Exorcistas en talleres de formación. Foto: Pastoral de la Consolación
Alrededor de 400 exorcistas ( sacerdotes, peritos y auxiliares) de México recibirán formación especial, para llevar a cabo un mejor acompañamiento al Pueblo de Dios.
En entrevista para Vida Nueva, el padre Andrés Esteban López Ruiz de la Arquidiócesis Primada de México, integrante de la Asociación Internacional de Exorcistas, detalló que este mes se llevarán a cabo los Cursos de Formación 2026.
Estos -detalló- son organizados por la Dimensión Episcopal para la Pastoral de Consolación y Ministerio de Exorcismo de la Conferencia del Episcopado Mexicano, cuyo obispo responsable es José Trinidad Zapata Ortíz, en colaboración con la Pastoral de Consolación y Ministerio de Exorcismo de la Arquidiócesis Primada de México, así como la Asociación Internacional de Exorcistas.
PREGUNTA.- ¿Cuál es el objetivo de los cursos y cuántas personas se prevé que asistan?
RESPUESTA.- El objetivo principal es fortalecer, en un marco plenamente eclesial, la formación doctrinal, espiritual y pastoral, de quienes sirven o colaboran en la Pastoral de la Consolación y en el Ministerio del Exorcismo.
Los cursos se desarrollarán en tres momentos: del 6 al 10 de julio, el Curso Fundamental para el Ministerio del Exorcismo; del 10 al 12 de julio, el Curso de Formación Permanente para Peritos y Auxiliares; y del 13 al 17 de julio, la Semana de Formación Permanente para Sacerdotes Exorcistas.
No se trata solamente de ofrecer información sobre el tema, sino de formar criterios serios de discernimiento, acompañamiento y prudencia pastoral. Queremos ayudar a que sacerdotes, exorcistas, peritos y auxiliares puedan servir mejor al Pueblo de Dios, siempre en comunión con la Iglesia, bajo la guía de los obispos y conforme a la disciplina litúrgica y pastoral de la Iglesia.
En conjunto, entre los tres cursos, esperamos alrededor de 200 participantes presenciales y probablemente otros 200 en modalidad virtual.
Para participar se pide que los asistentes sean enviados por su obispo o por la autoridad eclesiástica competente de su diócesis. No se trata de una formación abierta sin más al público general, sino de un servicio eclesial que debe realizarse siempre en comunión con los pastores y dentro del marco propio de la Iglesia.
P.- ¿Qué es lo más importante de los cursos?
R.- Creo que lo más importante será unificar criterios, promover la comunión y fortalecer una formación verdaderamente eclesial, seria y prudente.
Tendremos el Curso Fundamental para el Ministerio del Exorcismo, dirigido principalmente a nuevos exorcistas, sacerdotes y algunos colaboradores enviados por sus obispos o autoridades eclesiásticas.
Este curso tendrá como base formativa la exposición y explicación de las Líneas Guía para el Ministerio del Exorcismo de la Asociación Internacional de Exorcistas, siempre en comunión con la doctrina, la disciplina y la praxis pastoral de la Iglesia.
Por otra parte, tendremos dos espacios de formación permanente: uno para peritos y auxiliares de la Pastoral de la Consolación y del Ministerio del Exorcismo, y otro específicamente para sacerdotes exorcistas.
Estos últimos tendrán como tema particular el discernimiento espiritual en la vida cristiana y en el ministerio del exorcismo, con fundamentos teológicos, morales y pastorales para discernir prudentemente la acción de Dios, la vida interior, la acción ordinaria del Maligno, la posible acción extraordinaria del demonio y las diversas situaciones humanas, espirituales o psicológicas que pueden presentarse.
Esto es fundamental porque el ministerio del exorcismo no puede ejercerse desde la improvisación, el sensacionalismo, el aislamiento, la autorreferencialidad o las opiniones personales. Requiere formación doctrinal, vida espiritual, obediencia eclesial, prudencia pastoral, capacidad de escucha y criterios claros para acompañar a las personas que sufren.
Pensamos que en general se deben evitar dos extremos: por una parte, negar sin más la realidad de la acción extraordinaria del demonio; por otra, atribuir precipitadamente al demonio todo sufrimiento o toda dificultad.
Por eso, esta formación busca que sacerdotes, exorcistas, peritos y auxiliares aprendamos a servir mejor al Pueblo de Dios: escuchar con misericordia, discernir con prudencia, acompañar con caridad y anunciar siempre el Evangelio del Reino de Dios, cuyo centro no es el demonio, sino Cristo vencedor del mal, que por la acción del Espíritu Santo consuela, sana, libera y conduce a la paz.
P.- ¿Qué tan preparada está la Iglesia en México en el tema de exorcismo; por qué?
R.- La Iglesia en México cuenta con una gran riqueza pastoral, una profunda fe popular y sacerdotes que desde hace años han servido con entrega en este campo. Sin embargo, también es verdad que se necesita seguir fortaleciendo una formación más común, ordenada y orgánica.
Además, es necesario seguir promoviendo espacios de comunión y de encuentro para superar las tentaciones del aislamiento y del protagonismo personal.
El tema del exorcismo es delicado y no puede depender de improvisaciones, de criterios aislados y muchas veces sesgados, o de visiones sensacionalistas o mediáticas. Requiere formación doctrinal profunda, vida espiritual sólida, prudencia, obediencia eclesial, conocimiento del Ritual, capacidad de discernimiento y, cuando es necesario, colaboración interdisciplinar.
Más que decir simplemente si estamos o no preparados, diría que la Iglesia en México está tomando con seriedad esta responsabilidad. Los obispos desean que se ofrezcan criterios claros, sólida formación a los sacerdotes y a los equipos pastorales, y que se promueva una atención fiel a la fe de la Iglesia, cercana a las personas que sufren y prudente en cada caso concreto.
P.- ¿Considera que en México ha aumentado con los años la necesidad de más sacerdotes exorcistas; por qué?
R.- Yo preferiría formularlo de este modo: ha aumentado la necesidad de escuchar, acompañar y discernir mejor al Pueblo de Dios. No conviene afirmar de manera ligera que hay más casos de posesión o que ha aumentado la acción extraordinaria del demonio de manera cuantitativa. Eso requiere un discernimiento muy serio y prudente.
Lo que sí vemos con claridad es que muchas personas llegan heridas, confundidas, angustiadas o espiritualmente vulnerables a nuestras comunidades eclesiales, y a otras las encontramos en el camino de la evangelización.
En el contexto actual hay sufrimientos profundos, violencia, rupturas familiares, prácticas supersticiosas, sincretismos religiosos, búsquedas espirituales desordenadas y también miedo. Todo esto hace que muchas personas busquen orientación en la Iglesia.
Por eso, la necesidad no es solamente tener más sacerdotes exorcistas, sino formar mejor a los sacerdotes y agentes de pastoral para realizar un primer acompañamiento, escuchar con misericordia, discernir con prudencia y, cuando verdaderamente sea necesario, canalizar a la persona con un sacerdote exorcista legítimamente autorizado por su obispo.
Particularmente me resisto a las visiones fatalistas que buscan cuantificar los aumentos de los casos con una perspectiva dramática por una simple y sencilla razón: la victoria pascual de Cristo y el don de su Espíritu se nos han dado con la misma fuerza en nuestro tiempo y hasta el fin de los tiempos.
De modo que el Reino de Dios entre nosotros es un hecho que ha irrumpido con la fuerza del amor de Dios y que prevalece sobre cualquier situación dolorosa, en medio de las vicisitudes de la historia.
P.- ¿Hay algo importante que agregar?
R.- Sí. Me parece muy importante subrayar que la Iglesia no mira este tema desde una perspectiva morbosa ni espectacular. El ministerio del exorcismo existe en la Iglesia, pero, particularmente en México, se ha propuesto integrarlo dentro de una Pastoral de la Consolación más amplia, en comunión con la pastoral ordinaria de las diócesis.
La Iglesia quiere estar cerca de quienes sufren: escuchar, acompañar, discernir, anunciar la fe, conducir a los sacramentos, fortalecer la vida cristiana y ayudar a las personas a recuperar la paz.
El exorcismo, cuando realmente es necesario, es un servicio litúrgico y pastoral muy serio, realizado con discreción, obediencia y prudencia, pero nunca un acto aislado que se tenga que sobredimensionar.
Cada vez que se proclama el Evangelio, se enseña la fe con la catequesis, se promueve una seria vida cristiana y se celebran los sacramentos, particularmente la Eucaristía, se ofrecen a Dios súplicas y sacrificios, y se renueva el compromiso social que brota de la caridad, la Iglesia opone a la oscuridad del mundo la luz de la fe y la fuerza transformadora de la gracia, que disipa las tinieblas y ofrece el consuelo del amor de Dios a las generaciones.
El deseo de los obispos en México es promover una pastoral ortodoxa, serena y profundamente evangélica: fiel a la doctrina de la Iglesia, centrada en Cristo, libre de sensacionalismo, de protagonismos, de pensamientos y acciones confusas o supersticiosas, y orientada siempre al bien integral de las personas.
En conclusión, la perspectiva que buscamos promover trata de desfocalizar, aun en el ministerio del exorcismo, al demonio con todos sus engaños y mentiras, anunciando con claridad que Cristo ha vencido el mal y que el Espíritu Santo sigue actuando en la Iglesia para consolar, liberar y santificar al Pueblo de Dios.