Amelie Theta Mbasi, Janette Kabeya, Marie Pang y Bernadette Matumona conforman una comunidad en Añisok
Solo unos días después de que León XIV se haya marchado de Guinea Ecuatorial, las Carmelitas de la Caridad Vedruna, que llevan desde 1980 en el país, siguen emocionadas.
Las cuatro hermanas que hoy conforman la comunidad en Añisok (dos han profesado votos perpetuos y otras dos se encuentran en etapa de formación) son Amelie Theta Mbasi, Janette Kabeya, Marie Pang y Bernadette Matumona.
En conversación con Vida Nueva, Matumona nos explica que “nos centramos en la misión educativa, contribuyendo a la formación integral y al fortalecimiento de valores humanos en la sociedad”. Concretamente, centrando su atención en “la enseñanza de niños y jóvenes de cuatro años y 18 años”.
A nivel pastoral, “también coordinamos la catequesis de segundo año, el grupo de infancia misionera y otro juvenil, así como las visitas a padres de nuestros alumnos, a ancianos y a pobres y enfermos”.
Una incansable entrega que no ha impedido a las vedrunas vivir la histórica visita papal. Al contrario. Así, como nos relata Matumona, “el 21 de abril, a las diez de la mañana, todas estuvimos en la catedral de Mongomo”.
Lo que fue posible gracias a que fuimos cordialmente acogidas por una familia amiga de la comunidad. El padre, Domingo, había trabajado anteriormente con nosotras en Añisok, manteniendo en todo este tiempo una relación muy cercana. De hecho, su hija continúa colaborando en nuestro colegio”.
Sin duda, para “la Iglesia local”, fue “un momento de especial comunión y fe. La masiva afluencia de fieles puso de manifiesto el entusiasmo y la profunda expectación suscitados por la visita pontificia”.
Y es que “la visita apostólica del Santo Padre a Guinea Ecuatorial ha supuesto un renovado impulso para la nación, al subrayar la urgencia de la reconciliación, el respeto a la diversidad y el compromiso social como motores fundamentales de transformación”.
Una “profunda alegría” y un “júbilo” que ha sido “compartido por todo el pueblo de Dios en Guinea Ecuatorial, que vive con orgullo e intensidad su fe católica”.
Además de que, al visitar en total cuatro países, la presencia de Prevost “ha tenido un significado especial para África, interpretando su primer viaje apostólico en este continente como un signo de esperanza y una reafirmación del papel de África en el presente y futuro de la Iglesia”.
Eso sí, León XIV no solo les ha regalado “una gracia y una bendición”; ni siquiera “la elocuente imagen de una multitud fervorosa”. Yendo más allá, se quedan “la llamada directa que nos ha hecho a la responsabilidad personal y comunitaria”.
Así, “durante sus intervenciones en el suelo guineano, el Santo Padre puso especial énfasis en la dignidad de la persona humana y en la necesidad de un anuncio del Evangelio que trascienda la mera teoría, traduciéndose en un testimonio de vida coherente y en la promoción de una auténtica cultura de paz”.
En definitiva, “como comunidad, reconocemos que esta visita ha tenido la capacidad de transformar nuestras relaciones. La verdadera comunión no implica uniformidad, sino el reconocimiento y la valoración de la diversidad de culturas y pueblos que conforman nuestra sociedad”.
Porque, “solo desde este reconocimiento, es posible avanzar hacia una inclusión real y evitar toda forma de exclusión”.