El presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, echa mano de del lema del viaje de León XIV a España para abordar los desafíos que presenta hoy la Inteligencia Artificial: “Tenemos que alzar la mirada a largo plazo, pero actuando paso a paso, reconstruyendo juntos ladrillo a ladrillo”. “Cualquier ladrillo es bueno para la construcción de este convento, venga de creyentes o de no creyentes”, apunta sobre la necesidad de abordar esta transformación global de manera comunitaria, no desde iniciativas individualistas.
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El arzobispo de Valladolid fue uno de los ponentes elegidos por la Fundación Pablo VI para presentar hoy la encíclica ‘Magnifica humanistas’, una semana después de su publicación.
Junto a Argüello, participaron Antonio Garamendi, presidente de CEOE; Unai Sordo, secretario general de Comisiones Obreras y Carmen Artigas, ex secretaria de Estado de Digitalización y experta en IA. A través de videoconferencia también se hizo presente Alessandra Smerilli, secretaria ad interim del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. El encuentro estuvo moderado por el director general de la Fundación Pablo VI, Jesús Avezuela. Avezuela subrayó cómo el documento papal sabe maridar “un verdadero compendio de la Doctrina Social” con “interesantes sugerencias” sobre cómo afrontar la cuarta revolución tecnológica.
Católico y moderno
“Una vez más la Iglesia se plantea cómo ser católico y moderno, cómo ser católico en este tiempo, siendo fieles a las grandes intuiciones que surgen en el Evangelio, aplicándolo a las innovaciones actuales”, comentó Argüello, que reivindicó “el enlace entre sociedad e Iglesia, entre trono y altar”.
“Cuando la Iglesia toma conciencia de que es un pueblo entre los pueblos y se plantea cómo dialogar con la sociedad, emerge la Doctrina Social, con la dignidad humana con fundamento de todo, la búsqueda del bien común, el principio de subsidiaridad, la solidaridad, la justicia social y el grito de los pobres”, expuso el arzobispo.
El presidente de los obispos comentó que ‘Magnifica humanistas’ se detiene en “asuntos especialmente gordos como la verdad para que la democracia pueda subsistir”. Argüello criticó al paso, el actual “relativismo moral”. “Así nos va”, dejó caer, criticando el término empoderamiento, apostando a la vez por la palabra promoción. “Me impresiona el capítulo vinculado a las nuevas esclavitudes:”, confesó.
“Hace falta una propuesta ética, donde es decisiva la formación de conciencia”, defendió Argüello, que destacó que solo se puede entender plenamente ‘Magnifica humanitas’ desde su hondura espiritual. Desde ahí, vinculó la IA con la defensa de la dignidad del ser humano, incluyendo la defensa de la vida desde su concepción frente al aborto.
En el marco de este foro, Argüello expuso que en su viaje a nuestro país el Papa se va a hace eco de la encíclica, con una llamada a “romper la dialéctica de los contrarios”. El arzobispo destacó de ‘Magnifica humanitas’ la invitación que lleva a cabo para poner en marcha una alianza educativa: “Hoy emergen nuevos leviatanes en las diversas formas de capitalismos democráticos que pudiera desembocar en un leviatán que dominara a todos los leviatanes”. Frente a ellos, reivindicó “la levadura en la masa” y “hacernos del bando de los empobrecidos”.
Revolución geométrica
Antonio Garamendi admitió que la IA trae consigo “una revolución que avanzará de forma geométrica, no aritmética”, que generará un “nuevo contrato social que defina estos temas”.
El presidente de los empresarios, que se confesó católico, criticó que “en esta revolución no se habla ya de personas, sino de datos”. “Ni la Iglesia ni el Papa condena la tecnología, pero sí nos invita a ver cómo lo gestionamos, es algo fundamental ver cómo aplicamos esto en el mundo laboral”, expuso el presidente de la CEOE. Con estas coordenadas, pidió a los políticos españoles que se pongan manos a la obra para abordar esta cuestión desde el acuerdo y no con cortedad de miras electoralistas.
Espacios de mediación
Unai Sordo aplaudió la encíclica, que definió como “un compendio humanista con un profundo contenido político, no programático, no simplista, poliédrico que baja a lo concreto en cuestiones como el empleo”. “La IA cuestiona el desarrollo cultural y las estructuras sociales, está determinando como se construye el diálogo social, qué es la verdad compartida”. “La encíclica se moja a la hora de hablar de los espacios de mediación democráticas, ahora cuestionados por el actual paradigma del supuesto desorden”, añadió. De la misma manera, destacó que se trata de un escrito “de sumo interés historiográfico, porque es una especie de actualización de los principios que han marcado la Doctrina Social de la Iglesia”.
El líder de Comisiones Obreras apuntó que nos encontramos ante “un reto inédito, porque la IA tiene una potencialidad enorme en la transformación de las actividades, porque cuestiona algunas de las actividades y empleos”. “Sindicalmente el gran desafío es la aplicación en la selección y despidos, la determinación de intensidad del trabajo, la remuneración…”, reflexionó en voz alta. “La encíclica no tecnifica el debate, sino que pone a la persona en el centro”, completó Sordo. En una de sus intervenciones, alertó de las grandes corporaciones que están guiando el desarrollo de la IA con el peligro de una deriva que tachó de “autocrática”.
Necesaria regulación
Para Artigas, la encíclica llega “en el mejor momento” y está “muy bien diseñada porque se ha puesto el debate donde se tenía que poner, con los poderosos”. La especialista, que ha colaborado en los grupos de trabajo vaticanos sobre la IA, considera que el documento es un “espaldarazo a todo el trabajo que se viene haciendo desde hace cinco años”.
“Se hace desde una autoridad moral que el Papa puede tener para católicos y no católicos”, defendió, desde “la responsabilidad que tiene la Iglesia de influenciar a la sociedad”. Con franqueza, Artigas comentó que no se puede pedir a una empresa que sea una ong, pero sí se le puede requerir que actúe desde criterios éticos. Desde ahí, defendió la puesta en marcha de una regularización de todo lo que tiene que ver con la IA a través de pactos de Estado. En este sentido, respaldó la llamada del Papa a “desarmar la IA”, máxime cuando se ha convertido en una herramienta imprescindible en todos los campos, especialmente en las guerras.
