Georg Gänswein asegura que mantiene una relación “cordial” con León XIV, defiende la excomunión de los nuevos obispos lefebvrianos y resume el pontificado de Francisco en una palabra: “periferia”
El secretario del fallecido Benedicto XVI, Georg Gänswein
Georg Gänswein, ex secretario personal de Benedicto XVI, ha reconocido que Robert Prevost no estaba entre los nombres que barajaba al inicio del cónclave que terminó con la elección de León XIV. “Debo decir con toda honestidad que, al comenzar el cónclave, ni siquiera lo tenía en mente”, ha afirmado en una entrevista concedida a Katholisch en la que repasa su relación con el nuevo Papa, la crisis abierta con los lefebvrianos y el legado de Francisco.
Gänswein ha explicado que conoció a Prevost en 2009, cuando era prior general de los agustinos. Después, durante su etapa como obispo en Perú, ambos perdieron el contacto. El reencuentro llegó tras la elección pontificia, en una reunión de nuncios celebrada en Roma en junio de 2025. “El pasado diciembre, me concedió una audiencia privada”, ha señalado, asegurando que mantienen “una relación cordial”.
La entrevista aborda también la situación de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, después de la consagración ilícita de cuatro obispos y la consiguiente excomunión de los obispos consagrantes y de los recién consagrados.
“Poco antes de la consagración, el papa León, en una carta muy personal al superior de la Sociedad de San Pío X, le rogó que no diera ese paso”, ha explicado Ganswein. A su juicio, el gesto del Papa era claro: “Quería tender un puente entre ellos”. Pero el intento, lamenta, “fue infructuoso”.
El arzobispo alemán recuerda que la norma canónica es la que es: “Quien consagra obispos sin mandato papal incurre automáticamente en excomunión”.
Gänswein precisa que las consagraciones son válidas, pero no lícitas, y que quienes las realizan “han pecado contra la unidad de la Iglesia” y se han negado a obedecer al sucesor de Pedro, “garante de la unidad eclesial”. Por tanto, afirma, están “fuera de la plena comunión con la Iglesia”.
El ex secretario de Benedicto XVI ha recordado también el intento de reconciliación impulsado por el Papa alemán en 2009, cuando levantó la excomunión a los cuatro obispos consagrados por Marcel Lefebvre en 1988.
Según Gänswein, aquellos obispos habían mostrado “arrepentimiento y conversión” y habían solicitado formalmente el levantamiento de la pena. En ese sentido, ha querido aclarar que la excomunión no debe entenderse como un castigo sin horizonte de retorno. “No es un castigo por el castigo mismo, sino una penitencia”, ha explicado. “Su propósito es guiar a las personas hacia la reflexión y la conversión”.
Preguntado por lo que queda del Papa argentino más allá de su experiencia personal, Gänswein asegura que su imagen de Francisco “no se define por agravios personales”. A su juicio, lo que permanecerá será, sobre todo, “su compromiso con las personas marginadas de la sociedad”.
“Siempre habló de las periferias, geográficas, pero no solo de ellas”, ha recordado. Francisco, añade, quiso dirigir la atención de la Iglesia hacia los lugares donde viven las personas marcadas por “la pobreza, la miseria o la exclusión”.
“Si hubiera que resumir este pontificado en una sola frase, probablemente sería ‘la periferia’”, afirma. Una palabra que incluye también su compromiso con migrantes y refugiados.
Para Gänswein, el viaje de Francisco a Lampedusa fue “programático” y su dedicación a quienes huyen de la persecución quedará “para siempre ligada a su nombre”.