El Papa ha recibido a la delegación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla tras la fiesta de san Pedro y san Pablo y ha pedido avanzar hacia la plena comunión desde el Credo de Nicea
León XIV con la delegación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla por la fiesta de San Pedro y San Pablo. Foto: Vatican Media
León XIV ha recibido este martes a la delegación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla con motivo de la fiesta de los santos Pedro y Pablo, patronos de la Iglesia de Roma, y ha reivindicado que los cristianos están llamados a ofrecer un signo creíble de paz en un tiempo marcado por “las guerras”, “la polarización creciente” y las divisiones culturales y sociales.
El Papa ha agradecido la presencia de la delegación ortodoxa en Roma como expresión de la “cercanía fraterna” de la Iglesia de Constantinopla y de su pastor, el patriarca ecuménico Bartolomé.
León XIV ha recordado con especial afecto su participación en la celebración de san Andrés, el pasado 30 de noviembre, en la iglesia patriarcal de san Jorge, en el Fanar. “Conservo vivo en mi memoria” aquel encuentro, ha señalado, antes de destacar la amistad creciente con Bartolomé y el deseo compartido de avanzar “en el camino hacia la plena unidad entre todos los cristianos”.
Aquel encuentro, ha afirmado, fue “un elocuente testimonio de la comunión que ya existe” entre quienes comparten la fe en Dios Padre, confiesan a Jesucristo como Señor e Hijo de Dios y reconocen al Espíritu Santo como quien conduce “a la plenitud de la verdad y de la unidad”.
León XIV ha subrayado, además, que el Credo de Nicea debe ser “la base y el criterio de referencia” del proceso ecuménico, porque ofrece un modelo de “verdadera unidad en la legítima diversidad”. En este sentido, el Papa ha resumido esa clave con una fórmula trinitaria: “Unidad en la Trinidad, Trinidad en la Unidad”.
León XIV ha mirado también hacia 2033, año en el que se celebrará el segundo milenio de la Redención. Su deseo es que ese camino pueda ser recorrido “juntos entre todas las confesiones cristianas del mundo”, redescubriendo el don y la llamada común a ser testigos del Resucitado.
Para el Papa, esta unidad no es solo una cuestión interna de las Iglesias, sino una responsabilidad ante el mundo. Por eso, en una época atravesada por guerras, polarización y fracturas sociales, los cristianos “reconciliados entre sí” y unidos en la profesión de la misma fe están llamados a convertirse en “un signo creíble de paz”.
León XIV ha advertido de que, en la situación actual, está en juego “no solo la credibilidad del mensaje cristiano, sino el futuro mismo de la humanidad”.
León XIV con la delegación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla por la fiesta de San Pedro y San Pablo. Foto: Vatican Media
Según León XIV, la responsabilidad hacia la vida y la dignidad de cada ser humano —“comenzando por los más pequeños y necesitados”— es el criterio que determina tanto el destino presente como el eterno.
Por ello, ha pedido una cooperación más estrecha entre las Iglesias y comunidades cristianas, convencido de que el testimonio común puede contribuir de forma decisiva al compromiso por la paz de todos los hombres y mujeres de buena voluntad.
León XIV ha concluido renovando su gratitud a la delegación y al Patriarcado Ecuménico por su compromiso en favor de “la santa causa de la unidad de los cristianos”.