Europa

La COMECE condena el escoramiento de la Unión Europea hacia la xenofobia y le pide “mirar más allá del miedo”

| 18/06/2026 - 12:54

  • El Parlamento Europeo aprueba el nuevo Reglamento de Retorno, por el que se establecerán centros de deportados más allá de la UE
  • “La creciente externalización de responsabilidades a terceros países plantea graves cuestiones éticas y humanitarias”





El 12 de junio, mientras León XIV visitaba el campamento migratorio de ‘Las Raíces’, en Tenerife, la Unión Europea (UE) implementaba el nuevo Pacto sobre Migración y Asilo, ciertamente restrictivo con los derechos de los migrantes. Ya era palpable el triunfo de las fuerzas de ultraderecha, pero ayer, día 17, el Parlamento Europeo dio una vuelta de tuerca más al aprobar el nuevo Reglamento de Retorno.



Además, este salió adelante con fuerza, con 418 votos a favor, 218 en contra y 30 abstenciones. En el caso de los representantes españoles, todos los del PP y Vox respaldaron una medida que, entre otras cosas, canalizará las deportaciones en terceros países, fuera de la UE, donde se construirán los llamados “centros de retorno”. Algo que los críticos califican de “Guantánamo europeo”.

Se aumentan los plazos y las causas de detención

Ya por el actualizado Pacto sobre Migración y Asilo, se aumentarán los plazos de detención hasta 24 meses. Esto podrán sufrirlos los señalados con órdenes de expulsión. Un abanico que ahora recoge muchas más situaciones (hasta 30) de las que había antes.

Ante este giro en la política migratoria, la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea (COMECE) ha publicado una declaración firmada por su presidente, el arzobispo Mariano Crociata.

En ella, se recalca que “la migración no es simplemente una cuestión de procedimientos, estadísticas o gestión de fronteras. Se trata de seres humanos: mujeres, hombres y niños, cada uno de los cuales posee una dignidad inviolable que debe permanecer en el centro de cada decisión política”.

Se reconoce profundamente preocupada

En ese sentido, COMECE “reconoce la responsabilidad legítima de las autoridades públicas de gestionar la migración, garantizar la integridad de las fronteras y luchar contra la trata de personas”. Pero eso no quita para que la entidad eclesial se manifieste “profundamente preocupada por algunos aspectos del nuevo marco”.

Y es que, se entiende, estos “podrían debilitar la protección efectiva de los derechos fundamentales y la dignidad de las personas vulnerables”. En concreto, “la ampliación de la detención, las limitaciones a los recursos efectivos y las apelaciones, y la creciente externalización de responsabilidades a terceros países plantean graves cuestiones éticas y humanitarias”.

León XIV recibe en Arguineguín, un centro de flores para lanzar al mar en memoria de los migrantes fallecidos. Foto: EFE

Citando los potentes discursos de León XIV en Canarias (en Arguineguín, ‘Las Raíces’ y La Laguna), los obispos europeos apuntan que, en ellos, el Papa “recordó a Europa y al mundo que no podemos permanecer indiferentes ante quienes perecen en el mar, son víctimas de la trata de personas o se ven obligados a huir de la guerra, la violencia, la persecución, el hambre o la degradación medioambiental”.

No son una categoría ni una estadística

Así, “como ha afirmado el Santo Padre, los migrantes no son ‘una categoría ni una estadística’, sino personas que ‘podrían formar parte de nuestra propia familia’. Estas palabras nos interpelan en nuestra conciencia y nos invitan a mirar más allá del miedo y de la conveniencia política”.

Un clamor que pone en el espejo a la UE y la obliga a mirar al espíritu de sus fundadores, marcado por el humanismo cristiano. Al fin y al cabo, estamos ante un proyecto común que “se fundó sobre la convicción de que la dignidad humana es inviolable y que la solidaridad entre los pueblos no es un ideal opcional, sino una responsabilidad fundamental”.

Así, como recalcó Robert Prevost en el archipiélago canario, Europa no puede aceptar sin más que el Mediterráneo y el Atlántico sigan siendo “cementerios silenciosos” para los migrantes que huyen desesperados de contextos en los que carecen de todo futuro.

La seguridad y solidaridad no son principios opuestos

De este modo, el mañana, en sociedades democráticas en la que estén garantizados pilares como “el derecho a solicitar asilo, la protección de la unidad familiar o la atención especial a las personas más vulnerables”, solo puede pasar por una evidencia: que “la seguridad y solidaridad no son principios opuestos; deben avanzar de la mano”.

“La votación atañe a algo más que la política migratoria. Plantea una cuestión más amplia sobre el tipo de Europa que queremos construir”, concluye COMECE. Un discernimiento que debe espolear a Europa a “no renunciar a sus valores fundacionales, sino a reafirmarlos con valentía, sabiduría y humanidad”.

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