España

De los relojes a ChatGPT: las Conversaciones PPC debaten cómo la IA está cambiando la forma de vivir

| 21/05/2026 - 18:05

La mesa redonda ‘Inteligencia artificial ¿Inteligencia? ¿Artificial?’ ha abordado los riesgos culturales, educativos y espirituales de la revolución digital





“No se puede entender el paso de la Edad Media al Renacimiento sin la tecnología del reloj y de los mapas. No se puede entender el paso del Renacimiento a la Ilustración sin la tecnología del libro”. Con esta reflexión del teólogo José Laguna arrancó la mesa redonda ‘Inteligencia artificial ¿Inteligencia? ¿Artificial?’, organizada en el marco de las Conversaciones PPC, en la que participaron también el profesor de Filosofía de la Universidad Pontificia Comillas Juan Jesús Gutierro y la especialista en tecnología educativa Gema Fernández.



Lejos de plantear un debate tecnófobo, los ponentes han coincidido en señalar que la inteligencia artificial constituye una revolución cultural de gran alcance que obliga a repensar la condición humana, las relaciones personales, la educación y la experiencia creyente.

En este sentido, Laguna ha distinguido entre las tecnologías entendidas como herramientas y aquellas que terminan configurando un “sistema operativo” que transforma la forma de vivir y comprender la realidad. “La pregunta está en si esto es una herramienta o es un órgano”, ha planteado, haciendo referencia a los dispositivos tecnológicos que ya forman parte de la vida cotidiana. Para el teólogo, el verdadero desafío aparece cuando la lógica digital invade dimensiones esenciales de la existencia humana como “el tiempo, el espacio, el cuerpo y el deseo”.

A su juicio, la cultura digital introduce una dinámica de “todo a la vez y al mismo tiempo” que dificulta la construcción narrativa de la biografía personal. “Los seres humanos construimos nuestras biografías con tiempo narrativo”, ha defendido, advirtiendo de que “lo digital habita un presente absoluto”.

¿Qué significa vivir humanamente?

Desde la antropología filosófica, Gutierro situó el debate en la pregunta de fondo: “¿Qué significa vivir humanamente?”. Frente a una inteligencia artificial capaz de procesar datos y automatizar tareas, reivindicó elementos específicamente humanos como la corporalidad, la libertad y la capacidad de encuentro.

“El ser humano tiene cuerpo”, insistió. “Siempre nos relacionamos a través del cuerpo”. En este sentido, alertó del riesgo de sustituir el encuentro real por meras conexiones digitales. “Creo que es el momento de recuperar los encuentros, ponerle cuerpo, ponerle rostro, ponerle olfato”, afirmó.

El profesor subrayó también que la IA carece de dimensiones profundamente humanas como el arrepentimiento o la experiencia moral: “La IA nunca tiene que decidir, nunca tiene que arriesgarse, nunca tiene que arrepentirse”.

Vivir humanamente en una sociedad tecnológica

Por su parte, Fernández trasladó el debate al ámbito educativo, donde la inteligencia artificial ya forma parte de la vida cotidiana de docentes y alumnos. “El gran reto de la educación es enseñar a los alumnos a vivir humanamente en una sociedad fundamentalmente tecnológica”, ha afirmado.

La experta reconoció las posibilidades de la IA para liberar tiempo de tareas mecánicas y favorecer una atención más personalizada, pero insistió en que no puede sustituir el acompañamiento educativo ni la responsabilidad pedagógica. “La educación no es únicamente transmisión de conocimientos”, ha recordado, sino “escucha”, “guía” y presencia junto a niños y jóvenes.

Mesa redonda de las X Conversaciones PPC. Foto: Vida Nueva

Sin embargo, también ha advertido de los efectos cognitivos y afectivos derivados de un uso abusivo de estas herramientas, ya que “todo lo que no se practica se pierde”, como puede ser la memoria, la escritura o la organización del pensamiento. Del mismo modo, la experta ha advertido acerca de la dependencia emocional que puede surgir hacia sistemas que “lo primero que te dicen es: ‘Te entiendo’”.

Motivos para la esperanza

Finalmente, Laguna ha recordado el enorme impacto material y medioambiental de estas tecnologías, subrayando que detrás de la aparente virtualidad existen infraestructuras físicas y un enorme consumo de recursos. “Cuando una inteligencia consume unos recursos que son para los seres humanos y para los seres vivos, eso se llama pecado”, ha afirmado.

Pero, a pesar de las alertas planteadas, ninguno de los participantes ha defendido una postura de rechazo a la inteligencia artificial. “Yo tengo mucha esperanza en el mundo”, concluyó Laguna. “La IA, si la pones en su sitio… la cuestión es que la esperanza no va a venir ni por el microondas ni por la IA”. Para el teólogo, el futuro seguirá jugándose en aquello que ninguna tecnología puede reemplazar completamente: la narración, el vínculo humano y la búsqueda de sentido.

Noticias relacionadas