En la celebración del Tiempo del Milagro, Mario Cargnello invitó a la transformación interior para alcanzar un futuro mejor
Comenzó en Salta una de las manifestaciones más emblemáticas del norte argentino: el Tiempo del Milagro 2026, con la entronización de las imágenes del Señor y la Virgen del Milagro, en la edición número 334 de esta devoción de fe.
La celebración convocó a fieles, peregrinos y turistas que iniciaron el camino espiritual bajo el lema ‘Señor del Milagro, Tú eres nuestra paz. Oramos para recibirla y servimos para darla’, y que finalizará el próximo 15 de septiembre con el tradicional y renovado Pacto de Fidelidad.
Durante estas fiestas patronales se rezará por las siguiente intenciones:
El arzobispo de Salta, Mario Cargnello, inició su homilía con un pedido: “Damos gracias a Dios desde lo profundo del corazón porque nos permite comenzar un nuevo Tiempo del Milagro en este año 2026”.
Asimismo, remarcó que, en un mundo atravesado por las guerras y los conflictos armados y una creciente división social, es necesario recuperar el diálogo, la sabiduría y la paz.
Este llamado al diálogo también lo expresó con respecto a la realidad del país: “Nos cuesta sentarnos a dialogar, en diferentes ámbitos, no solo en el político. Nos falta sabiduría. No solamente a los líderes, en general. Se va metiendo una mentalidad que alimenta el conflicto permanente”, reafirmó el arzobispo.
Por tal motivo, invitó a los fieles a no quedarse solo con la entronización, sino a vivir este tiempo como una verdadera transformación interior: “Si la Virgen no encuentra el trono aquí y el Señor no lo encuentra aquí, nos quedamos en la periferia, no nos abrimos de verdad a una transformación”.
Agregó: “Si podemos abrirnos y ser de verdad generosos, seremos capaces de aportar a una Argentina y un mundo mejor. El cambio de la Nación, de la provincia, de la ciudad y de la familia, si no nace del corazón, no tiene futuro”.
Desde esta fecha comienza, en la arquidiócesis, una peregrinación en la que los fieles que se acercan a las imágenes, descendidas de sus camarines, para entronizarlas en el altar mayor de la Basílica. Oración, agradecimiento, cantos, llantos, emoción y aplausos fueron algunos de los gestos que se visualizaron durante esta conmovedora expresión de los devotos.