León XIV, en la JMJ franciscana en Asís. Foto: Vatican Media
Media hora de vuelo en helicóptero y el papa León XIV llegó a Asís para asistir al Encuentro Juvenil Franciscano ‘¡Vamos! 2026’. La JMJ de los jóvenes de la Orden, que tiene lugar en la plaza de Santa María de los Ángeles, comenzó poco antes de las 09:00 horas después de que el Pontífice saludara a los representantes públicos de la región y a los líderes de la congregación.
El Padre Marco Vianelli, ministro provincial de los Frailes Menores de Umbría y Cerdeña, fue el encargado de dar la bienvenida al Papa agustino a este acto en medio del octavo centenario del tránsito de san Francisco, que ha renunido a miles de jóvenes de toda Europa.
¿La escaleta del encuentro? Sencillo. Robert Francis Prevost se sometió a las preguntas de los jóvenes. La primera fue Karolina, de Zagreb, que le pidió un consejo a León XIV para dar testimonio entre los jóvenes con los que se encuentran en su camino.
En primer lugar, el Papa ha recordado que ella viene de una región de Europa que hace tan solo 30 años vivió la guerra y “la peligrosa mezcla entre confesión religiosa y nacionalismo”. “A los cristianos se les pedirá cada vez más que se conviertan en artífices de paz en el seno de sociedades tentadas a instrumentalizar la religión en la confrontación de identidades”, ha señalado.
Y ha continuado: “Ser testigos de Cristo sigue siendo fascinante y exigente, porque abre la mente y el corazón más allá de las fronteras artificiales, es decir, más allá de los miedos provocados por la desinformación y los muros del prejuicio”. “Alejarse de la cultura del poder y construir la civilización del amor no se comprende ni se acepta de inmediato”, ha rematado el Pontífice.
Asimismo les ha invitado a aprender de san Francisco, “la radicalidad evangélica, que es lo contrario del fundamentalismo: no los vuelve ciegos ni violentos, sino sensibles, atentos, siempre en el seguimiento de Jesús y, por tanto, humildes y acogiendo a todos. No es fácil,
pero da mucha alegría”.
Volviendo a la pregunta, León XIV ha recordado a los jóvenes que “la Iglesia es una asamblea de hermanos, a la que todos están invitados. Den testimonio de este estilo en todas partes, especialmente en un tiempo en el que la tecnología hace que sea más difícil que las personas de carne y hueso compartan entre sí”.
Por otro lado, ha insistido en que san Francisco “descubrió que elegir la pobreza puede acercar a los alejados, fomenta el encuentro e invita al intercambio de dones. Así, intuyó que el Evangelio no se puede separar de las decisiones de Jesucristo”. “La alegría evangeliza más que las palabras, y no se puede ocultar”, ha subrayado después.
León XIV, en la JMJ franciscana en Asís. Foto: Vatican Media
Por su parte, Giovanni, de Bolonia, le pidió al Papa algún consejo para decir un ‘sí’ radical a Dios en medio de una sociedad en costante cambio, al tiempo que le preguntó sobre qué le ha ayudado en su vocación.
“En este contexto, el valor de tomar una decisión definitiva es quizás el acto más revolucionario. Tomar una decisión para siempre no nos encierra en una jaula, sino que nos abre a un dinamismo mayor”, ha afirmado el Pontífice.
Así, “por mi propia experiencia, puedo decir que el Señor nunca me ha abandonado: siempre me ha acompañado, regalándome incluso personas con quienes caminar juntos. Así, en mi vocación a ser sacerdote, miembro de la comunidad agustina y misionero, he encontrado una especie de luz que me ha guiado hasta hoy, hasta el momento en que tuve que decir ‘sí’ a una llamada especial: ser Papa”.
A continuación, Luigi, de Sicilia, le lanzó la tercera y última pregunta al primer papa norteamericano de la historia: “¿Por qué resulta difícil en la actualidad ver a la Iglesia como una Madre que, incluso con sus heridas, siempre está dispuesta a acogernos y a amarnos?”.
“Muchas personas a lo largo de la historia, y también ahora, no han podido experimentar la Iglesia tal y como Jesucristo quiere que ella sea. Esto causa sufrimiento, deja heridas y decepciones, y para algunos puede llegar incluso a convertirse en un obstáculo para creer”, ha comenzado diciendo Léon XIV.
“En el Evangelio, Jesús nos alerta sobre este tipo de tropiezo, sobre el escándalo que sus discípulos pueden causar a los demás, especialmente a los pequeños y a los pobres. El deseo de Jesús es reunir a un pueblo en el que se supere aquello que suele dividir a los seres humanos. Alrededor de Jesús se convierten en hermanos que, de otro modo, nunca se habrían conocido o tratado”, ha reconocido el Papa.
En su reflexión, Prevost ha continuado recalcando que, “cuando este milagro de la Iglesia sigue ocurriendo, sigue siendo sorprendente incluso hoy en día en nuestras ciudades, llenas de muros invisibles que nos separan unos de otros”. “¡Cuántas discriminaciones y desigualdades podrían acabar de inmediato, en cuanto nos reconozcamos como hermanos!”, ha exclamado.
Y ha finalizado: “El deseo de Jesús para la Iglesia es claro: se trata de que nos convirtamos en su cuerpo y manifestemos su vida, seguir su ejemplo y ejercer un tipo diferente de fuerza, que no humilla, sino que levanta”.