La plataforma internacional celebra en Perú un encuentro de profesionales laicos de toda América
Cardenal Castillo Mattasoglio
Estos días, Pax Romana ha celebrado en Lima, la capital de Perú, el Encuentro de Movimientos de Profesionales Católicos de América del Norte, del Sur y el Caribe. Bajo el lema ‘Un nuevo nacimiento para una esperanza viva’, se estableció un espacio de renovación de su misión como comunidad de laicos comprometidos.
En la apertura, los convocados por la plataforma internacional pusieron el énfasis en la mirada “en medio de un mundo en sombras que nos interpela”. Para inaugurar el evento, se contó con la presencia de Carles Torner, presidente de Pax Romana; Alfredo Vizcarra, arzobispo de Trujillo; y el cardenal Carlos Castillo Mattasoglio, arzobispo de Lima.
Todos ellos, desde distintas perspectivas, pusieron el acento en dos cuestiones claves. Por un lado, el contexto de “crisis, desinstitucionalización y deshumanización que viven nuestras sociedades”. Por el otro, incidir en “la necesidad de regenerar el tejido eclesial”, con la finalidad de construir, desde los valores evangélicos, y por el camino sinodal, una sociedad en la que el respeto de la dignidad de las personas esté por encima de intereses particulares.
Así, se estableció una lectura interdisciplinaria y creyente de los signos de los tiempos. Para ello, se llevaron diversas mesas sobre Iglesia, migraciones, cultura de paz, crisis ecológica, desigualdad, ciencia y tecnología, así como una ponencia sobre “sinodalidad como práctica de escucha” y otra sobre “el clamor de los pobres y el seguimiento de Jesús hoy”.
Estas reflexiones orientaron un diagnóstico para el seguimiento de la fe cristiana en nuestra realidad contemporánea, siempre desde la “fidelidad evangélica”, asumiendo “los desafíos de este tiempo desde una identidad cristiana humanista”.
La siguiente jornada se enfocó en el planteamiento de “líneas de acción” desde “la búsqueda de un lenguaje de esperanza” en el caminar de los profesionales laicos. A partir de un espacio para compartir la memoria del legado de Gustavo Gutiérrez en la reflexión y práctica de los miembros del movimiento, se hizo un recuento del “compromiso histórico de la fe”, que se convierte en “fuerza de discernimiento, compromiso y transformación”.
Al culminar la asamblea, se realizó un homenaje como tal a Gustavo Gutiérrez en la Pontificia Universidad Católica del Perú, donde se llevó a cabo un coloquio que buscó honrar “las fuentes espirituales y teológicas” del movimiento, así como “volver a las experiencias de compromiso concretas” vividas y reflexionadas desde “la amistad con los pobres”.
En esta mesa, Carmen Lora, Ana María Bidegain, Pedro Hughes y Félix Grández compartieron, desde su experiencia, de qué manera se acogieron estas reflexiones teológicas en el continente y cómo es posible abrir, a partir de esta memoria histórica, “un nuevo ciclo de compromiso regional e internacional”, aportando así su testimonio desde esta forma de hacer teología hoy.
Coincidiendo el encuentro con el primer aniversario de la elección papal de León XIV, ese 8 de mayo los actos se celebraron en Chiclayo, el enclave peruano en el que Robert Prevost ejerció como obispo antes de ir a Roma. Los presentes buscaron expresar públicamente la voluntad de “seguir caminando juntos con la Iglesia universal” desde la misión del laicado, “llamado a construir cultura de paz, comunión universal y servicio a los pobres”.
De esta manera, este encuentro regional panamericano ha apuntalado una vivencia fe vivida “en clave de esperanza”, con un “testimonio práctico y aterrizado en el acompañamiento y escucha del clamor de los pobres”.