Más de 6 mil jóvenes peregrinaron al Santuario de San Alberto Hurtado donde fueron recibidos por el cardenal Chomali
En 2001, la Conferencia Episcopal de Chile (CECh) designó el mes de agosto como mes de la Solidaridad, dado que el 18 de ese mes se celebra a San Alberto Hurtado sj, reconocido por su abnegado celo pastoral orientado al servicio de los más necesitados. Desde entonces, las diócesis chilenas programan actividades especiales en sus organismos y parroquias, movilizando a las comunidades y fomentando la realización de acciones prácticas de ayuda solidaria.
Se ha hecho tradicional que la arquidiócesis de Santiago inicie este tiempo con una peregrinación juvenil al Santuario del Padre Hurtado. Es lo que ocurrió este sábado recién pasado. En una larga columna, más de 6 mil jóvenes marcharon un tramo de unos 5 kilómetros, durante más de una hora, actividad organizada por la Delegación de la Esperanza Joven, a cargo de Aarón Palape.
La peregrinación se inició en el templo salesiano de la Gratitud Nacional, en la Alameda Bernardo O’Higgins, de Santiago. Antes de iniciar la caminata, los peregrinos atravesaron en silencio ese templo para presentar al Señor sus intenciones personales y recibir una semilla como signo del compromiso de hacer germinar el bien en su vida cotidiana.
Con cantos, oración y mucha alegría, los jóvenes recorrieron las calles rumbo al Santuario de San Alberto Hurtado, en la comuna de Estación Central. Allí, les recibió el arzobispo de Santiago, cardenal Fernando Chomali, quien presidió la Eucaristía en la que invitó a los jóvenes a mirar la vida de san Alberto Hurtado como un modelo de entrega y fidelidad al Evangelio.
Al comenzar su homilía, el arzobispo recordó que la santidad del Padre Hurtado nació de la profunda decisión de tomar la vida en serio. “¿Qué hago con mi vida? ¿Qué sentido tiene mi vida? ¿Qué sentido tiene estar en el mundo hoy?”, fueron las preguntas que marcaron la existencia del santo chileno y que hoy también deben interpelar a las nuevas generaciones.
El cardenal afirmó que la verdadera grandeza no está en el éxito, el poder o la comodidad, sino en vivir plenamente la vocación recibida de Dios. “Todos los que estamos aquí hemos sido creados para la grandeza y no para la comodidad”, exclamó, animando a los jóvenes a preguntarse cada día, como lo hacía san Alberto Hurtado: «¿Qué haría Cristo en mi lugar?».
Recordó, además, que la fe siempre se expresa en obras concretas y que una auténtica pastoral juvenil debe traducirse en servicio a quienes más sufren. Chomali invitó a construir una sociedad donde prevalezcan la fraternidad, el servicio y el amor al prójimo, frente a una cultura centrada en el individualismo.
El arzobispo animó a los jóvenes a no tener miedo de responder con generosidad a la llamada de Dios, ya sea en la vida matrimonial, sacerdotal o en cualquier vocación de servicio. “No tengan miedo. El miedo no es de Dios; Dios nos infunde esperanza”, expresó, reiterando que los cristianos están llamados a grandes proyectos de vida y no simplemente a buscar aquello que les resulte más cómodo.
Finalmente, el cardenal invitó a todos los peregrinos a salir renovados en la esperanza, convencidos de que el bien es más fuerte que el mal y que el amor de Dios sigue transformando el mundo a través de quienes ponen su vida al servicio de los demás, especialmente de los más pobres, los enfermos, las personas privadas de libertad y quienes viven en mayor vulnerabilidad.