a perdonarse y a dialogar con todos, y que los argentinos dejen de descalificar al hermano, de ser indiferentes con el que sufre y de dar lugar al odio.

Agradecimiento fotos: portal Eclesia (diócesis de Lomas de Zamora) y En Camino (arzobispado de Buenos Aires)
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