El papa saluda a Matteo Zuppi. Foto: Vatican Media
“La prioridad es el Evangelio, porque de él nace la fe, como un encuentro vivo con Cristo, muerto y resucitado, presente en su Iglesia”. Así se lo ha expresado hoy el papa León XIV a los obispos italianos, al clausurar, en el Aula Nueva del Sínodo, la 82ª Asamblea General de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI), que se ha desarrollado en el Vaticano desde el 25 de mayo.
“Muchos signos nos hablan de cansancio, fragmentación y soledad. En nuestras comunidades, a veces podemos sentir la tensión de transmitir la fe, la dificultad de conectar con las nuevas generaciones. Pero el Evangelio nos sacude. Dios, sembrador incansable, sale al mundo cada día y siembra generosamente en los corazones el deseo de lo infinito, de una vida plena, de una salvación que libera. Sí, gracias a Dios, la cosecha es abundante. Nuestra primera tarea es hacer nuestra la mirada del Señor”, ha comenzado diciendo el Pontífice.
Y ha continuado: “No nos limitemos a quejarnos del terreno endurecido ni a centrarnos únicamente en las estadísticas, sino que seamos capaces de ver, con los ojos del Resucitado, la cosecha que Dios mismo prepara para nosotros”.
Según las palabras de Robert Francis Prevost, “hoy, en el contexto en el que estamos llamados a actuar, enfrentados a otras perspectivas de la vida y a desafíos antropológicos sin precedentes, devolver el Evangelio al centro es el don que da entusiasmo a nuestra vida como obispos y la urgencia que nos impulsa”.
Por lo tanto, “estamos llamados a preguntarnos: ¿qué rostro de Dios permitimos que brille en la predicación, la catequesis, la liturgia, la caridad y la vida de nuestras comunidades? ¿Cómo fomentamos el encuentro con Cristo y qué significa hoy, para nosotros y para nuestras Iglesias, iniciar a otros en la vida cristiana? Estas son preguntas que, como pastores, debemos plantearnos siempre, sin darlas jamás por sentadas”, ha agregado el Papa.
“De ahí -ha continuado León XIV- la renovada atención a la iniciación cristiana, que no puede concebirse simplemente como una preparación para los sacramentos. Se trata de redescubrir el Bautismo como una realidad viva y existencial”.
León XIV, con los obispos italianos. Foto: Vatican Media
Como ha recordado el Pontífice, “la fe se transmite y crece donde existen comunidades vibrantes y acogedoras, capaces de orar y escuchar; comunidades donde la Palabra de Dios no es marginada, sino que ilumina las decisiones; donde la Eucaristía es verdaderamente la fuente y la cumbre; donde los pobres no son receptores externos de servicios, sino hermanos a través de quienes el Señor nos habla; donde los jóvenes son rostros, voces e historias con las que interactuar; donde las familias no son abandonadas y las heridas no se ocultan, sino que se presentan humildemente ante el Señor; donde la fe se convierte en un compromiso efectivo en la sociedad, la política y la cultura”.
Precisamente por eso, “los obispos estamos llamados a una escucha profunda: a escuchar la Palabra de Dios, a escuchar al Pueblo de Dios y, por lo tanto, a escuchar los signos de los tiempos, incluso aquello que desafía nuestra práctica pastoral. Donde la escucha es genuina, la comunidad no se encierra en sí misma, sino que se convierte en un lugar de discernimiento y misión y, para ello, sabe renovarse”, ha explicado Prevost.
En palabras del Papa agustino, “este es el significado del Camino Sinodal que ustedes han culminado y que debe convertirse ahora en un estilo permanente. Una Iglesia sinodal es aquella en la que cada persona, según su propia vocación, puede ofrecer el don recibido del Espíritu para la edificación común. La participación no es una concesión, es un requisito de comunión y misión y, por consiguiente, debe convertirse en un método, una responsabilidad, una prueba, que involucre los diferentes carismas y ministerios y respete el papel específico del obispo”.
Siguiendo con este proceso sinodal nacional, el Pontífice les ha recordado que las estructuras de la CEI están “llamadas a continuar desempeñando su función de comunión, coordinación, discernimiento y apoyo a las Iglesias en Italia. Precisamente por este papel, la organización de la CEI debe configurarse a la luz de las necesidades de la misión y las cambiantes condiciones históricas”.
En este sentido, ha continuado Prevost: “No se trata de imitar modelos organizativos externos, ni de reducirlo todo a la eficiencia administrativa, sino de preguntarse qué estructura ayuda hoy a los pastores y a las iglesias locales a proclamar mejor el Evangelio, a caminar juntos y a posibilitar una participación eficaz, ordenada y fructífera. Cuando se vive en el Espíritu, este examen no debilita la comunión, sino que la purifica”. Así, ha subrayado que “el Señor no nos pide que midamos la fecundidad de la Iglesia según criterios de número, visibilidad o influencia”.
Antes de despedirse, León XIV ha pedido a los obispos italianos “tener el valor de hacer lo esencial: “El valor de comunidades menos preocupadas por conservarlo todo y más libres para proclamar a Cristo. El valor de una catequesis que es un camino de iniciación y formación continua en la vida cristiana. El valor de parroquias acogedoras y misioneras, donde las familias se encuentran y se renuevan con la savia del Evangelio. El valor de organizaciones participativas y dinámicas. El valor de escuchar a los jóvenes sin acallar sus preguntas. El valor de dejarnos evangelizar por los pobres. El valor de una estructura nacional cada vez más al servicio de la comunión misionera de las Iglesias en Italia”.