Han pasado ya 15 años desde la visita del papa Benedicto XVI a Barcelona con motivo de la dedicación de la basílica de la Sagrada Familia y la visita a la obra benéfico-social del ‘Niño Dios’, los días 6 y 7 de noviembre de 2010. El 6 por la mañana, el Papa visitó Santiago de Compostela para participar en las celebraciones del Año Jacobeo.
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A menudo, he pensado en aquellos días y acontecimientos: que viniera el Papa a “nuestra casa”, a la sede de la Archidiócesis de Barcelona, y pernoctara en el arzobispado, gracias a dos hechos tan importantes, marcó sin duda un hito primordial en nuestra historia diocesana.
Una bandera conmemorativa de la visita del papa Benedicto XVI a Barcelona en 2010, en las inmediaciones de la Sagrada Familia. Foto: EFE/Toni Albir
Fue muy importante que esta visita estuviera motivada por dos hechos de primera magnitud, que han marcado un antes y un después: especialmente, centrar la atención en la joya que nos ofreció el arquitecto Antoni Gaudí con la construcción de la magnífica basílica de la Sagrada Familia; y, el segundo evento, la visita de Benedicto XVI para ayudarnos en nuestro caminar de hacer la voluntad de Dios con un espíritu de sinodalidad.
Más momentos de oración
Un contenido muy importante de esta visita papal fue dedicar a diario más momentos a la oración, para que el Señor nos ayudara a poner en práctica los frutos que nos propusimos con la visita y la guía del Papa en su viaje. La oración personal y comunitaria constituyó una preparación para esta gozosa visita, para cumplir la voluntad de Dios y el deseo de las personas de la Sagrada Familia, Jesús, María y José.
Algunos me han pedido que explicara algo sobre la génesis y desarrollo de esa visita. Creo que se fue ofreciendo y aceptando con normalidad en las relaciones que mantuve con el papa Benedicto XVI. De entrada, mi invitación y la de la Archidiócesis de Barcelona tenían “algo” que la hacían no del todo fácil, dada la edad del Papa, que ya empezaba a regular sus viajes apostólicos; y que no se trataba de la dedicación de una catedral nueva, sino de una iglesia que, para mí, es única, por su significación litúrgica y su enriquecimiento para la espiritualidad de la multitud que la visita.
Entregar la petición que le hice al Papa y aceptar esta invitación no fue cuestión de unos días. Mientras avanzaban las obras de la Sagrada Familia, estuvieron siempre presentes las relaciones que como cardenal de Barcelona mantuve con el obispo de Roma y sucesor de san Pedro y nuestras conversaciones en las distintas audiencias privadas que el Papa me concedió.
Culto universal
Como pudimos ver con motivo de su dedicación el 7 de noviembre de 2010, entrando en las naves de la Sagrada Familia, especialmente cuando se cubrieron, la belleza de su arbolado de palmeras acoge la espiritualidad del pueblo catalán y de la muchedumbre de personas que visitan esta iglesia como centro de culto universal.
En un sinfín de comentarios sobre la Sagrada Familia, se habla muchísimo de su originalidad, de su arte y de su riqueza arquitectónica, a la vez que se la denomina “catedral del mundo”, “la obra del arquitecto de Dios, Antoni Gaudí”. Fue un sacerdote de Barcelona, Mn. Trens, muy entendido en arte, quien al morir Gaudí escribió un artículo en que le denominó “el arquitecto de Dios”.
Cubrir las naves del templo
Desde que era niño, recuerdo muy bien las idas y venidas de mi casa familiar en el Guinardó al colegio de los Hermanos Maristas del Paseo de San Juan en Barcelona. Fueron muchos años con esta imagen de la construcción de la Sagrada Familia. En su proceso constructivo, hay un momento que tuvo gran importancia en el ritmo y el seguimiento de las obras: cubrir las naves del templo.
Nadie me habló de la conveniencia o necesidad de cubrirlas. Tuve como una inspiración de que era necesario y consulté a los arquitectos del templo si era ya técnicamente posible y me manifestaron que sí y que, con ello, dignificaríamos la realidad del Pueblo de Dios reunido para la celebración de la fe.
Dicho y hecho. Inmediatamente, determiné que se realizara esta reforma. Considero que esta decisión favorecía las obras del templo, como vimos el día de su dedicación. Desde que se cubrieron las naves, producía verdadero gozo ver la iglesia, pues permitía reunir al pueblo cristiano para el culto y las diferentes conmemoraciones y eventos religiosos, sociales, históricos, culturales y ecuménicos.
En la audiencia privada que anualmente celebraba con el Papa y por diversas informaciones que recibía, Benedicto XVI estaba informado de las mejoras y progresos en las obras. Había muchos aspectos artísticos, religiosos, cultuales, sociales, pastorales, etc. que le ayudaban a ir poniendo mayor interés en su venida a Barcelona para dedicar la basílica. Fueron años en que aprovechaba cualquier circunstancia relacionada con la Sagrada Familia para sacar el tema de la dedicación del templo.
Un único celebrante
Durante ese tiempo, pensaba mucho en la importancia de elegir quién iba a dedicar la Sagrada Familia, pero siempre me vino el mismo pensamiento: la belleza, la grandiosidad, la celebración del culto en su único altar, el interés que despertaba entre la muchedumbre como “catedral del mundo”, todo ello y muchísimas cosas que se han escrito alabando la obra que mueve los corazones que celebran la fe, los muchísimos visitantes de todo el mundo, pide un único celebrante: el obispo de Roma y sucesor de san Pedro, el Papa.
El papa Benedicto XVI durante la celebración de la misa de dedicación del templo de la Sagrada Familia, concelebrada por el cardenal Lluís Martínez Sistach, autor de este artículo. Foto: EFE/Jesús Diges
Para mí, era evidente que esta obra de arte, equiparable a la grandiosidad y belleza de una catedral, teníamos que considerarla como una joya que el Señor había puesto en nuestras manos, por la obra y el quehacer de Antoni Gaudí, para que se lo agradeciéramos al autor de la belleza y a su arquitecto.
Ahora era necesario invitar al Papa y que aceptara la invitación. A gestionarla me ayudaron personas que ejercían el trabajo pastoral en la Curia, cardenales muy vinculados a Benedicto XVI y amigos míos que visitaba siempre que iba a Roma. Me complace recordar a los cardenales Tarcisio Bertone, secretario de Estado, y Agostino Vallini, vicario de Su Santidad para la Diócesis de Roma.
Adelantado al Vaticano II
En mis audiencias privadas, le iba presentando al Papa el templo que proyectó Gaudí, genial arquitecto y auténtico cristiano, y Benedicto XVI cada vez se quedaba más impresionado por lo que le contaba sobre esta obra de arte, por su originalidad arquitectónica, con esos arcos que no necesitaban contrafuertes y permitían que las naves de la basílica fueran un auténtico bosque.
A su vez, el Papa escuchó y pensó muchísimo sobre cómo nuestro arquitecto se había adelantado al Concilio Vaticano II, clausurado en 1965: pese a su grandiosidad, la Sagrada Familia tenía un solo altar que representaba a Jesucristo, un solo púlpito para la proclamación de la Palabra de Dios, y una sola sede para el presidente de la celebración litúrgica.
Es lo que programó y aprobó el Concilio Vaticano II en su constitución ‘Sacrosanctum Concilium’ sobre la Sagrada Liturgia. Una reforma conciliar en sintonía con el pensamiento y la formación litúrgica del papa Benedicto XVI, para aplicar siempre y que favorecía el ‘ars celebrandi’, como hizo Gaudí adelantándose al propio Concilio, ya que él murió víctima de un accidente de circulación en 1926.
Generosa respuesta
La invitación estaba hecha, solo faltaba la respuesta afirmativa del Papa, que esperaba prácticamente yo solo, que conocía la invitación que le hice, y explicaré por qué. Siempre confié en que el Papa, tratándose de una obra universal como la Sagrada Familia, aceptaría la invitación. Y así fue. El Papa me comunicó que vendría a Barcelona para dedicar tan magno templo. Una generosa respuesta que yo y todos los barceloneses agradecemos muchísimo.
Dos operarios trabajan en la fachada de la Gloria de la Sagrada Familia, preparando la visita de Benedicto XVI al templo. Foto: EFE/Alberto Estévez
Comuniqué la buena noticia, y así apareció en el ‘Boletín del Arzobispado de Barcelona‘ el anuncio de la Oficina de Prensa de la Santa Sede: “El miércoles día 3 de marzo de 2010, el portavoz de la Santa Sede, el Padre Federico Lombardi, anunció que el Santo Padre Benedicto XVI realizará un viaje a España los días 6 y 7 de noviembre de 2010. El día 6 de noviembre el Santo Padre participará en la celebración del Año Santo Compostelano, mientras que el día 7, en Barcelona, consagrará el templo de la Sagrada Familia, obra magna del artista Antoni Gaudí. La invitación del cardenal Lluís Martínez Sistach era anterior y el viaje también ha estado oficializado hoy. En este anuncio el arzobispo de Santiago renovó su invitación al Santo Padre durante la audiencia que Benedicto XVI le concedió el lunes pasado (1 de marzo de 2010) y hoy le ha sido comunicada la respuesta oficial a su invitación. La invitación del cardenal Lluís Martínez Sistach era anterior a este hecho y el viaje también le ha estado oficializado hoy”.
Concretar la fecha
Una vez que el papa Benedicto XVI aceptó la invitación, era necesario concretar la fecha. Por eso, a inicios de 2010, me llamó el cardenal Bertone para ofrecerme unas fechas para la celebración. Comenzó por el día 10 de mayo. Pensé que nos convenía más tiempo para la debida preparación. Después, el señor cardenal me ofreció un día de junio. El mes era climáticamente adecuado, pero tenía la dificultad de encontrar voluntarios, ya que los estudiantes estaban muy ocupados preparando los exámenes. Después, el secretario de Estado me comunicó los días 6 y 7 de noviembre.
Rápidamente, fui consciente de que era un mes con frío y lluvia, y que podía presentar dificultades al viaje del Papa y a la celebración de la dedicación del templo de la Sagrada Familia. Pero no había ninguna fecha más. Sería también una buena fecha, confiando en la ayuda del Señor.
¿Elecciones al Parlament de Catalunya?
Tratándose de la fecha escogida para la visita del Papa a Santiago de Compostela y a Barcelona, en lo que se refiere exclusivamente a la Ciudad Condal, se hablaba de elecciones al Parlament de Catalunya y se rumoreaba que coincidieran con los días 6 y 7 de noviembre. Dadas las consecuencias negativas que podría tener la coincidencia de las elecciones con la visita del Papa, consideré muy conveniente hacer una consulta reservada al ‘Molt Honorable President’ de la Generalitat, José Montilla. Él me atendió muy bien, comprendió el tono reservado de mi consulta, pero me dijo que no había problema. Le agradecí su colaboración y reserva.
Le agradecí muchísimo al Papa su disponibilidad y que aceptara la invitación. Para un servidor, era muy importante por el apoyo que daba al trabajo pastoral del arzobispo cardenal de la gran Archidiócesis de Barcelona. Nunca en mi vida había pensado que invitaría al Papa a visitar la Archidiócesis de Barcelona y para una celebración religiosa como la dedicación de la Sagrada Familia, que nos llenaría a todos los diocesanos de alegría y agradecimiento.
Absoluta reserva
A pesar del gran regalo que me hizo el Papa aceptando la invitación –y que hubiera deseado comunicar con la misma ilusión a la Archidiócesis de Barcelona y en todas partes–, no me era posible hacerlo en ese momento porque no se había comunicado todavía la visita al Gobierno español. Me pidieron que mantuviera absoluta reserva hasta que se siguieran los trámites diplomáticos pertinentes y, una vez cumplimentados, ya se podía comunicar a todo el mundo.
El papa Benedicto XVI entrando por la puerta de la Gloria momentos antes de la misa de dedicación del templo de la Sagrada Familia. Foto: EFE/Andrés Ballesteros
Lo hice para facilitar la visita y, fundamentalmente, por dos razones: era consciente de que, si lo decía, sería noticia y los medios de comunicación se harían eco. Ya me hubiera gustado comunicárselo a los feligreses y a la sociedad, pero no lo hice por el riesgo de que se podrían poner dificultades ficticias al proyecto. No lo digo pensando solo en posibilidades, sino conociendo la realidad de nuestro mundo.
Noticias e interpretaciones
Un dato: el mismo día de la conferencia de prensa, una hora más tarde, salió una noticia de una agencia de prensa en Roma diciendo que el Papa no iría a Barcelona. Había también otra razón plausible: la posibilidad de que el Papa no hubiera aceptado el viaje proyectado, lo cual se prestaría a muchas interpretaciones que no ayudan al bien de la Iglesia.
Aprovechamos bien el tiempo que tuvimos desde el día en que concreté la fecha de la dedicación de la Sagrada Familia hasta el día del viaje del Santo Padre, el 6 y 7 de noviembre de 2010. Teníamos la convicción de que la visita de Benedicto XVI a Barcelona era un don de Dios y era necesario agradecerle al Señor que el Santo Padre aceptara la invitación y por el bien espiritual que nos hizo su visita.
Catequesis para las comunidades
Fue una renovación espiritual orientada por el contenido de la celebración con el Papa y que comentamos en unas catequesis distribuidas por toda la archidiócesis, en Cataluña y en todas partes. A nivel de archidiócesis, hicimos un buen trabajo para que se siguieran esas catequesis. Las ediciones de las mismas, en catalán y castellano, llegaron a 100.000 ejemplares y fueron muy leídas y comentadas en las comunidades. Con ayuda también de estas catequesis, se procuró ofrecer una debida preparación a todos los que participarían en la visita del Papa.
Recuerdo que dos de los técnicos discutían en un grupo de trabajo si la celebración con el Papa se llamaba “dedicación” o “bendición”, una discusión entre nuevos “expertos” que habla de que se trabajó bien, incluso con distinciones “litúrgicas”.
Las siete catequesis trataron estos temas: 1ª) Pedro el pescador; 2ª) Pedro el Apóstol; 3ª) Pedro, la roca sobre la que Cristo ha fundado la Iglesia; 4ª) Gaudí, el itinerario de fe de un hombre de Dios; 5ª) Gaudí, el laico, compromiso con su mundo, y el artista como comunicador de la belleza de Dios; 6ª) El templo de la Sagrada Familia como altar, casa y testigo; 7ª) La familia de Nazaret como referencia. Estas catequesis pretendían presentar el ministerio del apóstol Pedro y de sus sucesores, la vocación de Antoni Gaudí, arquitecto genial y cristiano ejemplar, y el contenido artístico, bíblico, teológico y litúrgico del templo de la Sagrada Familia.
Visita al ‘Niño Dios’
Cuando el Papa decidió presidir la dedicación de la basílica de la Sagrada Familia, el día 7 de noviembre de 2010, por la mañana, le pedí con tiempo que hiciera una visita por la tarde a una institución social, como tantas que hay en nuestro país dedicadas a niños, jóvenes y adultos con pobreza y dificultades sociales, especialmente con síndrome de Down. Se lo pedí por tres razones: porque la suntuosidad de la Sagrada Familia se complementaba muy bien con la visita al ‘Niño Dios’, que, de alguna manera, es como si el Papa visitase todas las obras institucionales de la Iglesia que realizan una necesaria y excelente labor al servicio de las personas y grupos más necesitados.
Otra razón: la Iglesia se pronuncia a favor de la vida humana desde su concepción hasta su término, y esta visita era el modo de que el Papa dijera a esos padres: “Gracias por haber dado la vida a sus hijos y por amarlos y cuidarlos”.
La tercera razón era pensando en el propio Papa, considerado como un intelectual distante y frío. Sin embargo, cuando uno se acercaba a su persona, no era así. Te acogía, te dedicaba tiempo y afecto. ¿Y dónde podría aparecer mejor esta imagen de Benedicto XVI? En medio de estos niños y jóvenes tan simpáticos y cariñosos. Y así fue.
Emoción hasta las lágrimas
Fue una visita entrañable y muy emotiva. Tuve que esforzarme para que no se me saltasen las lágrimas de las emociones vividas en aquella visita. El Papa se emocionó mucho, los residentes del ‘Niño Dios’ llegaron a cantarle una canción en alemán.
El 6 de noviembre estuve en Santiago de Compostela para acoger con los demás obispos a Benedicto XVI, participando de la celebración litúrgica en la plaza del Obradoiro. Volví a Barcelona después de comer con el avión papal. Tengo un buen recuerdo de la llegada a la Ciudad Condal, al atardecer, para acoger al Papa. La plaza de la Catedral estaba llena de jóvenes que llevaban toda la tarde esperando a que saliera el Papa y rezando por él.
Saludo a los jóvenes
No estaba previsto en el protocolo que saliera al balcón del arzobispado para saludarlos. Al llegar al arzobispado acompañando al Papa, vi a aquellos jóvenes, le indiqué al Papa y aceptó gustosamente salir al balcón para saludarles. Fue una manifestación de alegría desbordante de tantos jóvenes, que llenó de satisfacción al papa Benedicto XVI, a mí que estaba a su lado y a todos los presente. Después de saludar a los jóvenes, acompañé al Papa a la capilla.
Mientras estaba allí, pedí al Señor que esa fuese una visita pastoral por el bien de la vida cristiana de todos los miembros de la Iglesia. El Papa se retiró a descansar, pero, antes de acostarse, se tomó una breve pausa aprovechando la terraza de su habitación.
La visita al ‘Niño Dios’ gustó tanto al Papa y a los organizadores de sus viajes que, a partir de esta experiencia, el Papa visita siempre algún centro similar en el transcurso de sus viajes. El siguiente de Benedicto XVI fue a Madrid, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud. Pregunté entonces al señor Gasbarri, encargado de los viajes del Papa, si la visita que se hizo a un centro social era por aquella de Barcelona, y dijo que sí: “Questo è per quello”. Podemos decir, pues, que aquella visita del Papa a Barcelona, de alguna manera, marcó estilo.
