“Durante el último año, el aumento del gasto militar a nivel mundial, y particularmente en Europa, ha sido enorme. No llamemos ‘defensa’ a un rearme que incrementa las tensiones y la inseguridad, reduce las inversiones en educación y sanidad, socava la confianza en la diplomacia y enriquece a élites indiferentes al bien común”. Con esta denuncia bajo el brazo se ha presentado el papa León XIV esta mañana en su visita a la Universidad Sapienza de Roma.
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En el mismo sentido, el Pontífice ha hecho un llamamiento a “supervisar el desarrollo y la aplicación de la inteligencia artificial, tanto en el ámbito militar como en el civil, para que no exima a las decisiones humanas de su responsabilidad y agrave la tragedia de los conflictos”.
“Lo que ocurre en Ucrania, Gaza y los territorios palestinos, Líbano e Irán ilustra la evolución inhumana de la relación entre la guerra y las nuevas tecnologías en una espiral de aniquilación. Que el estudio, la investigación y la inversión se dirijan en la dirección opuesta: ¡que sean un ‘sí’ radical a la vida! ¡Sí a la vida inocente, sí a la vida joven, sí a la vida de los pueblos que claman por paz y justicia!”, ha añadido Robert Francis Prevost.
León XIV visita por primera vez la Sapienza
Poco más de dos horas ha estado el Pontífice en la Sapienza. A las 10:00 salía del Vaticano para ser recibido en la puerta de la capilla universitaria por la rectora, Antonella Polimeni -con quien tendría un breve encuentro privado más tarde-, y el capellán, Gabriele Vecchione.
Tras un momento de oración, Robert Francis Prevost se trasladó hasta el rectorado, donde firmó el libro de honor y se descubrió una placa conmemorativa de la visita.
“¡Nunca más la guerra!”
Con profesores y alumnos se citó en el Aula Magna. Después de la bienvenida de la rectora, León XIV tomó la palabra para retomar un grito ya conocido de sus predecesores: “¡Nunca más la guerra!”. Este “nos impulsa a una alianza espiritual con el sentido de la justicia que reside en el corazón de los jóvenes, con su vocación de no confinarse a ideologías ni fronteras nacionales”, ha aseverado.
Haciendo referencia al descontento juvenil, el Papa se ha preguntado “¿qué clase de mundo estamos dejando atrás?”. “Un mundo tristemente distorsionado por las guerras y la retórica bélica. Se trata de una contaminación de la razón que, desde el plano geopolítico, impregna toda relación social”, ha señalado.
Por consiguiente, “es necesario corregir la simplificación que crea enemigos, especialmente en las universidades, con una atención a la complejidad y un uso sabio de la memoria. En particular, no debemos olvidar la tragedia del siglo XX”, ha continuado.

Alumnos de la Universidad Sapienza de Roma. Foto. Vatican Media
Corredores humanitarios universitarios desde Gaza
Al comienzo de su discurso el Papa ha alabado al centro universitario por su excelencia en distintas disciplinas y, sobre todo, por combinarla con su “compromiso con el derecho a la educación, incluyendo a quienes tienen recursos económicos limitados, personas con discapacidad, presos y personas que han huido de zonas de guerra”.
Un ejemplo de ello lo puso el mismo Pontífice, recordnado el acuerdo firmado entre la Universidad y la Diócesis de Roma para abrir un corredor humanitario universitario desde la Franja de Gaza.
El cambio climático, la otra preocupación de León XIV
Más allá de la guerra, les ha confesado otra de sus preocupaciones: el cambio climático. León XIV ha recordado que hace más de una década, Francisco advirtió del calentamiento global en su encíclica ‘Laudato si”. Sin embargo, “desde entonces y, a pesar de las buenas intenciones y algunos esfuerzos en ese sentido, la situación no parece haber mejorado”, ha lamentado.
En este escenario, “los animo a no ceder a la resignación, sino a transformar su ansiedad en profecía. Los creyentes, en particular, saben que la historia no cae irremediablemente en manos de la muerte, sino que siempre está protegida, pase lo que pase, por un Dios que crea la vida de la nada, que da sin quitar, que comparte sin consumir“, ha dicho el Papa.
Y ha proseguido León XIV: “Hoy, la implosión misma de un paradigma posesivo y consumista abre el camino a la novedad que ya está brotando: ¡estudiar, cultivar y salvaguardar la justicia! Junto conmigo y con tantos hermanos y hermanas, sean artífices de la verdadera paz: una paz desarmante y desarmada, humilde y perseverante, que trabaja por la armonía entre los pueblos y la protección de la Tierra”.
León XIV, al lado de los jóvenes con dificultades
Dirigiéndose directamente a los estudiantes, Prevost ha dicho ser consciente de que seguro que muchos están pasandomomentos difíciles: “Todos experimentamos dificultades; algunos, sin embargo, pueden sentir que nunca terminan. Hoy en día, esto depende cada vez más del chantaje de las expectativas y la presión por rendir“.
“Es la mentira generalizada de un sistema distorsionado -ha proseguido el Papa agustino-, que reduce a las personas a números, exacerbando la competitividad y abandonándonos a espirales de ansiedad“.
De hecho, “este malestar tan profundo que afecta a muchos jóvenes nos recuerda que no somos la suma de lo que poseemos, ni una sustancia ensamblada al azar en un cosmos silencioso. ¡Somos un deseo, no un algoritmo!“, ha subrayado León XIV.
En el ecuador de su discurso, el Pontífice les ha instado a ser ellos mismos, que es “el compromiso fundamental de la vida de todo hombre y mujer”.
El Papa anima a los profesores a creer en sus estudiantes
Luego, León XIV ha cambiado de tercio para dirigirse al profesorado: “Ustedes pueden cultivar un contacto fructífero con las mentes y los corazones de los jóvenes: una responsabilidad exigente, sin duda, pero apasionante. Es fundamental creer en sus estudiantes. Por lo tanto, pregúntenselo a menudo”.
Según ha reconocido el Pontífice, “la docencia es una forma de caridad, al igual que rescatar a un migrante en el mar, a una persona pobre en la calle o a una conciencia atormentada. Se trata de amar siempre la vida humana, de valorar su potencial, para llegar al corazón de los jóvenes, sin depender únicamente de sus conocimientos”.
“La docencia, entonces, se convierte en un testimonio de valores con la propia vida: es cuidar la realidad, es acoger lo que aún no comprendemos, es decir la verdad”, ha advertido el Papa, para luego dejar una pregunta en el aire: “¿Qué sentido tendría formar a un investigador o profesional que no cultive su propia conciencia, un sentido de la justicia y respeto por lo que no se puede ni se debe controlar?”.

