Entrevistas

Patricio Larrosa: “Solo busco llevar el Evangelio al mundo”

| 18/07/2026 - 14:35





Sacerdote español Patricio Larrosa Martos (Huéneja, Guadix, 1960), desde 2023 vicario general de la Arquidiócesis Metropolitana de Tegucigalpa (Honduras), es el segundo obispo de Danlí, al suceder a José Antonio Canales en esta diócesis en el departamento de El Paraíso y sufragánea de Tegucigalpa, que cuenta con 11 parroquias y una población de medio millón de personas. El nombramiento de León XIV se dio a conocer el 15 de mayo, solemnidad de San Torcuato, patrón de Guadix.



La realidad es que pertenece al clero de esta diócesis y es sacerdote misionero ‘Fidei Donum’ en el país desde 1992, a donde partió solo siete años después de ordenarse. El también fundador de la Asociación Colaboración y Esfuerzo (ACOES), que hoy sostiene la educación de más de diez mil estudiantes y moviliza a cientos de voluntarios dentro y fuera del país, será ordenado el próximo 25 de julio en la Universidad Católica de Honduras. Precisamente por su misión con la ACOES en 2020 recibió el Premio de Derechos Humanos Rey de España, concedido por el Defensor del Pueblo y la Universidad de Alcalá.

PREGUNTA.- ¿Cómo acogió la noticia de su nombramiento como obispo? ¿Uno se espera alguna vez algo así?

RESPUESTA.- La verdad es que no. Había dos diócesis vacantes, pero, sinceramente, no me veía reuniendo las cualidades para ser obispo. He estado bastante alejado de lo que podríamos llamar la organización interna de la Iglesia, porque me he dedicado, sobre todo, a la educación.

Estuve cinco años de párroco en España, pero cuando llegué a Honduras pedí pasar a vicario parroquial para poder centrarme más en Cáritas y en el ámbito educativo, porque creo que la educación es el gran proyecto capaz de cambiar a las personas y, cambiando a las personas, se cambia la sociedad. Eso lo dice muy bien la encíclica ‘Populorum progressio’. Me he dedicado a ayudar a que los jóvenes estudien durante más de 30 años y ese ha sido el centro de mi misión aquí en Honduras.

Patricio Larrosa, obispo de Danlí (Honduras). Foto: EFE

En los últimos tres años, el arzobispo José Vicente Nácher me llamó para ayudarle como vicario general. Lo viví como un paréntesis, con ganas de volver después al tema educativo, especialmente ahora, con más edad y con más deseo todavía de impulsar la educación. Ese era mi plan de vida. Por eso este nombramiento me pilló completamente fuera de juego. Pero el Papa cambió todo eso.

El nuncio me dijo: “El Papa te ha nombrado obispo de Danlí”. Y yo pensé: “Si lo ha dicho el Papa, ¿qué va a decir un sacerdote al Papa? Pues aceptar con gusto”. La realidad es que conozco poco la diócesis de Danlí. Sí conozco a muchos sacerdotes, porque el seminario está aquí, en Tegucigalpa, y muchos hicieron la pastoral con nosotros en la parroquia. Pero mi vida ha estado totalmente absorbida por la educación.

De la calle a la Curia

P.- Usted dice que no se veía con cualidades para ser obispo, pero su arzobispo, el también español José Vicente Nácher, nos ha confesado que “va a ser muy buen obispo”. ¿Cómo está tan seguro?

R.- Me mira con buenos ojos. He pasado dos años y medio trabajando con Nácher en un mundo que para mí era nuevo: el de la organización de la Iglesia, el servicio desde la Curia y el arzobispado. Ha sido una experiencia muy enriquecedora. He podido ayudarle humildemente en los retos y dificultades que tiene un arzobispo, aunque no tenía experiencia en este ámbito.

También es verdad que llevo tantos años aquí que conozco prácticamente a todos los sacerdotes. Cuando llegué, algunos ni siquiera eran seminaristas todavía. Creo que ellos también me tienen cariño y me llevo muy bien con todos. Quizás por eso el arzobispo habla así de mí: porque ya soy “muy viejo” en Honduras, conozco mucho esta Iglesia y quiero mucho a la gente de aquí.

P.- ¿Qué mensajes le han llegado desde la ACOES y de los jóvenes a los que ha acompañado todos estos años?

R.- El proyecto que llevamos tiene la estructura jurídica de una fundación, pero siempre hemos querido que el espíritu sea el de una misión de la Iglesia: llevar el Evangelio al mundo y transformar la realidad según el mensaje de Jesús. Aunque la “cáscara” sea una fundación, el contenido es vivir el Evangelio. Por eso creo que todo va a seguir con normalidad. A veces una persona ayuda a que otros crezcan, pero después también es bueno apartarse un poco para que ellos caminen solos.

Tenemos un grupo de seis misioneros que llevan entre 14 y 20 años trabajando allí. Y, sobre todo, hay muchos jóvenes hondureños que llevan más de una década colaborando cada día, compartiendo la vida y sirviendo juntos. Son jóvenes muy preparados, muchos han estudiado en universidades españolas gracias a becas en Málaga, Sevilla, la Complutense o Alcalá.

Tienen maestrías, licenciaturas y una gran formación humana y espiritual. Creo sinceramente que les va a venir bien que yo no esté tan presente. Les ayudará a crecer más. Además, tampoco me voy tan lejos: Danlí está a dos horas y media de Tegucigalpa. Este nombramiento no les va a perjudicar; a todos nos va a hacer bien.

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