León XIV pide “evitar todo lo que desgasta o hiere la comunión”

El Papa reza el ángelus en la solemnidad de los santos Pedro y Pablo y llama a “perseverar en el diálogo atento y franco con todos”

León XIV, durante el ángelus
Síguenos en:

“Que el Señor nos conceda, por intercesión de los santos Pedro y Pablo, apreciar cada vez más la catolicidad de la Iglesia, reconocer su valor al servicio del encuentro fraterno entre las personas y los pueblos, evitar todo lo que desgasta o hiere la comunión, perseverar en el camino ecuménico y en el diálogo atento y franco con todos”. Así lo ha afirmado el papa León XIV antes de rezar el ángelus.



El Pontífice se ha asomado este mediodía a la ventana del estudio del Palacio Apostólico del Vaticano para rezar la oración mariana ante los miles de fieles -paraguas en mano para aplacar el calor- congregados en la plaza de San Pedro en esta solemnidad de los patronos de Roma.

“Esta fiesta recuerda el vínculo originario que une, en comunión de fe y de caridad, a la Iglesia que está en Roma con todas las demás Iglesias del mundo”, ha comenzado diciendo Robert Francis Prevost.

Según sus palabras, “el testimonio de estos dos apóstoles es casi un sello del Nuevo Testamento. La sangre que derramaron en esta ciudad revela hasta dónde llega el amor de Dios que el Señor Jesús nos ha dado”.

“Sí, por su palabra y su martirio, el Evangelio de Cristo, por así decirlo, echó raíces en Roma, manifestando precisamente aquí, en la capital del imperio, su capacidad de renovación: un nuevo conocimiento de Dios y de la infinita dignidad de todo ser humano, una nueva experiencia de la fuerza, no como dominio, sino como servicio a la vida”, ha agregado el Papa.

Fieles durante la oración del ángelus

Fieles durante la oración del ángelus. Foto: EFE

León XIV: “El Señor llega a los centros y a las periferias”

Para el Pontífice, “también hoy el Señor, muerto y resucitado por amor, se hace presente en sus testigos; llega a los centros y a las periferias, a las capitales y a las regiones más remotas, con las voces, los rostros y las decisiones valientes de quienes han respondido a su invitación: “¡Sígueme!””.

Así, ha continuado Prevost, “este día de fiesta nos involucra en la misión de Pedro y Pablo, es decir, en la misión de Jesús mismo. Dios confía en nosotros, que somos pecadores perdonados por Él, en nosotros, que no somos perfectos, para que brille en nuestras historias su gracia y se revele su fuerza, que transforma el mal en bien”.

Pedro y Pablo, unidad en la diversidad

Como ha destacado el Papa agustino, “quizá Pedro y Pablo no podrían haber sido más distintos el uno del otro. Distintos por procedencia, por formación, por carácter; no solo antes, sino también después de haber sido llamados, y su único Señor no los uniformó”.

Y ha aseverado León XIV: “El Evangelio es comprendido y anunciado por cada uno de ellos con un acento específico; y el Espíritu Santo, inspirando a los autores bíblicos, quiso que no se ocultaran sus divergencias, que de hecho se nos narran como una buena noticia. En el colegio de los apóstoles, Pedro y Pablo no fueron, sin embargo, adversarios”.

“Al contrario, llegaron a ser casi el símbolo de muchas otras diversidades que el único Espíritu compone en unidad. Así, los patronos de la Iglesia de Roma vivieron el trabajo intenso de la comunión, la conocieron, la sirvieron y la anunciaron como sacramento de la vida divina”, ha agregado el primer Papa norteamericano de la historia de la Iglesia.

En el mismo sentido, ha subrayado Prevost: “Su testimonio contribuyó de manera determinante a que la presencia cristiana en la historia esté orientada no al dominio, sino al servicio, a la unidad y a la reconciliación”.

Noticias relacionadas