León XIV tras las huellas de San Benito. Foto: Vatican Media
León XIV sigue aprovechando su estancia estival en Castel Gandolfo para alejarse, por unas horas, de la residencia pontificia y reencontrarse con algunos de los lugares más emblemáticos de la espiritualidad italiana. Apenas dos días después de su visita a la abadía de Montecassino, el Papa ha vuelto a sorprender este jueves con una nueva salida privada, esta vez hacia el santuario de la Santísima Trinidad de Vallepietra y el monasterio benedictino de Subiaco.
Y es que el pasado domingo, 20 de julio, el Papa realizó una visita privada a la Abadía de Montecassino y a su comunidad monástica. Según un comunicado difundido por la Oficina de Prensa de la Santa Sede, el Papa “se detuvo a rezar ante la tumba de San Benito, confiándole su ruego por la paz en aquellas regiones del mundo marcadas por el derramamiento de sangre y el conflicto”. A continuación, almorzó con la comunidad religiosa y, posteriormente, regresó a Castel Gandolfo.
Este miércoles la primera parada ha sido Vallepietra, un pequeño municipio situado entre las regiones del Lacio y Abruzzo. Allí, a casi 1.400 metros de altitud y encaramado sobre un impresionante saliente rocoso del monte Tagliata, se encuentra uno de los santuarios más singulares del centro de Italia, destino de peregrinación desde hace siglos.
Según ha informado la Oficina de Prensa de la Santa Sede, el Pontífice ha permanecido unos minutos en oración ante el antiguo fresco que se conserva en el interior del santuario y, antes de abandonar el templo, ha saludado a los fieles y religiosos que le esperaban en el exterior.
Desde allí, León XIV se ha desplazado hasta Subiaco, cuna de la vida monástica benedictina y uno de los lugares más vinculados a la figura de san Benito de Nursia. En el monasterio del Sacro Speco, construido alrededor de la cueva donde el santo vivió como ermitaño durante varios años, el Papa ha recorrido algunos de sus espacios más representativos. Entre ellos, se ha detenido en silencio ante el célebre fresco de san Francisco de Asís realizado en el siglo XIII, considerado una de las representaciones más antiguas del santo cuando aún vivía.
La visita ha culminado con el gesto más característico a este monasterio: León XIV ha besado la rodilla de la estatua de san Benito, siguiendo una tradición que miles de peregrinos repiten cada año como signo de veneración al patrón de Europa. Después, ha rezado el Padrenuestro junto a las personas presentes.
La jornada ha continuado en el cercano monasterio de Santa Escolástica, donde el Pontífice ha compartido el almuerzo con la comunidad benedictina. Antes de emprender el regreso a Castel Gandolfo, también ha recorrido los claustros y otras dependencias del histórico monasterio, uno de los complejos monásticos más antiguos de Occidente.