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El carisma sanador de Emiliano Tardiff llega a los cines

| 08/05/2026 - 13:00

  • El postulador de la causa de beatificación del sacerdote canadiense de los Misioneros del Sagrado Corazón (MSC) recuerda al hombre que ha inspirado ‘Día Ocho: El Soplo del Espíritu’, que se estrena hoy en España
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Hay dos claves que marcan la manera de ser de Emiliano Tardif, el hombre que ha inspirado ‘Día Ocho: El Soplo del Espíritu’. La primera fue su familia. Leónidas y Ana, sus padres, vivían una fe profunda. Emiliano fue el octavo de trece hermanos y, el día de su nacimiento, el médico aconsejó a su madre no dar a luz por su frágil salud. Ella respondió: “Más vale morir en gracia que morir en pecado. Prefiero sacrificarme y que nazca el niño”. En ese hogar cristiano, de la mano de su madre, comenzó su experiencia de Dios, marcada por la pobreza, el desprendimiento y la entrega. Él mismo decía que su padre tenía el carisma de la pobreza y afirmaba: “Si hubiéramos sido ricos, no seríamos lo que ahora somos”.



La segunda clave fue su ingreso, a los 13 años, en la Escuela Apostólica de los Misioneros del Sagrado Corazón (MSC). En formación asimiló las tres notas que el Vaticano II señaló para la vida religiosa: carisma, espiritualidad y misión. El carisma MSC le mostró a Jesús como amor cercano, tierno, compasivo, misericordioso, fuerte y constante; la Espiritualidad del Corazón le enseñó a vivir concretamente ese amor; y la misión le abrió el camino para anunciarlo en todas partes. Emiliano comprendió que donde hay una necesidad hay un trabajo para un MSC. Se sentía llamado a ser el corazón de Dios en todo el mundo. Desde ahí quiso dar a conocer a un Jesús vivo, presente en cada ser humano.

Emiliano Tardif, MSC, sacerdote canadiense y predicador de la Renovación Carismática Católica. Foto: Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús (MSC)

Nació en Canadá, profesó como MSC y fue ordenado en 1955. Su primera misión lo llevó a la República Dominicana, al seminario menor, a varias parroquias y como superior provincial. Su tenacidad y su incansable trabajo terminaron provocándole una tuberculosis crónica en ambos pulmones. Regresó muy grave a Canadá buscando una cura, aunque las expectativas eran poco alentadoras.

Curado de tubercolosis

En el hospital, un grupo de carismáticos le pidió permiso para orar por su sanación. Su experiencia previa con ellos en parroquias dominicanas no había sido positiva, por lo que aceptó con cierta resistencia. Sin embargo, mientras oraban, sintió calor en el pecho y comenzó a mejorar días después. Los médicos no encontraban explicación, pero confirmaron que la tuberculosis había desaparecido.

Al volver a la misión, intensificó su vida de oración y fue descubriendo un don especial para predicar a Jesús, que sana a quien se lo pide con fe. Convencido de que esos dones venían de Dios, pidió en 1985 a sus superiores dedicarse plenamente a ese ministerio.

‘Soy el burro de Jesús’

En esta nueva etapa continuó viviendo su vocación misionera como MSC, con más oración y mayor cuidado personal. Siempre disponible, confiaba plenamente en el Señor que ama con amor eterno. Recuerdo una conversación en la que le dije que éramos como burros: no rebuznan mucho, no dan coces, pero cargan grandes fardos para servir a los demás. No me imaginaba que, años después, escribiría un libro titulado ‘Soy el burro de Jesús’.

Fotograma de la película ‘Día Ocho: El Soplo del Espíritu’

Testificó a Jesús vivo y sanador en más de setenta países, escribió libros sobre ‘Su’ poder de sanación, inició obras y servicios evangelizadores como la comunidad ‘Siervos de Cristo vivo’. Su apostolado dentro de la Renovación Carismática tuvo un gran poder de convocatoria. Para este movimiento, su vida es ejemplo de servicio, humildad, entrega al Reino y espíritu misionero, signo de que el Espíritu Santo sigue actuando hoy. Vivió, a veces de modo heroico, el carisma, la espiritualidad y la misión de los Misioneros del Sagrado Corazón.

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